|
La clonación
Édgard J. González
El proceso evolutivo de los seres vivos trajo consigo la diferenciación
por sexos, por lo que cada nuevo individuo es el resultado de la
unión de dos células iniciales, una proveniente de
la hembra (óvulo) y la otra emanada del macho (espermatozoide).
El código por el cual está unión primigenia
de las células femenina y masculina da lugar, mediante divisiones
y subdivisiones, a un nuevo ser -semejante a sus progenitores- está
en los millones de genes contenidos en los cromosomas que forman
el ADN.
Estas tres letras son una abreviación de ácido desoxirribonucleico,
y constituyen una escalera curva de cromosomas y genes, microscópica,
presente en cualquier célula del organismo. Cada individuo
es único por ser el resultado no sólo de la mezcla
de la carga genética de un determinado hombre y una determinada
mujer, sino porque en cada caso, de los millones de genes aportados
por cada progenitor, algunos van a participar activamente en la
conformación del nuevo ser, mientras que otros permanecen
pasivos, sin intervenir. Por ello, aun siendo hijos de una misma
pareja, los hermanos (excepto en casos de mellizos) van a ser distintos
entre sí, pues en cada uno de ellos es diferente el grupo
de genes que establece los rasgos. Ello explica las diferencias
en el color del pelo, ojos y piel, estatura y conformación
corporal, inteligencia, carácter, y gran parte de las características
de cada miembro de una misma prole, hijos de la misma pareja.
Es difícil de entender, pero a escala microscópica
existen miles de millones de estos códigos de instrucción
en los genes, y a cada grupo de ellos le corresponde una determinada
labor, siendo responsables hasta de las enfermedades o genialidades
que caracterizan a cada individuo. Ello es más evidente a
nivel humano por cuanto el grado de evolución nos ha permitido
manifestarnos en una mayor cantidad de actividades (deportes, música,
tecnología, ciencia, artes plásticas, etc.) en comparación
con el resto de los animales con quienes compartimos el planeta.
La totalidad de los genes del ser humano es llamada genoma, y dentro
de poco los científicos habrán concluido una investigación
de décadas para lograr descifrar el mapa con la ubicación
exacta de cada gen y su específica función. Ello,
en teoría, permitirá no sólo manipular a determinados
genes para impedir que produzcan las enfermedades que cada uno de
ellos tiene codificadas en sus instrucciones desde hace millones
de años, sino que abre la opción de escoger las características
en materia de sexo, estatura, color y tipo de ojos, pelo, piel,
forma del cuerpo y sus diversas partes, en fin, en el futuro mediato
-si la ética lo permite- se podrá diseñar a
cada nuevo individuo, procurando lo mejor para erradicar las enfermedades
y condiciones negativas heredables.
Pero durante la pasada década, el mundo científico
ha dado grandes pasos en el proceso de lograr la reproducción
de un ser vivo animal sin la participación de dos individuos
de distinto sexo. Ya no es indispensable conjugar la célula
de la hembra y la del macho para generar un nuevo ser. Ahora basta
con tomar dos células de un individuo para lograr una copia
idéntica.
Mediante la estimulación de los códigos de reproducción
presentes en el ADN, se ha logrado la multiplicación celular
que conduce a la formación de un individuo, a partir de un
óvulo, sin espermatozoide que lo fecunde. El producto de
este proceso en el que no intervienen los dos sexos, se llama Clon,
y se ha desarrollado a partir de ranas, ratones y ovejas, siendo
las más recientes la famosa Dolly -1996-, y la menos conocida
Polly -1997- producidas por el Instituto Científico Roslin,
en Escocia.
La clonación hasta ahora se ha basado en la utilización
de un óvulo obtenido de un animal donante, al cual se le
extrae su nucleo y se le incorpora material nuevo sustitutivo (nada
qué ver con células del sexo opuesto, los espermatozoides
no intervienen).
El nuevo núcleo se extrae de células de otra parte
del donante que se mantienen en caldo de cultivo hasta garantizar
que son viables, que están en buenas condiciones y en capacidad
de realizar las múltiples divisiones que llevarán
al desarrollo de un ser similar al que le dio origen. El óvulo
con núcleo transferido, se coloca entonces entre dos electrodos
para estimular la fusión de ambos materiales (el óvulo
y su nuevo núcleo) mediante una corriente de 25 voltios,
en un procedimiento similar al de la desfibrilación para
estimular al corazón detenido, aunque ésta se realiza
con mayor voltaje y ello hace saltar el cuerpo del paciente.
Se observan al microscopio las primeras etapas de la división
celular que conducen de una célula inicial a dos, luego a
cuatro, a ocho, a diez y seis, a treinta y dos, a sesenta y cuatro,
y así sucesivamente, hasta que es conveniente "plantar"
ese óvulo en desarrollo embrional en la pared uterina, que
puede ser de otra hembra de la misma especie, hasta que el feto
tenga la suficiente madurez para nacer. El nuevo individuo será
exactamente idéntico al progenitor donante, una especie de
gemelo de su propia madre. Aun falta determinar si al recién
nacido corresponde la edad del tiempo que lleva en gestación
o si al nacer ya lleva en su interior la edad de su progenitora,
si el óvulo que le hizo posible a través de la clonación
ya tenía marcado en su calendario los años vividos
por la donante.
Esto es muy importante para el caso de que puedan permitirse clonaciones
de seres humanos en el futuro mediato, ya que de heredarse la edad,
un bebé clonado de una persona adulta tendría al nacer
una esperanza de vida muy corta.
Aunque se han realizado clonaciones usando sólo donantes
femeninas, el tejido masculino también sirve a los efectos
de suplir el núcleo y reproducir a un nuevo ser, partiendo
de la base de que contiene en su ADN suficientes instrucciones como
para dividirse y subdividirse hasta reproducir a un individuo similar
a aquel cuyo tejido se utilizó, por lo que también
los varones podrían resultar donantes y obtener copias orgánicas
de sí mismos, pero por ahora es imprescindible la utilización
de un óvulo como recipiente del nucleo cuyo ADN va a desarrollarse.
La oveja Dolly es extraordinaria por provenir su nucleo transferido
del tejido de la ubre de la donante, una oveja de seis años,
raza Old Finn Dorset. El óvulo fue implantado en otra oveja
de raza Scottish Blackface, que parió a Dolly 148 días
después.
Antes, se habían usado como donantes células primigenias
de embriones y de fetos, en los cuales hay la natural disposición
a multiplicarse indiscriminadamente hasta alcanzar la etapa en que
a cada grupo de células corresponde una específica
tarea (formar órganos, huesos, músculos, etc.), siendo
entonces células diferenciadas.
En 1995 habían clonado a Megan y Morag, a partir de células
de embriones. En 1996 Dolly se desarrolla mediante el uso de células
diferenciadas (de la ubre) de una oveja adulta.
Con Dolly quedó demostrado que las células adultas
pueden volver a la condición propia de las células
primigenias y realizar el proceso de formación de un individuo
completo, a pesar de haber sido parte de un tejido diferenciado
(en el caso de Dolly se usó un óvulo desnucleado al
cual se introdujo un nuevo núcleo que provino de tejido de
la ubre, ambos de una oveja de seis años de edad).
Polly, fue clonada en 1997, es transgénica, tiene la particularidad
de provenir de donante en estadio fetal y llevar un gen humano que
le permitirá producir en su leche el Factor IX, que es el
agente de coagulación de la sangre ausente en quienes sufren
la Hemofilia B, y este rasgo será heredado por sus descendientes.
También se ha logrado producir lechones cuyos órganos
no generarán rechazo al ser trasplantados a seres humanos
(el cerdo es el animal más compatible con el humano, en virtud
del tamaño de sus órganos). Actualmente el rechazo
a órganos humanos se inhibe mediante la droga ciclosporina,
la cual debe tomarse a diario por parte del paciente trasplantado.
Los órganos de cerdos transgénicos no producirán
rechazo, se les incorporan los genes que producen la señal
química que los anticuerpos reconocen como humana, por lo
que no generan el temible rechazo que conduce al fracaso de los
transplantes.
En noviembre de 1997 Dolly, de la raza Old Finn Dorset, fue apareada
con un ovejo Welsh Mountain Ram, y en abril de 1998 tuvo una ovejita
llamada Bonnie, con lo que se cierra el círculo. Queda demostrado
que los clones pueden obtenerse tanto de células embrionarias
o fetales (indiferenciadas), como de células adultas (diferenciadas),
que pueden reproducirse naturalmente, que no hay esterilidad y que
sus crías son normales.
La clonación abre un horizonte inmenso de posibilidades.
copiando los ejemplares vacunos, porcinos, avícolas, más
productivos. También abre la posibilidad de impedir la extinción
de animales amenazados e incluso ya extintos (Lobo de Tasmania,
mamut, etc.), usando tejidos bien preservados. En el plano humano,
se pudieran erradicar muchas enfermedades codificadas en partes
del genoma, a través del control de los genes que transmiten
esas anomalías. Igualmente, no sólo con cerdos transgénicos
se pueden producir órganos para ser usados por humanos sin
que ocurra el rechazo por parte del sistema inmunológico,
sino que puede llegar la Ciencia a dominar el proceso parcial de
generar órganos totalmente humanos, a partir de clones dirigidos
específicamente a la producción de hígados,
páncreas, corazones, sin necesidad de desarrollar un ser
humano completo.
|
|