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Epistemológicamente
hablando de Córdoba y la Reforma Universitaria
Régulo Cerezo
Miércoles 28 de junio de 2000
Manifiesto de Córdoba
En estos tiempos de palabreos y palabrazos, cualquier cosa se puede
esperar de los diseñadores de tonterías. Casi con
sigilo nos desplazamos entre un mediocre y otro. Antes tenían
la precaución de ocultarse o de no mostrarse mucho. Ahora
se sienten orgullosos de ello y se pavonean, demostrando que no
saben hablar o de que no saben de qué están hablando.
Las universidades y el sistema educativo son responsables de no
haber enseñado procesos de calidad y excelencia de vida a
todos sus miembros. La educación se ha vuelto un proceso
vacío de transmisión de información, sin ninguna
valoración axiológica del proceso y sin el sentido
exploratorio, constructivo y formador de la conciencia y de la sensación
de sí de quienes han participado en esos procesos.
En la Universidad de Córdoba, Argentina se consolidó
un movimiento en 1918, que promovió movimientos universitarios
y ayudó a construir el concepto contemporáneo de la
universidad autónoma. Eso fue «hace 80 años,
un 21 de junio, (cuando) los estudiantes cordobeses culminaban varios
meses de agitación en la tradicional casa de trejo, con un
mensaje de renovación generado en el ámbito universitario,
pero que trascendería sus límites para proyectarse
sobre la Argentina y América como potente convocatoria al
cambio social y cultural».
«El documento fue redactado por Deodoro Roca, líder
estudiantil de enorme influencia sobre sus compañeros...,
llevaba la firma de los miembros de la mesa directiva de la Federación
Universitaria de Córdoba». Este documento maravilloso
y resplandeciente, decía: «Córdoba se redime.
Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos
y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades
que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón
nos lo advierte: estamos pisando sobre una revolución. Estamos
viviendo una hora americana. En adelante sólo podrán
ser maestros en la futura república universitaria los constructores
de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien...».
Han pasado ochenta años y estas palabras resuenan en las
universidades americanas y sentado en un pupitre destartalado de
un aula a media luz, sucia, llena de agua y donde se siente el poco
cariño que todos le ponemos a la UDO, reflexiono acerca de
quién será el responsable de exigirle cumplimiento
de responsabilidades a unos obreros que llegan a las 12 m., van
al comedor y se regresan a su casa. Tienen, no sé con qué
derecho, una beca para cobrarla todas las quincenas. Mientras esto
sucede a los profesores se le envían cartas, planillas, cartas,
para que justifiquen el por qué no se van desde las 8 de
la mañana hasta las 6 de la tarde a hacer tertulias en los
pasillos o a ver en los patios cómo crece el monte.
Ochenta años después: «La juventud estudiantil
argentina recuerda los ochenta años de la rebelión
de Córdoba, en estado de alerta, profundamente preocupada
y dispuesta a defender a la República Universitaria contra
los ataques internos y externos, que buscan debilitar la democracia
universitaria y degradar a nuestras casas de estudio al nivel de
seudoempresas...,al calor de financiamientos originados en créditos
externos condicionados y condicionantes, proliferan los cantos de
sirena de los teóricos y prácticos de una universidad
con criterios mercantiles. Una universidad en la cual conviven élites
profesorales bien remuneradas y masas de docentes temporarios, ad
honorem, o con relaciones laborales precarias, equivalentes a los
contratos basura del capitalismo globalizante. Cuerpos docentes
estratificados para el grado y el postgrado, como grupos compitiendo
entre sí, compitiendo despiadadamente por remuneraciones
en el marco de un presupuesto universitario cada vez más
insuficiente, Una universidad cuyos profesores, en ambos estamentos,
son incentivados como boxeadores o como jugadores de fútbol,
trabajando y cobrando a destajo, según la cantidad de cabezas
de alumnos atendidas, según el número de artículos
publicados o según el importe total de servicios vendidos
en el mercado».
La Federación Universitaria Argentina, lo dice ochenta años
después y la autonomía ha aflojado sus columnas y
se convirtió en espacios indefinidos donde no se construyen
conocimientos sino que se reproducen sistemas usados y desechados
en otros espacios intelectuales y vivimos en la paradoja de estar
en una universidad que no tiene acceso a la sociedad del conocimiento
y donde los estudios contemporáneos llegarán en camello
mientras en otras instituciones están viajando a la velocidad
de la luz. La entropía acecha y cuando sea total no habrá
forma de desplazarla, se comerá al sistema borroso llamado
UDO.
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