El sueño de una noche de verano

Shakespeare, William 2 de 7
Comment: En la mitología griega,
Píramo y Tisbe se amaban contra la
voluntad de sus padres y, tras concertar
una cita secreta, Píramo se suicidó
creyendo que un león había devorado a su
amada.
Para hacerlo bien eso exigirá algún llanto. Si es mi papel, que el público se cuide de sus ojos:
desencadenaré tempestades, lloraré mi dolor. Todo eso. Aunque lo mío es el tirano. Haría un Hércules
espléndido o un papel de bramar y tronar, de estremecerlo todo:
Las rocas rugientes,
los golpes rompientes
destrozan los cierres
de toda prisión.
Y el carro de Febo,
que brilla a lo lejos,
al destino necio
trae la destrucción.
¡Qué sublime! - Llama a los otros cómicos. - Es el tono de Hércules, el tono de un tirano. Un amante es
más doliente.
MEMBRILLO
Flauta el remiendafuelles.
FLAUTA
Presente, Membrillo.
MEMBRILLO
Flauta, tú tienes que hacer de Tisbe.
FLAUTA
¿Quién es Tisbe? ¿Un caballero andante?
MEMBRILLO
Es la amada de Píramo.
FLAUTA
Oye, no. No me deis un papel de mujer: me está saliendo la barba.
MEMBRILLO
No importa. Puedes hacerlo con máscara y hablar con voz fina.
FONDÓN
Si puedo taparme la cara, déjame hacer de Tisbe a mí también. Pondré una voz finísima: «Tizne, Tizne.»
« ¡Ah, Píramo, amado mío! ¡Querida Tisbe, amada mía! »
MEMBRILLO
No, no. Tú haces de Píramo; y tú, de Tisbe, Flauta.
FONDÓN
Bueno, sigue.
MEMBRILLO
Hambrón el sastre.
HAMBRÓN
Presente, Membrillo.
MEMBRILLO
Hambrón, tú tienes que hacer de madre de Tisbe. - Morros el calderero.
MORROS
Presente, Membrillo.
MEMBRILLO
Tú, de padre de Píramo. Yo, de padre de Tisbe. -Ajuste el ebanista. Tú, el papel del león. - Espero que
sea un buen reparto.
AJUSTE
¿Tienes escrito el papel del león? Si lo tienes, haz el favor de dármelo, que yo aprendo despacio.
MEMBRILLO
Puedes improvisarlo: sólo hay que rugir.
FONDÓN
Déjame hacer de león a mí también. Rugiré de tal modo que levantaré el ánimo a cualquiera. Rugiré de
tal modo que el duque dirá: «¡Que vuelva a rugir, que vuelva a rugir!»
MEMBRILLO
Si te pones tan tremendo asustarás a la duquesa y a las damas, y harás que griten. Sólo por eso nos
ahorcarían a todos.
TODOS
A todos, a cada hijo de vecino.
FONDÓN
Amigos, si asustáis de muerte a las damas, seguro que no les quedará más respectiva que ahorcarnos.
Pero yo voy a agraviar la voz y os rugiré más suave que un pichón. Os rugiré como un ruiseñor.
MEMBRILLO
Tú no harás más que de Píramo, que Píramo es bien parecido y tan apuesto como el que más en día de
primavera. Muy guapo y todo un caballero. Así que tienes que hacer de Píramo.
FONDÓN
Bueno, pues me encargo de él. ¿Qué barba es mejor para el papel?
MEMBRILLO
La que tú quieras.
FONDÓN
Actuaré con barba de color paja, con barba cobriza, con barba carmesí o con barba dorada como una corona
de oro francesa.
MEMBRILLO
Algunas coronas francesas ya no tienen pelo, así que tendrás que actuar afeitado. - Bueno, amigos, aquí
tenéis los papeles. Os ruego, suplico y ordeno que os los aprendáis para mañana noche y que os reunáis
conmigo en el bosque de palacio, a una milla de Atenas, a la luz de la luna. Allí ensayaremos, que, si nos
juntamos en la ciudad, la gente nos asediará y sabrá lo que tramamos. Mientras, haré una lista de los
accesorios que requiere la comedia. Os lo ruego, no faltéis.
FONDÓN
Nos reuniremos y podremos ensayar con todo libertinaje y sin temor. ¡Trabajad duro y sin fallos! ¡Adiós!
MEMBRILLO
Nos vemos junto al roble del duque.
FoNDóN
Conforme. El que falte, se la carga.
Salen.
II.i Entra un HADA por una puerta y ROBÍN EL BUENO por la otra.
ROBA
¿Qué hay, espíritu? ¿Dónde te encaminas?
HADA
Por valle y collado,
por soto y brezal,
por parque y cercado,
por fuego y por mar.
Por doquier me muevo presta,
como la luna en su esfera.
A mi Hada Reina sirvo
y en la hierba formo círculos.
Sus guardianas son las prímulas:
sus mantos dorados brillan
de rubíes, don de hadas;
vive en ellos su fragancia.
Traeré gotas de rocío, por prenderlas
en la oreja de estas flores como perlas.
Adiós, espíritu burdo; ya te dejo.
Nuestra reina se aproxima con sus elfos.
ROBÍN
Esta noche el rey aquí tiene fiesta;
procura que no se encuentre a la reina:
Oberón está cegado de ira,
porque ella ha robado a un rey de la India
un hermoso niño que será su paje;
Comment: Probable alusión a la
calvicie causada por la sífilis (el mal
francés).
Comment: Segun la astronomía
tolemaica, cada planeta o cuerpo celeste
giraba alrededor de la Tierra llevado en
una esfera envolvente de la que era
inseparable.
Comment: Se creía que un círculo de
hierba más oscura y espesa en medio de
un prado era obra de las hadas y que éstas
bailaban sobre él.
Comment: Es decir, con sus hadas.
jamás había robado niño semejante.
Oberón, celoso, quiere la criatura
para su cortejo, aquí, en la espesura.
Mas ella a su lindo amado retiene,
lo adorna de flores, lo hace su deleite.
Y ya no se ven en prado o floresta,
junto a clara fuente, bajo las estrellas,
sin armar tal riña que los elfos corren
y en copas de bellotas todos se esconden.
HADA
Si yo no confundo tu forma y aspecto,
tú eres el espíritu bribón y travieso
que llaman Robín. ¿No eres tú, quizá?
¿Tú no asustas a las mozas del lugar,
trasteas molinillos, la leche desnatas,
haces que no saquen manteca en las casas
o que la cerveza no levante espuma,
se pierda el viajero de noche, y te burlas?
A los que te llaman «el trasgo» y «buen duende»
te agrada ayudarles, y ahí tienen suerte.
¿No eres el que digo?
ROBÍN
Muy bien me conoces:
yo soy ese alegre andarín de la noche.
Divierto a Oberón, que ríe de gozo
si burlo a un caballo potente y brioso
relinchando a modo de joven potrilla.
Acecho en el vaso de vieja cuentista
en forma y aspecto de manzana asada;
asomo ante el labio y, por la papada,
cuando va a beber, vierto la cerveza.
Al contar sus cuentos, esta pobre vieja
a veces me toma por un taburete:
le esquivo el trasero, al suelo se viene,
grita «¡Qué culada!», y tose sin fin.
Toda la compaña se echa a reír,
crece el regocijo, estornudan, juran
que un día tan gracioso no han vivido nunca.
Pero aparta, hada: Oberón se acerca.
HADA
Y también mi ama. ¡Ojalá él se fuera!
Entran [OBERÓN] el rey de las hadas, por una puerta, con su séquito, y [TITANIA] la
reina, por la otra, con el suyo.
OBERÓN
Mal hallada aquí, bajo la luna, altiva Titania.
TITANIA
¿Cómo? ¿El celoso Oberón? Corramos, hadas.
He abjurado de su lecho y compañía.
OBERÓN
¡Espera, rebelde! ¿No soy yo tu esposo?
TITANIA
Y yo seré tu esposa. Pero sé
que te has escabullido del País de las Hadas
y, encarnado en Corino, te has pasado el día
Comment: Se creía que las hadas
robaban criaturas.
tocando el flautillo y recitando amores
a la enamorada Fílida. ¿Qué te trae aquí
de los remotos confines de la India
si no es, en verdad, que la esforzada amazona,
tu dama cazadora, tu amada guerrera,
va a casarse con Teseo y tú pretendes
dar al tálamo dichas y venturas?
OBERÓN
¿Y tú cómo te atreves, Titania, a mencionar
mi buen entendimiento con Hipólita
sabiendo que yo sé de tu amor por Teseo?
En la noche estrellada, ¿no le apartaste
de Perigenia, a quien sedujo?
¿No le hiciste ser infiel a la bella Egle,
a Ariadna y a Antíope?
TITANIA
Todo eso son ficciones de los celos.
Desde el principio del verano no nos hemos
encontrado en cerro, valle, prado o bo sque,
junto a fuente pedregosa o arroyo con juncos
o a la orilla arenosa de los mares,
bailando en corro al son del viento, sin que tú
nos perturbes la fiesta con tus quejas,
a tal punto los vientos, silbándonos en vano,
como en venganza sorbieran de la mar
brumas malsanas que, al caer en la tierra,
han hinchado de tal modo los ríos más menudos
que los han desbordado de su cauce.
El buey ha tirado inútilmente del arado,
el labrador ha malgastado su labor
y aún tierno se ha podrido el trigo verde.
En el campo anegado el redil está vacío
y los cuervos se ceban en las reses muertas.
El terreno de los juegos se ha embarrado
y, por falta de uso, los laberínticos senderos
apenas se distinguen invadidos de hierba.
Los mortales añoran los gozos del invierno:
ni cánticos ni himnos bendicen ya la noche.
Tú has hecho que la luna, que rige las mareas,
pálida de furia bañe el aire
causando multitud de fiebres y catarros.
Con esta alteración estamos viendo
cambiar las estaciones: la canosa escarcha
cae sobre la tierna rosa carmesí
y a la helada frente del anciano Invierno
la ciñe, como en broma, una diadema
de fragantes renuevos estivales. Primavera,
verano, fecundo otoño, airado invierno
se cambian el ropaje y, viendo sus efectos,
el aturdido mundo no sabe distinguirlos.
Toda esta progenie de infortunios
viene de nuestra disputa, de nuestra discordia.
Nosotros somos sus autores y su origen.
OBERÓN
Pues ponle remedio. De ti depende.
¿Por qué Titania se opone a su Oberón?
Yo sólo te pido el niño robado
Para hacerlo mi paje.
TTTANIA
No te esfuerces: ni por todo
el País de las Hadas daría el niño.
Su madre me tenía devoción;
en el aire perfumado de la India
conversaba a mi lado muchas noches
y, sentada en la amarilla playa junto a mí,
observaba el navegar de los barcos mercantes.
Reíamos de ver cómo el viento retozón
hinchaba y preñaba las velas. Ella,
encinta de este niño, imitaba
los barcos con su andar grácil y ondulante
y en tierra navegaba por traerme
menudencias y, cual de una travesía,
regresaba junto a mí con rico cargamento.
Mas, siendo una simple mortal, murió en el parto;
por ella estoy criando yo a su hijo
y por ella no pienso separarme de él.
OBERÓN
¿Te quedarás aquí, en el bosque, mucho tiempo?
TITANIA
Quizá hasta después de las bodas de Teseo.
Si te avienes a bailar en nuestro corro
y a ver nuestra fiesta a la luz de la luna, ven.
Si no, rehúyeme, y yo evitaré tu territorio.
OBERÓN
Dame el niño y yo iré contigo.
TITANIA
Ni por todo tu reino. - Vámonos, hadas,
que tendríamos pelea si me quedara.
Salen [TITANIA y su séquito].
OBERÓN
Muy bien, vete. De este bosque no saldrás
hasta que te haya atormentado por tu afrenta. -
Mi buen Robín, acércate. ¿Recuerdas
que una vez, sentado en un promontorio,
oí a una sirena montada en un delfín
entonar tan dulces y armoniosas melodías
que el rudo mar se volvió amable con su canto
y algunas estrellas saltaron locas de su esfera
oyendo a la ninfa de los mares?
ROBÍN
Lo recuerdo.
OBERÓN
Aquella vez yo vi (tú no podías),
volando entre la fría luna y la tierra,
a Cupido todo armado. Apuntó bien
a una hermosa virgen que reinaba en Occidente
y disparó con energía su amoroso dardo
cual si fuera a atravesar cien mil corazones.
Mas yo vi que los castos rayos de la luna
detenían la fogosa flecha de Cupido
y que la regia vestal seguía caminando
con sus puros pensamientos, libre de amores.
Observé en dónde caía el dardo:
cayó sobre una florecilla de Occidente,
antes blanca, ahora púrpura por la herida
del amor. Las muchachas la llaman «suspiro».
Tráeme esa flor: una vez te la enseñé.
Si se aplica su jugo sobre párpados dormidos,
el hombre o la mujer se enamoran locamente
del primer ser vivo al que se encuentran.
Tráeme la flor y vuelve aquí
antes que el leviatán nade una legua.
ROBÍN
Pondré un cinto a la tierra en cuarenta minutos.
[Sale.]
OBERÓN
En cuanto tenga el jugo
esperaré a que Titania esté dormida
para verter el líquido en sus ojos.
Al primer ser vivo que vea cuando despierte,
sea un león, un oso, un lobo, un toro,
el travieso mono, el incansable simio,
lo seguirá con las ansias del amor.
Y antes que yo quite de sus ojos el hechizo
(y puedo quitárselo con otra planta),
haré que me entregue su paje.
Pero, ¿quién viene? Como soy invisible,
voy a escuchar su conversación.
Entra DEMETRIO seguido de HELENA.
DEMETRIO
No te quiero, así que no me sigas.
¿Dónde están Lisandro y la bella Hermia?
A él le mataré; ella me mata a mí.
Me dijiste que se escondieron en el bosque:
pues aquí estoy, delirando en el bosque
porque no encuentro a mi Hermia.
¡Vamos, vete y deja de seguirme!
HELENA
Tú me atraes, imán duro y despiadado!
No es que yo sea hierro: mi alma es fiel
como el acero. Pierde tú el poder de atraer
y yo no tendré poder para seguirte.
DEMETRIO
¿Acaso te incito? ¿Acaso te adulo?
Más bien, ¿no te digo con toda franqueza
que ni te quiero ni podré quererte?
HELENA
Y yo te quiero más por decir eso.
Soy tu perrita: Demetrio, cuanto más
me pegues tú, yo seré más zalamera.
Trátame como a tal: dame golpes, puntapiés;
desatiéndeme, abandóname, mas consiente
que, indigna como soy, pueda seguirte.
¿Qué peor lugar tendría yo en tu afecto
(aun siendo para mí un puesto de honor)
que ser tratada como tú tratas a tu perro?
DEMETRIO
No fuerces tanto el odio de mi alma,
que sólo de verte ya me pongo malo.
HELENA
Y yo me siento mal si no te veo.
DEMETRIO
Tú arriesgas demasiado tu recato
saliendo de Atenas y entregándote
en brazos de quien no puede quererte,
confiando a los azares de la noche
y a la tentación de estas soleda des
el rico tesoro de tu virginidad.
HELENA
Tu virtud es mi garantía, porque
no es de noche si veo tu cara,
y por eso no me siento expuesta a la noche.
Y al bosque no le falta la compañía del mundo,
pues tú eres para mí el mundo entero.
¿Cómo se puede decir que estoy sola
cuando aquí está el mundo entero para verme?
DEMETRIO
Huiré de ti, me esconderé entre las matas
y te dejaré a merced de las fieras.
HELENA
Ni la más cruel tiene tu corazón.
Corre si quieres; se invertirá la historia:
huirá Apolo, y Dafne le dará caza;
la paloma perseguirá al buitre, la gacela
correrá por atrapar al tigre. ¡Vana carrera
cuando huye el valor y persigue el miedo!

Biblioteca Virtual del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
Ayacucho 1962 - Posadas - Misiones - Argentina

www.isparm.edu.ar/BibliotecaVirtual
BibliotecaVirtual@isparm.edu.ar