El sueño de una noche de verano

Shakespeare, William 3 de 7
DEMETRIO
No pienso discutir más. Déjame
o, si me sigues, ten por cierto
que voy a hacerte daño aquí, en el bosque.
HELENA
Sí, daño ya me haces en la iglesia,
en la ciudad, en el campo. ¡Demetrio, por Dios!
Tus agravios deshonran a mi sexo:
no luchamos por amor, como los hombres,
pues son ellos quienes han de hacer la corte.
[Sale DEMETRIO.]
Te seguiré, y de mi infierno haré un cielo
si va a darme muerte quien yo tanto quiero.
Sale.
OBERÓN
Adiós, ninfa. Antes que salga del bosque,
él te seguirá, enfermo de amores.
Entra
ROBíN.
Bienvenido, andarín. ¿Traes la flor?
ROBIIv
Sí, aquí la tengo.
OBERÓN
Te lo ruego, dámela.
Hay una loma en que florece el tomillo,
brotan las violetas y los ciclaminos,
pergolada de fragante madreselva,
de rosales trepadores y mosquetas.
Parte de la noche duerme allí Titania,
arrullada entre las flores tras la danza;
su piel esmaltada deja allí la sierpe,
ropaje que a un hada de sobras envuelve.
Yo con esta esencia le untaré los ojos
y la llenaré de torpes antojos.
Tú llévate un poco; busca en la enramada
a una ateniense que está enamorada
de un joven ingrato: úntale a él los ojos
de forma que vea, primero de todo,
a la propia dama. Podrás conocerle
porque va vestido con ropa ateniense.
Hazlo con cuidado, de modo que esté
más loco por ella que ella por él.
Ven a verme antes de que cante el gallo.
ROBÍN
Tu siervo lo hará. No tema mi amo.
Salen.
II.ii Entra TITANIA, reina de las hadas, con su séquito.
TITANIA
Vamos, bailad en corro y cantad.
Después, por unos segundos, partid:
unas, a matar larvas en los capullos de rosas;
otras, a quitar a los murciélagos el cuero
de sus alas para hacerles capas a mis elfos;
y otras, a alejar al búho que, de noche,
ulula de asombro ante nuestra finura.
Arrulladme; después, a trabajar mientras duermo.
Cantan las HADAS.
[HADA l.a]
Ni sierpes de lengua doble,
ni un erizo se ha de ver.
Salamandras y luciones,
a mi reina no dañéis.
[CORO]
Acompaña, ruiseñor,
nuestra nana con tu son.
Nana, nana, nananá; nana, nana, nananá.
Nunca mal,
ni hechizo habrá
que amenace a nuestra dama.
Buenas noches con la nana.
HADA l.a
Tejedora araña, ¡lejos!
¡Vete, zanquilarga, atrás!
¡Fuera, escarabajo negro!
Y, babosas, no hagáis mal.
[CORO]
Acompaña, ruiseñor, etc.
Se duerme TITANIA.
HADA 2.a
Todo bien. Vámonos ya. ¡Que una monte guardia allá!
[Salen las HADAS.]
Entra OBERÓN [y aplica el jugo a los párpados de TITANIA].
OBERÓN
A quien veas al despertar
por tu amado tomarás;
por él de amor penarás.
Sea oso, lince o gato,
rudo jabalí o leopardo,
lo que despertando veas
será tu amor. Tú despierta
cuando algo feo esté cerca.
[Sale.]
Entran LISANDRO y HERMIA.
LISANDRO
Amor, de andar por el bosque desfalleces
y, en verdad, a mí el camino se me olvida.
Hermia, más nos vale descansar si quieres
y esperar a reanimarnos con el día.
HERMIA
Muy bien. Tú búscate un lecho, buen Lisandro;
yo sobre esta orilla buscaré descanso.
LISANDRO
Que el césped nos sirva de almohada a los dos:
haya un lecho, un juramento, un corazón.
HERMIA
No, mi buen Lisandro. Por mi amor, intenta
descansar más lejos, no acostarte cerca.
LISANDRO
¡Amor mío, mi intención es inocente!
Cuando hablan amantes, el amor entiende.
Lo que digo es que mi pecho se une al tuyo
de tal modo que entre ambos hacen uno.
Si dos corazones se juran amor,
después ya no queda más que un corazón.
Conque no me impidas que duerma a tu lado,
pues con este enredo no te habré enredado.
HERMIA
Mi Lisandro sutiliza con encanto.
¡Pierda yo mi dignidad y mis modales
si he pensado que pretendes enredarme!
Pero, amigo, por amor y cortesía
acuéstate lejos, si el decoro estimas;
el alejamiento que se recomienda
a un soltero honesto y a una doncella:
a esta distancia. Muy bien, que descanses
y que, mientras vivas, tu amor jamás cambie.
LISANDRO
Así sea, te digo: has rezado bien.
Que cese mi vida cuando no sea fiel.
Mi lecho está aquí; sea tu alivio el sueño.
HERMIA
A medias contigo se cumpla el deseo.
Se duermen.
Entra -ROBÍN.
ROBÍN
Todo el bosque he recorrido,
pero al de Atenas no he visto
en cuyos ojos se encienda
el amor que da esta esencia.
Noche y silencio. ¿Quién duerme?
Viste con ropa ateniense.
Éste es quien dijo Oberón
que despreciaba a su amor.
Y aquí está ella, durmiendo
en el sucio y frío suelo.
Pobrecilla, no se ha echado
junto al cruel desamorado.
Ruin, a tus ojos aplico
las virtudes de este hechizo.
Que el amor, cuando despiertes,
los párpados no te cierre.
Despierta cuando no esté,
pues a Oberón debo ver.
Sale.
Entran DEMETRIO y HELENA, corriendo.
HELENA
Detente ya, aunque me mates, buen Demetrio.
DEMETRIO
Aléjate, no me acoses, te lo ordeno.
HELENA
¿Es que piensas dejarme en la oscuridad?
DEMETRIO
Me voy solo. Quédate o lo sufrirás.
Sale.
HELENA
Me roba el aliento esta caza loca;
menor es la gracia cuanto más imploras.
Dondequiera esté, bien dichosa es Hermia,
pues tiene unos ojos que atraen y embelesan.
¿Cómo es que así brillan? No será su llanto,
que entonces mis ojos más se han inundado.
No es eso: es que soy más fea que un oso,
pues, cuando veo animales, me huyen todos;
conque no debe extrañarme que Demetrio
me rehúya cual si yo fuera un engendro.
¿Qué espejo falaz y siniestro pretende
medirme con Hermia y sus ojos celestes?
Mas, ¿quién hay aquí? ¿Es Lisandro el que yace?
¿Duerme o está muerto? No veo que haya sangre.
Si vives, despierta, Lisandro, señor.
LISANDRO [despertándose]
Y andaré por fuego en pos de tu amor.
Transparente Helena, la sabia natura
me deja que vea el corazón que ocultas.
¿Dónde está Demetrio? ¡Ah, qué bien le cuadra
el vil nombre a quien matará mi espada!
HELENA
No digas eso, Lisandro, no lo digas.
¿Qué más da que ame a Hermia? ¿Qué más daría?
Pero Hermia te quiere. Vive, pues, en paz.
LISANDRO
¿En paz yo con Hermia? No, pues hice mal
malgastando en ella minutos de más.
Hermia, no: Helena es la que amo ahora.
¿Quién no cambiaría cuervo por paloma?
La razón gobierna nuestra voluntad;
la razón me dice que tú vales más.
Todo cuanto crece madura en sazón;
yo hasta hoy no estaba maduro en razón.
Y ahora, en la cima del discernimiento,
la razón dirige todos mis deseos
y me lleva a tus ojos, precio sos libros,
donde leo historias que el amor ha escrito.
HELENA
¿Nací yo para sufrir la burla cruel?
¿Qué habré hecho que merezca tu desdén?
¿No es bastante, jovencito, no es bastante
no haber merecido la mirada amable
del buen Demetrio, ni poder merecerla,
sin que tú te mofes de mis deficiencias?
Eres muy injusto, de veras lo eres,
cortejándome de un modo tan hiriente.
Mas queda con Dios. De verdad confieso
que te había tenido por más caballero.
¡Ah, que la mujer que un hombre rechaza
deba ser también por otro insultada!
Sale.
LSANDRO
No ha visto a Hermia. - Hernia, duerme tú ahí
y ojalá ya nunca te acerques a mí.
Pues, igual que un exceso de golosinas
las hace enojosas y hasta repulsivas,
o, cual las herejías que se abandonan,
que quien ha creído en ellas más las odia,
a ti, mi herejía y mi dulce exceso,
todos te aborrezcan y yo más que ellos.
Ahora consagro mi amor y energías
a ser caballero de Helena y servirla.
Sale.
HERMIA [despertándose]
¡Socorro, Lisandro! ¡Ven a defenderme
y quítame de mi pecho esta serpiente!
¡Ay de mí, piedad! - ¡Ah, qué terrible sueño!
Lisandro, mira cómo tiemblo de miedo.
El corazón una sierpe me comía,
mientras tú despreocupado sonreías.
¡Lisandro! ¿Se ha ido? ¡Lisandro, amigo!
¿No estás? ¿No me oyes? ¿Ni una voz, ni un ruido?
¡Ay! ¿Dónde estás? Si es que me oyes, di algo;
por amor, habla. Del miedo me desmayo.
¿No? ¿Nada? Entonces, si aquí ya no estás,
a ti o a la muerte tengo que encontrar.
Sale.
III.i Entran los cómicos [FONDÓN, MEMBRILLO, MORROS, HAMBRóN, AJUSTE y FLAUTA].
FONDÓN
¿Estamos todos?
MEMBRILLO
Y a la hora. Este sitio es formidable para ensayar. El césped será la escena; esta mata de espino, el
vestuario, y actuaremos igual que después ante el duque.
FONDÓN
¡Membrillo!
MEMBRILLO
¿Qué quiere mi gran Fondón?
FONDÓN
En esta comedia de Píramo y Tisbe hay cosas que no gustarán. Primera, Píramo desenvaina y se mata: las
damas no pueden soportarlo. ¿Qué me dices?
MORROS
Diantre, es para temerlo.
HAMBRóN
Al final tendremos que quitar las muertes.
FONDÓN
Nada de eso: con mi idea quedará bien. Escribid un prólogo en el que se diga que no haremos daño con
las espadas y que Píramo no muere de verdad; y, para más seguridad, decidles que yo, Píramo, no soy
Píramo, que soy Fondón el tejedor. Esto los tranquilizará.
MEMBRILLO
Bien, escribiremos el prólogo, y en versos de ocho y seis sílabas.
FONDÓN
No, añádeles dos: en versos de ocho y ocho.
MORROS
¿Y el león no asustará a las damas?
HAMBRÓN
Me lo temo, os lo aseguro.
FONDÓN
Señores, tenéis que pensarlo bien. Meter un león entre damas (¡Dios nos libre!) es cosa de espanto, pues
no hay pájaro salvaje más terrible que el león. Habría que llevar cuidado.
MORROS
Pues, nada: otro prólogo diciendo que no es un león.
FONDÓN
Sí, y dando el nombre del actor, y que se le vea media cara por el cuello del león, y que hable él mismo,
diciendo esto o algo de su parecencia: «Damas...», o «Bellas damas, desearía...», o «Yo os rogaría...», o
«Yo os suplicaría que no temáis, que no tembléis: mi vida por la vuestra. Si creéis que vengo aquí como
león, no merezco vivir. No, no soy tal cosa: soy un hombre como otro cualquiera.» Y entonces que diga
su nombre, y les diga claramente que es Ajuste el ebanista.
MEMBRILLO
Muy bien, se hará. Quedan dos dificultades: una es meter la luz de la luna en el salón. Ya sabéis que
Píramo y Tisbe se encuentran a la luz de la luna.
MORROS
¿Habrá luna la noche de la función?
FONDÓN
¡Un calendario, un calendario! Míralo en el almanaque. Mira cuándo hay luna, cuándo hay luna.
MEMBRILLO
Sí, esa noche hay luna.
FoNDóN
Entonces se puede dejar abierta una hoja de la ventana del salón donde actuaremos, y la luz de la luna
podrá entrar por la ventana.
MEMBRILLO
Eso o, si no, que entre alguno con un manojo de espinos y una lámpara diciendo que viene a empersonar
o representar la luz de la luna. La otra cosa que necesitamos es un muro en el salón, pues, según la
historia, Píramo y Tisbe se hablaron por la grieta de un muro.
MORROS
Un muro no se puede meter. ¿Tú qué dices, Fondón?
FONDÓN
Pues que alguien tendrá que hacer de muro. Que venga con yeso, argamasa o revoque para indicar que es
un muro. O que ponga los dedos así y por este hueco pueden musitar Píramo y Tisbe .
MEMBRILLO
Si puede hacerse, todo irá bien. Vamos, todo hijo de vecino a sentarse y ensayar su papel. Píramo, tú
empiezas. Al acabar tu recitado, te metes en ese matorral. Y así los demás, según os toque.
Entra ROBÍN [invisible].
ROBÍN
¿Qué están voceando estos rústicos de estopa aquí, junto a la cuna de nuestra Hada Reina? ¡Cómo!
¿Alguna comedia? Seré espectador; y tal vez actor, si se presenta el caso.
MEMBRILLO
Habla, Píramo. Tisbe, acércate.
FONDÓN
«Tisbe, encierran las flores sabor ojeroso.»
MEMBRILLO
¡Oloroso!
FONDÓN
sabor oloroso.
Igual es tu aliento, mi Tisbe querida.
Mas, oye. ¡Una voz! Aguarda un instante,
que Píramo vuelve contigo en seguida.»
Sale.
ROBÍN
Comment: Según la leyenda, en la luna
hay un hombre que lleva un manojo de
espinos y una lámpara y que a veces va
acompañado por su perro.
Comment: Es decir, por el hueco en
forma de uve que queda abriendo los
dedos índice y medio.
Píramo más raro jamás se vería.
[Sale.]
FLAUTA
¿Me toca a mí ahora?
MEMBRILLO,
Sí, sí, claro. Date cuenta que él ha salido a ver qué era ese ruido, y tiene que volver.
FLAUTA
«Ah, Píramo radiante, del color de los lirios,
de tez cual rosas rojas en triunfante rosal,
juvenil, rozagante, el más bello judío,
caballo fiel que nunca se podría fatigar.
Píramo, nos veremos en la tumba del niño.»
MEMBRILLO
¡Tumba «de Nino», tú! Pero eso no lo digas todavía: es tu respuesta a Píramo. Tú recitas tu papel de un
tirón, con réplicas y todo. ¡Píramo, entra! Se te ha pasado el pie, que es: «se podría fatigar».
FLAUTA
¡Ah! - «Caballo fiel que nunca se podría fatigar.»
Entran [ROBÍN y] FONDÓN con cabeza de asno.
FONDÓN
«Si fuera hermoso, hermosa Tisbe, tuyo sería.»
MEMBRILLO
¡Portentoso! ¡Pasmoso! ¡Nos han embrujado! ¡Amigos, huid, amigos! ¡Socorro!
Salen todos los cómicos.
ROBÍN
Voy a seguiros. Os haré dar rodeos
por ciénaga, mata, espino y chaparro.
Caballo unas veces, otras seré perro,
oso sin cabeza, cerdo y fuego fatuo
que relinche, ladre, ruja, gruña y arda
cual caballo, perro, oso, cerdo y llama.
Sale.
[Entra FONDÓN.]
FONDÓN
¿Por qué huyen? Esto es una maña para meterme miedo.
Entra MORROS.
MORROS
¡Fondón, te han cambiado! ¿Qué veo sobre tus hombros?
FONDÓN
¿Que qué ves? Pues tu cara de burro, ¿a que sí?
[Sale MORROS.]
Entra MEMBRILLO.
MEMBRILLO
¡Dios te valga, Fondón! ¡Te han transformado!
Sale.
FONDÓN
Ahora veo la maña. Me quieren volver un burro, asustarme, si es que pueden. Yo de aquí no me muevo, por
más que lo intenten. Pasearé de acá para allá, y cantaré para que vean que no tengo miedo:
[Canta] El mirlo de negro color
y azafranado pico,
el tordo con su justo son,
del reyezuelo el trino.
TITANIA [despertándose]
¿Qué ángel me despierta de mi lecho de flores?
FONDÓN [canta]
Jilguero, alondra y pardal,
la llana voz del cuco,
que todos suelen escuchar,
mas responder, nin guno.
¡Claro! ¿Para qué medir tu seso con un pájaro tan tonto? ¿Quién va a desmentir a un pájaro, por más que
grite «cu-cú»?
TITANIA
Te lo ruego, buen mortal, canta otra vez;
tu canto enamora mis oídos.
A mis ojos los ha cautivado tu figura,
el poder de t u excelencia me ha inflamado
y te juro que con verte ya te amo.

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