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B.F. SKINNER
1. LAS CAUSAS DEL COMPORTAMIENTO
En "Sobre el conductismo"
¿Por qué la gente se comporta de la forma como lo
hace? Probablemente ésta fue primero una pregunta práctica:
¿cómo podría una persona anticipar y, por tanto,
prepararse para lo que otra persona iba a hacer? Luego se tornaría
práctica en otro sentido: ¿cómo se podría
inducir a una persona a comportarse de una cierta manera? Eventualmente
se convirtió en el problema de entender y explicar el comportamiento.
Siempre se la podría reducir a una pregunta acerca de las
causas.
Tenemos tendencia a decir, y a menudo temerariamente, que si una
cosa sigue a otra, probablemente ésta cause a aquélla,
siguiendo el antiguo principio de que post hoc ergo propter hoc
("Después de esto, por lo tanto, a causa de esto").
Entre los muchos ejemplos que se pueden encontrar en la explicación
del comportamiento humano, uno es de especial importancia aquí.
La persona con quien estamos más familiarizados somos nosotros
mismos; muchas de las cosas que observamos inmediatamente antes
de comportarnos ocurren en el interior de nuestro cuerpo, y es fácil
que las tomemos como causa de nuestro comportamiento. Si se nos
pregunta por qué hemos hablado hostilmente a un amigo, podemos
responder "porque sentí ira". Es verdad que sentimos
ira antes o mientras hablamos, y así tomamos nuestra ira
como causa de nuestra conversación hostil. Cuando se nos
pregunta por qué no tomamos la cena, podemos decir "porque
no tengo hambre". Con frecuencia sentimos hambre cuando comemos
y, por tanto, concluimos que comemos porque sentimos hambre.
Cuando se nos pregunta por qué vamos a nadar, podemos responder:
"Porque me siento con deseos de nadar". Parece que dijésemos:
"Antes, cuando me sentí de esta manera, me comporté
de tal y tal modo". Los sentimientos se producen justamente
en el momento preciso para servir como causas del comportamiento,
y durante siglos se les ha mencionado como tales. Nosotros suponemos
que las otras personas sienten como sentimos nosotros cuando se
comportan como nosotros nos comportamos.
Pero ¿dónde están esos sentimientos y estados
de la mente? ¿De qué están hechos? La respuesta
tradicional es la de que están localizados en un mundo de
dimensiones que no son físicas llamado mente, y que son mentales.
Pero entonces surge otra respuesta: ¿cómo puede un
hecho mental causar o ser causado por un hecho físico? Si
queremos predecir lo que hará una persona, ¿cómo
podemos descubrir las causa mentales de su comportamiento, y cómo
podemos producir los sentimientos y estados de la mente que la inducirán
a comportarse de una manera determinada? Por ejemplo, supongamos
que queremos hacer que un niño ingiera un alimento nutritivo
pero no muy sabroso. Simplemente, nos aseguramos de que no haya
otro alimento disponible, y él, eventualmente, lo comerá.
Parece que al privarle de alimento (un hecho físico) hemos
conseguido que tenga hambre (un hecho mental), y que, por haber
tenido hambre, ha ingerido el alimento nutritivo (un hecho físico).
¿Pero cómo condujo el acto físico de la privación
a la sensación de hambre, y cómo movió la sensación
a los músculos implicados en la ingestión? Existen
muchas otras preguntas inquietantes de ese tipo. ¿Qué
hay que hacer con ellas?
La práctica más común, creo yo, es no tenerlas
en cuenta. Es posible creer que el comportamiento expresa sentimientos,
anticipar lo que una persona hará adivinándolo o preguntándole
cómo se siente, y cambiar el ambiente con la esperanza de
cambiar los sentimientos, mientras se presta poca o ninguna atención
a los problemas teóricos. Quienes no se sienten muy cómodos
con esta estrategia se refugian en la filosofía. Se dice
que, eventualmente, se encontrará una base física
para la mente. Como dijo recientemente un neurólogo "hoy
todos aceptan el hecho de que el cerebro proporciona una base física
para el pensamiento humano". Freud creía que a su complicadísimo
aparato mental se le encontraría una naturaleza fisiológica,
y los primeros psicólogos introspectivos llamaban a su disciplina
Psicología Fisiológica. La teoría del conocimiento
denominada Fisicalismo afirma que, cuando hacemos introspección
o tenemos sentimientos, observamos estados o actividades de nuestros
cerebros. Pero las principales dificultades son de carácter
práctico: no podemos anticipar lo que hará una persona
mirando directamente sus sentimientos o su sistema nervioso, ni
podemos cambiar su comportamiento cambiando su mente o su cerebro.
En cualquier caso, no parece que estemos peor si ignoramos los problemas
filosóficos.
Conductismo metodológico
Es posible evitar el problema mentalista si se va directamente a
las causas físicas primeras, evitando los sentimientos y
estados de la mente intermedios. La manera más rápida
de hacer eso es reduciéndose a lo que uno de los primeros
conductistas, Max Meyer, denominaba "psicología del
otro": considérese solamente aquellos hechos que se
pueden observar en el comportamiento de una persona en relación
con su historia ambiental previa. Si todos los vínculos son
válidos, nada se pierde al descuidar los supuestos vínculos
que no son físicos. Así, si sabemos que un niño
no ha comido durante un período largo, y si sabemos que,
por tanto, siente hambre, y que, por sentir hambre come, entonces
sabemos que si no ha comido durante un período largo, comerá.
Y si al impedirle el acceso a otro tipo de alimento, hacemos que
sienta hambre, y si, por tener hambre, ha de ingerir un alimento
especial, entonces se sigue que, al impedirle el acceso a otro alimento,
le induciremos a ingerir el alimento especial.
De igual manera, si ciertos modos de enseñar a una persona
la conducen a notar diferencias muy pequeñas en sus "sensaciones",
y si al notar estas diferencias puede clasificar correctamente los
objetos coloreados, entonces se sigue que podemos utilizar estas
maneras de enseñarle para clasificar correctamente los objetos.
O, para poner otro ejemplo, si las circunstancias de la historia
de una persona blanca generan en ella sentimientos de agresión
hacia los negros, y si estos sentimientos le hacen comportarse agresivamente,
entonces simplemente podemos manejar la relación entre las
circunstancias de su historia y su comportamiento agresivo.
Desde luego que no hay nada nuevo en tratar de predecir o controlar
el comportamiento observando o manipulando los acontecimientos previos.
Los estructuralistas y desarrollistas no han ignorado del todo las
historias de sus sujetos, y los historiadores y biógrafos
han explorado la influencia del clima, la cultura, las personas
y los incidentes. La gente ha utilizado técnicas prácticas
de predicción y control del comportamiento con poca preocupación
por los estados mentales. Sin embargo, durante muchos siglos hubo
pocas investigaciones sobre el papel del ambiente físico,
aunque se hayan escrito cientos de volúmenes altamente técnicos
sobre la comprensión humana y la vida de la mente. Solamente
se hizo plausible un programa de conductismo metodológico
cuando empezó a progresarse en la observación científica
del comportamiento, porque sólo entonces fue posible superar
el poderoso efecto del mentalismo que apartaba a la investigación
de estudiar el papel que desempeña el ambiente.
Las explicaciones mentalistas claman la curiosidad y llevan la indagación
al inmovilismo. Es tan fácil observar los sentimientos y
estados de la mente en un momento y en un lugar tales que los hacen
aparecer con causas, que no nos inclinamos a averiguar más.
Sin embargo, una vez que empieza a ser estudiado el ambiente, su
importancia es innegable.
El conductismo metodológico podría ser concebido como
una versión psicológica del positivismo lógico
o del operacionismo, pero éstos se interesan en asuntos diferentes.
El positivismo lógico u operacionismo sostiene que, puesto
que no hay dos observadores que puedan estar de acuerdo sobre lo
que sucede en el mundo de la mente, entonces, los hechos mentales
son "inobservables"; no puede haber verdad por consenso,
y debemos abandonar el examen de los hechos mentales y, en cambio,
dirigir nuestra atención hacia como se los estudia. No podemos
medir las sensaciones y las percepciones como tales, pero podemos
medir la capacidad de una persona para discriminar entre estímulos,
y el concepto de sensación o percepción se puede reducir
a la operación de discriminación.
Los positivistas lógicos tenían su versión
del "otro". Afirmaban que el robot que se comportara exactamente
como una persona, respondiendo a los estímulos de la misma
manera, cambiando su comportamiento como resultado de las mismas
operaciones, no sería distinguible de la persona real, aunque
no tuviera sentimientos, sensaciones o ideas. Si se pudiese construir
semejante robot, demostraríamos que ninguna de las supuestas
manifestaciones de la vida mental exigen una manifestación
mentalista.
El conductismo metodológico tuvo éxito con relación
a sus propias metas. Desechó muchos de los problemas originados
por el mentalismo y se liberó para trabajar en sus propios
proyectos sin disquisiciones filosóficas. Al dirigir la atención
hacia los antecedentes genéticos y ambientales, evitó
concentrarse injustificadamente en la vida interna. Nos liberó
para estudiar el comportamiento de las especies inferiores en donde
ya no era posible la introspección (que entonces se consideraba
como exclusivamente humana) y para explorar las semejanzas y diferencias
entre el hombre y las otras especies. Formuló de manera diferente
algunos conceptos anteriores asociados con hechos privados.
Pero los problemas continuaron. Muchos conductistas metodológicos
aceptaron la existencia de hechos mentales, aunque los dejaron fuera
de consideración. ¿Quisieron decir, en realidad, que
nos les interesaban; que la etapa intermedia de la triple secuencia
físico-mental-fisico no aportaba nada; en otras palabras,
que los sentimientos y estados de la mente eran simples epifenómenos?
No sería la primera vez que alguien lo dijera. El punto de
vista de que un mundo puramente físico podría ser
autosuficiente ya se había sugerido siglos antes de la doctrina
del paralelismo psicofísico, que sostenía la existencia
de dos mundos -uno de la mente y otro de la materia-, y que ninguno
de los dos tenía efecto alguno sobre el otro. La demostración
de Freud del inconsciente, en la cual un darse cuenta de los sentimientos
o estados de la mente parecía innecesaria, apuntaba en la
misma dirección.
¿Pero qué decir de otras evidencias? ¿Es completamente
errado el tradicional argumento post hoc ergo propter hoc ? Los
sentimientos que experimentamos inmediatamente antes de comportarnos
¿están completamente desligados de nuestro comportamiento?
¿Qué sucede con el poder de la mente sobre la materia
en la medicina psicosomática? ¿Qué decir de
la psicología y de la relación matemática entre
las magnitudes de los estímulos y las sensaciones? ¿Qué
pensar sobre el flujo de la conciencia? ¿Qué sobre
los procesos intrapsíquicos de la psiquiatría, en
los cuales los sentimientos producen o suprimen otros sentimientos
y los recuerdos evocan u ocultan otros recuerdos? ¿Qué
sucede con los procesos cognoscitivos de los cuales se dice que
explican la percepción, el pensamiento, la construcción
de frases y la creación artística? ¿Se debe
ignorar todo esto porque no se le puede estudiar objetivamente?
Conductismo radical
La afirmación de que los conductistas niegan la existencia
de sentimientos, sensaciones, ideas u otros rasgos e la vida mental
necesita mucha aclaración. El conductismo metodológico
y algunas versiones del positivismo lógico pusieron a los
hechos privados fuera de juego porque no podría haber acuerdo
público en torno a su validez. No era posible aceptar a la
introspección como práctica científica y, de
acuerdo con eso, se atacó la psicología de personas
tales como Wilhelm Wundt y Edward B. Titchener. Sin embargo, el
conductismo radical siguió una línea diferente. No
niega la posibilidad de la auto-observación el auto-conocimiento,
o su posible utilidad, pero cuestiona la naturaleza de lo que se
siente o se observa y, por tanto, se conoce. Restablece la introspección,
pero no lo que filósofos y psicólogos introspectivos
habían creído estar "presenciando", y surge
entonces la pregunta de hasta dónde se puede observar de
hecho.
El mentalismo desvió la atención de los hechos antecedentes
externos que podrían haber explicado el comportamiento, y
pareció ofrecer una explicación alternativa. El conocimiento
metodológico hizo exactamente lo contrario; al interesarse
exclusivamente por los hechos antecedentes externos apartó
la atención de la auto-observación y el auto-conocimiento.
El conductismo radical restablece una especie de equilibrio. No
insiste en la verdad por consenso, y, por consiguiente, tiene en
consideración los hechos que se dan en el mundo privado dentro
de la piel. No denomina inobservables a estos hechos, y no los desecha
por subjetivos. Simplemente cuestiona la naturaleza del objeto observado
y la confiabilidad de las observaciones.
La posición se puede establecer de esa manera: lo que se
siente o se observa introspectivamente no es un mundo de naturaleza
no-física de la conciencia, la mente o la vida mental, sino
el propio cuerpo del observador. Esto no quiere decir, como lo indicaré
más adelante, que la introspección sea una clase de
investigación psicológica, ni tampoco (y aquí
está el núcleo del argumento) que lo que se sienta
o lo que se observe introspectivamente sea la causa del comportamiento.
Un organismo se comporta de la manera como lo hace por su estructura
actual, pero buena parte de ésta está fuera del alcance
de la introspección. Por el momento debemos contentarnos,
como insiste el conductista metodológico, con las historias
genética y ambiental de la persona. Lo que se observa introspectivamente
son ciertos productos colaterales de estas historias.
El ambiente hizo su primera gran contribución durante la
evolución de las especies, pero ejerce un tipo diferente
de efecto durante la vida del individuo, y la combinación
de ambos efectos es el comportamiento que observamos en cualquier
momento dado. Cualquier información disponible acerca de
una de esas contribuciones ayuda en la predicción y el control
del comportamiento humano y en su interpretación en la vida
diaria. En la medida en que se pueda cambiar una de ellas, se puede
cambiar el comportamiento.
Nuestro conocimiento creciente del control ejercido por el ambiente
hace posible examinar el efecto del mundo de dentro de la piel y
la naturaleza del auto-conocimiento. También hace posible
la interpretación de una amplia gama de expresiones mentalistas.
Por ejemplo, podemos mirar los rasgos de comportamiento que han
llevado a la gente a hablar de un acto de voluntad, un sentimiento
del propósito, de experiencia como distinta de realidad,
de ideas innatas o adquiridas, de memorias, de sentido, y del conocimiento
personal del científico, y de cientos de otras cosas o acontecimientos
mentalistas. algunos se pueden "traducir por comportamientos";
otros se pueden descartar por innecesarios o inútiles.
De esta manera reparamos el mayor daño producido por el mentalismo.
Cuando lo que una persona hace se atribuye a lo que sucede dentro
de ella, se pone punto final a la investigación. ¿Para
qué explicar la explicación? Durante veinticinco siglos,
la gente se ha preocupado por los sentimientos y la vida mental,
pero sólo recientemente se ha mostrado algún interés
por un análisis preciso del papel del ambiente. La ignorancia
de este papel ha conducido, en primer lugar, a ficciones mentales
y se ha perpetuado por la práctica explicativa a la que da
lugar.
Preparación para ambientes nuevos
1. CONDICIONAMIENTO
RESPONDIENTE
Las condiciones de supervivencia no pueden producir un comportamiento
útil si el ambiente cambia substancialmente de generación
en generación, pero han evolucionado ciertos mecanismos en
virtud de los cuales el individuo adquiere durante su vida el comportamiento
adecuado al nuevo ambiente. El reflejo condicionado es un ejemplo
relativamente sencillo. Ciertos reflejos cardíacos sirven
para el ejercicio fuerte, como el que se da al huir de un depredador
y al luchar contra él; y presumiblemente hay una ventaja
si el corazón responde antes de que empiece la huida o la
lucha; pero los depredadores varían en su apariencia, y sólo
a través del condicionamiento respon-diente a una apariencia
particular se puede provocar el comportamiento cardíaco apropiado
con anterioridad a la huida a la lucha.
Un reflejo condicionado, como algo que posee una persona, no tiene
más fuerza explicativa que un reflejo incondicionado o innato
El corazón de alguien que corre no empieza a palpitar fuerte
y rápido inmediatamente antes de un combate por el reflejo
cardíaco condicionado: el reflejo, simplemente, es una manera
de identificar el hecho de que empiece a palpitar aceleradamente.
El que corre ha experimentado ciertos cambios cuando a las situaciones
que existían al empezar el combate ha seguido un ejercicio
fuerte y, como organismo que ha cambiado, se comporta de manera
diferente. Simplemente, es conveniente identificar el cambio como
la "adquisición de un reflejo condicionado". Lo
mismo que señalamos las contingencias de supervivencia para
explicar el reflejo incondicionado, podemos señalar las "contingencias
de refuerzo" para explicar un reflejo condicionado. Desde luego
que los fenómenos reflejos, condicionados e incondicionados,
se han conocido durante siglos, pero sólo recientemente se
han investigado las contingencias de supervivencia y las contingencias
de refuerzo.
Suplementos internos. El reflejo condicionado es un principio simple,
de alcance limitado, que describe ciertos hechos sencillos, pero
para explicarlo se han inventado muchos estados y actividades internas
comparables a la fuerza impulsora de los instintos. Se dice que
el corazón del que corre palpita aceleradamente antes de
que empiece la contienda porque él "asocia" la
situación con el ejercicio que sigue. Pero es el ambiente,
no quien corre, el que "asocia" los dos rasgos en el sentido
etimológico de vincularlos o unirlos. El que corre, tampoco
"establece una conexión" entre las dos cosas, la
conexión tiene lugar en el mundo externo. También
se dice que las respuestas condicionadas ocurren como "anticipación"
a las consecuencias habituales, o en "espera" de ellas,
y que el "estimulo condicionado funciona como "signo",
"señal" o "símbolo". Más
tarde volveré a tratar sobre estas expresiones.
Preparación para ambientes nuevos
2. CONDICIONAMIENTO
OPERANTE
El condicionamiento operante es un proceso muy diferente, a través
del cual la persona maneja de manera eficiente el ambiente nuevo.
Muchas cosas que forman parte del ambiente, tales como el alimento,
el agua, el contacto sexual y el escape del peligro, son importantes
para la supervivencia del individuo y de la especie, y cualquier
comportamiento que las produzca tiene consiguientemente un valor
de supervivencia. A través del proceso de condicionamiento
operante, el comportamiento que tiene esta clase de consecuencia
llega a tener mayor probabilidad de ocurrencia. Se dice que el comportamiento
se fortalece por sus consecuencias, y pro esa razón a las
mismas consecuencias se las llama "reforzadores". Así,
pues, cuando un organismo hambriento exhibe un comportamiento que
produce alimento, las consecuencias refuerzan el comportamiento
y, por tanto, éste tiene mayor probabilidad de volver a ocurrir.
El comportamiento que reduce una condición potencialmente
dañina, tal como una temperatura extrema, se ve reforzado
por la consecuencia y, por tanto, tiende a volver a ocurrir en condiciones
similares. Ese proceso y sus efectos han dado lugar a una amplia
gama de conceptos mentalistas, muchos de los cuales se examinarán
en los capítulos siguientes.
La distinción típica entre el comportamiento operante
y el reflejo es la de que uno es voluntario y el otro es involuntario.
Se tiene la sensación de que el comportamiento operante está
bajo el control de la persona que se comporta, y tradicionalmente
se le ha atribuido a un acto de voluntad. Por otra parte, el comportamiento
reflejo no está bajo un control comparable, e incluso se
le ha atribuido a poderes invasores, tales como los espíritus
posesivos. En un tiempo, el estornudo, el hipo y otros actos reflejos
se atribuían al demonio, de quien defendemos al amigo que
ha estornudado diciendo "salud" (Montaigne decía
que se santiguaba siempre que bostezaba). Cuando no se supone la
existencia de ningún invasor, el comportamiento, simplemente,
se denomina automático.
4. Comportamiento operante
El proceso del condicionamiento operante descrito en el capítulo
anterior es bastante sencillo. Cuando una unidad de comportamiento
tiene la clase de consecuencias denominada reforzante, tiene mayor
probabilidad de ocurrir de nuevo. Un reforzador positivo fortalece
cualquier comportamiento que lo produzca. Un vaso con agua es positivamente
reforzante cuando tenemos sed, y si entonces llenamos un vaso con
agua y lo bebemos, tenemos mayor probabilidad de hacerlo de nuevo
en condiciones similares. Un reforzador negativo fortalece cualquier
comportamiento que lo reduzca o le ponga fin: cuando nos quitamos
un zapato que nos aprieta, la reducción de la presión
es negativamente reforzante, y tenemos mayor probabilidad de hacerlo
de nuevo cuando nos apriete un zapato.
Este proceso complementa la selección natural. Las consecuencias
importantes del comportamiento que no pudieran desempeñar
un papel en la evolución por no ser rasgos del ambiente suficientemente
estables, se hacen efectivas a través del condicionamiento
operante durante la vida del individuo, cuyo poder para manejar
su mundo se incrementa ampliamente.
Los sentimientos de los refuerzos
El hecho de que el condicionamiento operante, como todos los procedimientos
fisiológicos, sea un producto de la selección natural,
arroja luz sobre la pregunta de qué clases de consecuencias
son reforzantes y por qué. Corrientemente se dice que una
cosa es reforzante porque se siente, se ve, huele o sabe bien, pero,
desde el punto de vista de la teoría evolucionista, la susceptibilidad
de refuerzo se debe a su valor de supervivencia y no a ningún
sentimiento asociado.
Esto puede aclararse haciendo referencia a los reforzadores que
desempeñan un papel en el condicionamiento de los reflejos.
Ciertos estímulos químicos en contacto con la lengua
provocan salivación (de la misma forma que otros estímulos
provocan secreciones en etapas posteriores de la digestión)
porque su efecto ha contribuido a la supervivencia de la especie.
Una persona puede decir que una sustancia tiene buen sabor, pero
esa sustancia no provoca salivación porque tenga buen sabor.
De igual manera, retiramos nuestra mano de un objeto caliente, pero
no porque el objeto se sienta como doloroso. El comportamiento ocurre
porque en el curso de la evolución se han seleccionado los
mecanismo apropiados. Los sentimientos, simplemente, son productos
colaterales de las condiciones responsables del comportamiento.
Lo mismo se puede decir de los reforzadores operantes. La sal y
el azúcar son cosas necesarias, y los individuos que tuvieron
una probabilidad especial de encontrarse reforzados por ellas han
aprendido y recordado más efectivamente dónde y cómo
obtenerlas y, por tanto, han tenido mayor probabilidad de sobrevivir
y transmitir esta sensibilidad a la especie. Con frecuencia se ha
mencionado que la competición por un compañero sexual
tiende a seleccionar a los miembros más hábiles y
potentes de una especie, pero también selecciona a los más
susceptibles al refuerzo sexual. Como resultado, la especie humana,
lo mismo que otras especies, se refuerza poderosamente con el azúcar,
la sal y el contacto sexual. Esto es muy diferente de decir que
estas cosas refuercen porque tengan buen sabor o se sienten como
agradables.
Durante siglos, los sentimientos han predominado en la discusión
de los premios y castigos. Una razón para ello es que las
condiciones a las cuales nos referimos cuando decimos que un sabor,
un olor, un sonido, una pintura o una obra musical son deliciosos,
agradables o bellos forman parte de la situación inmediata,
mientras que el efecto que puedan tener en el cambio de nuestro
comportamiento es mucho menos prominente y con mucha menos probabilidad
de "verse", porque el ambiente verbal no puede establecer
buenas contingencias. Según la filosofía hedonista,
las personas actúan para alcanzar placer y escapar o evitar
el dolor, y los efectos a los cuales hace alusión la famosa
Ley del Efecto de Edward L. Thorndike eran sentimientos tales como
"satisfactorio" o "molesto". El verbo "gustar"
es sinónimo de "complacerse con"; decimos "Si
usted gusta" y "Si le complace" de un manera más
o menos intercambiable.
Algunos de estos términos se refieren a otros efectos de
los reforzadores -por ejemplo, satisfactorio se relaciona con la
saciedad-, pero la mayoría se refieren a los estados corporales
generados por los reforzadores. Algunas veces se puede descubrir
lo que refuerza a una persona simplemente preguntándole qué
le gusta o cuáles son sus sentimientos sobre algo. Lo que
aprendemos sí, es similar a lo que aprendemos probando el
efecto de un reforzador: la persona habla de lo que le ha reforzado
en el pasado o de lo que "le atrae". Pero esto no significa
que sus sentimientos tengan eficacia causal; su respuesta expresa
un efecto colateral.
Las expresiones "Me gusta Brahms", "Amo a Brahms",
"Disfruto con Brahms" y "Brahms me complace"
fácilmente se pueden entender como referidas a sentimientos,
pero se las puede considerar como afirmaciones de que la música
de Brahms es reforzante. La persona cuyas expresiones son verdaderas
escuchará la radio en lugar de apagarla cuando suena música
de Brahms, oirá discos de Brahms e irá a ciertos en
que se interprete a Brahms. Estas expresiones tienen antónimos
("Me disgusta Brahms", "Odio a Brahms", "Detesto
a Brahms" y "Brahms me aburre"), y la persona para
quien Brahms es así de aversivo actuará para escapar
o evitar oírle. Estas expresiones no se refieren a casos
de refuerzo, sino a una susceptibilidad general o a su carencia.
Se necesita examinar cuidadosamente la alusión de lo que
se siente. Los sentimientos son especialmente plausibles cuando
la experiencia se dirige a una persona viva. La afirmación
"amo a mi esposa" parece ser un informe de sentimientos,
pero también implica una probabilidad de acción. Estamos
dispuestos a hacerle a la persona que amamos las cosas que le gustan,
o que le agrada que le hayan hecho. No estamos dispuestos a hacer
a una persona a quien no amamos (especialmente a la persona a quien
odiamos) las cosas que le gustan o que le agrada que le hayan hecho;
por el contrario, estamos dispuestos a hacer las cosas que le desagradan
o aborrece que le hayan hecho. Entonces, respecto de las personas
con quienes interactuamos, "amar" es comportarse de maneras
que tienen ciertas clases de efectos, posiblemente con condiciones
concomitantes que se pueden sentir.
Estímulos aversivos y castigo
Los estímulos aversivos, que generan gran cantidad de condiciones
corporales sentidas u observadas introspectiva-mente, son estímulos
que funcionan como reforzadores cuando se les reduce o se les extingue.
Cuando se les relaciona de otras maneras con el comportamiento,
tienen diferentes efectos. En el condicionamiento respondiente,
si a un estímulo previamente neutro, como el sonido de una
campana, lo sigue después de un intervalo un estímulo
nocivo, como una descarga eléctrica, el sonido de la campana
llega a provocar, primordialmente en el sistema nervioso autónomo,
reacciones que se sienten como ansiedad. El sonido de la campana
se ha convertido en un estímulo aversivo condicionado, que
puede entonces tener el efecto de cambiar la probabilidad de cualquier
comportamiento positivamente reforzado que se está dando.
Así, la persona entregada a una conversación animada
puede empezar a hablar con menos energía o en forma más
errática, o puede dejar de hablar en el momento en que se
acerca alguien que la ha tratado de manera aversiva. Por otra parte,
su comportamiento negativamente reforzado, puede intensificarse
y actuar más compulsivamente, o actuar agresivamente, o escapar.
Su comportamiento no cambia porque se sienta ansiosa, cambia por
las contingencias aversivas que generan la condición sentida
como ansiedad. El cambio en los sentimientos y el cambio en el comportamiento
tienen una causa común.
El castigo se confunde fácilmente con el refuerzo negativo,
a veces llamado "control aversivo". Se usan los mismos
estímulos, y el refuerzo negativo podría ser definido
como castigo por no comportarse, pero el castigo se destina a remover
comportamientos de un repertorio, mientras que el refuerzo negativo
genera comportamientos.
Las contingencias de castigo son exactamente lo contrario del refuerzo.
Cuando una persona golpea a un niño o le amenaza con golpearlo
porque se ha portado mal, está presentando un reforzador
negativo en lugar de estar retirándolo, y cuando un gobierno
multa a un infractor o lo encierra en prisión, está
retirando un reforzador a una situación en la cual se puede
reforzar un comportamiento, en lugar de presentarle un refuerzo
negativo. Si el efecto fuera simplemente el inverso del efecto del
refuerzo, fácilmente se podrían explicar muchos comportamientos;
pero cuando el comportamiento se castiga, se condicionan en el patrón
respondiente varios estímulos generados por el comportamiento
o por la situación, y entonces el comportamiento castigado
resulta desplazado por un comportamiento incompatible condicionado
como el escape o la evitación. La persona castigada sigue
"inclinada" a comportarse de manera castigable, pero evita
el castigo haciendo otras cosas; o posiblemente negándose
con terquedad a hacer algo.
Lo que sienta una persona cuando está en una situación
en la cual se la ha castigado, o cuando emite un comportamiento
previamente castigado, depende del tipo de castigo, y éste
con frecuencia depende, a su vez, del agente o la institución
que castiga. Si ha recibido el castigo de sus coetáneos,
se dice que siente vergüenza; si lo recibe de una entidad religiosa,
se dice que tiene un sentimiento de pecado; y si lo recibe de un
agente gubernamental, se dice que se siente culpable. Si actúa
para evitar más castigos, puede atenuar la condición
que siente como vergüenza, pecado o culpa, pero no actúa
a causa de sus sentimientos o debido a que sus sentimientos hayan
sido cambiados; actúa a causa de las contingencias punitivas
a las cuales ha estado expuesto.
La condición que se siente como vergüenza, culpa o sentido
de pecado, no se debe simplemente a la aparición anterior
de un estímulo aversivo. Una tormenta puede dar ocasión
a la condición sentida como ansiedad, y durante la tormenta
el comportamiento positivamente reforzado puede debilitarse, y el
reforzado negativamente (por ejemplo, fugarse o esconderse) puede
fortalecerse, pero esta condición no se siente como culpa.
Sobre este punto se ha dicho que "una persona no puede sentirse
culpable si no tiene impulsos dirigidos a un objeto, acerca de los
cuales sienta culpa". Más exactamente, sólo se
siente culpable cuando se comporta o tiende a comportarse de manera
punible.
Un escritor que dice "Cuanto más leo acerca de los hombres
de principios y mediados de la época victoriana, más
considero a la ansiedad y la preocupación como pautas directrices
para entenderlos", sugiere una explicación del comportamiento
en términos de sentimientos generados por circunstancias
punitivas, donde los sentimientos se infieren con base en el comportamiento
que se va a explicar mediante los mismos sentimientos. No dice tener
ninguna información directa sobre los sentimientos, y tal
vez se refiere a lo que las personas de la época hacían
y decían, pero la ansiedad y la preocupación solamente
serán pautas útiles si, a su vez, se pueden explicar.
El escritor trata de hacer esto cuando continúa diciendo:
"ellos trataban de unir opuestos incompatibles, y se angustiaban
porque no lo lograban... se preocupaban por la inmortalidad, por
el sexo, por la política y por el dinero". Estas eran
las circunstancias externas responsables de su comportamiento y
de las condiciones sentidas como preocupación.
La frecuencia, severidad, y el programa del castigo generan otros
aspectos del comportamiento atribuidos frecuentemente a los sentimientos
o a los rasgos del carácter. En muchos casos familiares,
el comportamiento tiene consecuencias tanto punitivas como reforzantes.
Si el comportamiento sigue ocurriendo, pero de una manera debilitada,
puede decirse que muestra inhibición, timidez, turbación,
temor o cautela. Se dice que el castigo excesivo hace más
importante la escasez de refuerzo positivo y deja a la persona "más
vulnerable a la depresión severa y al deseo de rendirse".
Nosotros manejamos lo que se siente cambiando las contingencias
y no cambiando los sentimientos -por ejemplo, provocando el comportamiento
sin castigarlo-, de manera que los estímulos aversivos condicionados
puedan extinguirse.
Se dice que el comportamiento que es fuerte a pesar de las consecuencias
punitivas muestra valentía, coraje, o simplemente audacia.
Nosotros no atribuimos coraje a una persona haciéndola sentirse
más valerosa, sino enfatizando las consecuencias reforzantes
y minimizando las punitivas. Un loco no se lanza a una situación
peligros porque se sienta temerario, sino porque las consecuencia
reforzantes han compensado completamente a las punitivas y podemos
trata de corregir su comportamiento aportando otros castigos (posiblemente
verbales).
Cuando el castigo es muy severo, el conocimiento de sí mismo
que discutimos en el capítulo 2 puede vese afectado. Los
comportamientos suprimidos pueden incluir el comportamiento basado
en el conocimiento de las condiciones corporales asociadas. El resultado
es lo que Freud llamaba "represión". Sin embargo,
para Freud, el proceso implicaba sentimientos en lugar de comportamientos
y se producía en las profundidades de la mente. Unos sentimientos
reprimían a otros, y había un censor que los guardaba
y del cual en ocasiones se escapaban de maneras indirectas. Sin
embargo, podían seguir siendo preocupantes, y se decía
que el hombre "seguía perseguido por sus anhelos reprimidos".
Más adelante trataré algunos aspectos comportamentales
de esto.
5. Percibir
Tal vez el problema más difícil con que se haya enfrentado
el conductismo haya sido el tratamiento del contenido de la conciencia.
¿Acaso no estamos todos nosotros familiarizados con colores,
sonidos, gustos y olores que no tienen contrapartida en el mundo
físico? ¿Cuál es su lugar en la explicación
conductista? Yo creo que la respuesta se encuentra en el papel especial
que se asigna a los estímulos en el análisis operante.
Requiere cierta cantidad de detalles técnicos y lo trataré
con alguna profundidad.
¿Perceptor o receptor?
Según el punto de vista tradicional, la persona responde
al mundo que la rodea en el sentido de actuar sobre él. Etimológicamente,
tener experiencias del mundo es probarlo, y percibir es captarlo
-tomarlo y poseerlo-. Para los griegos, conocer era tener intimidad
con algo. Desde luego, la persona no podía captar y poseer
el mundo real, pero podía hacer copias de él, y éstas
eran los llamados datos con los cuales, en sustitución de
la realidad, trabajaba. Podía almacenarlos en su memoria
y luego recuperarlos y actuar sobre ellos, más o menos como
podría haberlo hecho cuando se le dieron por primera vez.
El punto de vista opuesto -común, creo yo, a todas las versiones
del conductismo- es que el ambiente es el que toma la iniciativa,
y no el individuo que percibe. El reflejo fue un ejemplo muy claro,
y el estímulo-respuesta del conductismo se acomodó
al mismo patrón, como lo hicieron la teoría de la
información y algunos modelos de las computadoras. Parte
del ambiente penetraba en el cuerpo; allí se transformaba,
quizá se almacenaba y, eventualmente, surgía como
respuesta. Curiosamente, esto sólo se distinguía del
cuadro mentalista en lo referente al iniciador de la acción.
En ambas teorías, el ambiente penetraba en el cuerpo: en
la visión mentalista, el perceptor lo introducía;
en la visión de estímulo-respuesta, el ambiente se
abría camino. Las dos formulaciones se podrían combinar
así: "Una imagen del mundo exterior que impresiona la
retina del ojo, activa un proceso muy complicado que produce la
visión: la transformación de la imagen retiniana en
una percepción". Ambas formulaciones dirigían
la atención hacia la representación interna de la
realidad en sus diversas transformaciones. Hay una pregunta básica
que se podría formular de esta manera: ¿Qué
acontece con el estímulo?
En el análisis operante y en el conductismo radical construido
sobre él, el ambiente permanece donde está y donde
ha estado siempre, fuera del cuerpo.
El control de estímulos
del comportamiento operante
El ambiente afecta a un organismo antes, lo mismo que después,
de que éste se comporte. Al estímulo y a la respuesta
agregamos la consecuencia, y ésta no es solamente el tercer
término de una secuencia. La ocasión en la cual ocurre
el comportamiento, el comportamiento mismo y sus consecuencias,
se interrelacionan en las contingencias de refuerzo que ya hemos
examinado. Como resultado del lugar que ocupa en estas contingencias,
un estímulo que está presente cuando se refuerza una
respuesta adquiere cierto control sobre la respuesta. En este caso,
no desencadena respuesta como en el reflejo; simplemente, hace más
probable que ésta ocurra de nuevo, y puede hacerlo en combinación
con otras condiciones que afectan la probabilidad, tales como las
que se discutieron en el capítulo anterior. Existe mucha
probabilidad de que la respuesta que se refuerza en una ocasión
dada ocurra también en una ocasión muy similar, pero,
debido al proceso denominado generalización, puede aparecer
en ocasiones que solamente comparten algunas de sus propiedades.
Sin embargo, si se la refuerza solo cuando está presente
una propiedad particular, tal propiedad adquiere un control exclusivo
a través del proceso llamado discriminación.
El papel del estímulo da al comportamiento operante un carácter
especial. El comportamiento no está dominado por el contexto
actual, como era el caso en la psicología del estímulo-respuesta;
no está "atado al estímulo". Sin embargo,
la historia ambiental aún ejerce control; la dotación
genética de la especie, además de las contingencias
a las cuales se ha encontrado expuesto el individuo, también
determinan lo que él percibirá.
6. Comportamiento verbal
Relativamente tarde en su historia, la especie humana experimentó
un cambio notable: su musculatura vocal quedó bajo el control
operante. Lo mismo que otras especies emitía gritos de alerta,
sonidos de amenaza y otras respuestas innatas, pero el comportamiento
vocal operante marcó una gran diferencia porque amplió
el alcance de su ambiente social. Nacía el lenguaje, y con
él muchas características importantes del comportamiento
humano para las cuales se han inventado innumerables explicaciones
mentalistas.
Un buen ejemplo es la diferencia entre "lenguaje" y "comportamiento
verbal". El lenguaje tiene el carácter de cosa, algo
que la persona adquiere y posee. Los psicólogos hablan de
la "adquisición del lenguaje" en el niño.
Se dice que las palabras y frases de las cuales se compone el lenguaje
son instrumentos utilizados para expresar significados, pensamientos,
ideas, proposiciones, emociones, necesidades deseos y muchas otras
cosas que están en la mente del que habla. Un punto de vista
mucho más productivo es considerar que el comportamiento
verbal es comportamiento. Sólo tiene un carácter especial
porque lo refuerzan sus efectos sobre las personas (inicialmente,
otras personas, pero más adelante la misma persona que habla).
Como resultado, está libre de las relaciones espaciales,
temporales y mecánicas que se dan entre el comportamiento
operante y las consecuencias sociales. Cuando abrir una puerta sea
reforzante, la persona puede hacer girar la llave en la cerradura
y empujar o tirar de una manera dada; pero si, en cambio, dice "Abra
la puerta, por favor", y alguien que le escucha responde apropiadamente,
entonces se sigue la misma consecuencia reforzante. Las contingencias
son diferentes y originan muchas diferencias importantes en un comportamiento
que durante mucho tiempo se ha oscurecido con explicaciones mentalistas.
La forma como una persona habla depende de las prácticas
de la comunidad verbal a la cual pertenece. Un repertorio verbal
puede ser rudimentario o puede manifestar una topografía
desarrollada bajo muchas clases de control de estímulos.
Las contingencias que lo moldean pueden ser indulgentes (como cuando
los padres responden a las aproximaciones rudimentarias que presentan
sus hijos a las formas usuales), o exigentes (como en la enseñanza
de la dicción). Las diferentes comunidades verbales moldean
y mantienen diferentes lenguajes en la misma persona que habla,
la cual posee entonces diferentes repertorios que tienen diferentes
personas que le escuchan. Las respuestas verbales se clasifican
como solicitudes, exigencias, permisos, etc., según las razones
por las cuales responde quien las escucha, razones que a menudo
se atribuyen a las intenciones o al ánimo de quien habla.
El hecho de que la energía de una respuesta no sea proporcional
a la magnitud del resultado, ha contribuido a la creencia en la
magia verbal (el "Presto chango" del mago que convierte
un pañuelo en un conejo). En ausencia de una audiencia apropiada
aparecen respuestas vigorosas, como demostró Ricardo III
cuando exclamó "Un caballo, un caballo, mi reino por
un caballo", aunque nadie había allí que le oyera.
Fuera de una audiencia pertinente ocasional, el comportamiento verbal
no requiere apoyo ambiental. Necesitamos una bicicleta para montar
en bicicleta, pero no para decir "bicicleta". Como resultado,
el comportamiento verbal puede ocurrir casi en cualquier ocasión.
Una consecuencia importante de esto es que, para muchas personas,
decir "bicicleta" en silencio es más fácil
que "montar en bicicleta en silencio". Otra consecuencia
importante: la persona que habla se convierte también en
persona que escucha, y puede reforzar abundantemente su propio comportamiento.
Significado y referencia
Aunque está estrechamente asociado con el comportamiento
verbal, el término "significado" se ha empleado
para hacer algunas de las distinciones ya mencionadas. Quienes han
confundido el conductismo con el estructuralismo, con su énfasis
en la forma o la topografía, se han quejado de que el conductismo
ignora el significado. Lo importante, dicen, no es lo que la persona
hace, sino lo que para ella significa su comportamiento. Su comportamiento
tiene una propiedad más profunda que no carece de relación
con el propósito, la intención o la expectativa que
discutimos en el capítulo 4. Pero el significado de una respuesta
no está en su topografía o en su forma (el error es
del estructuralista, no del conductista), sino que se encuentra
en su historia antecedente. También se acusa al conductista
de describir el contexto ambiental en términos físicos
y de pasar por alto lo que éste significa para la persona
que responde, pero también aquí el significado no
está en el contexto actual, sino en una historia de exposición
a las contingencias en las cuales han tomado parte contextos similares.
En otras palabras, no es apropiado considerar el significado como
propiedad de una respuesta o situación, sino más bien
de las contingencias responsables tanto de la topografía
del comportamiento como del control ejercido por los estímulos.
Para poner un ejemplo primitivo, si una rata presiona una palanca
para obtener alimento cuando tiene hambre, mientras otra lo hace
para obtener agua cuando tiene sed, las topografías de sus
comportamientos pueden ser indiferenciables, pero se puede decir
que difieren en su significado: para una rata, presionar la palanca
"significa" alimento; para la otra "significa"
agua. Pero éstos son aspectos de las contingencias que han
sometido el comportamiento al control de la ocasión actual.
De igual manera, si se refuerza con alimento a una rata cuando presiona
la palanca en presencia de una luz centelleante y, en cambio, se
la refuerza con agua cuando la luz es permanente, entonces podría
decirse que la luz centelleante significa alimento, y la luz permanente
significa agua, pero de nuevo éstas no son referencias de
una propiedad de la luz, sino de las contingencias de las cuales
han formado parte las luces.
Esto mismo se puede decir, pero con muchas más implicaciones,
cuando se habla del significado del comportamiento verbal. La función
general del comportamiento tiene una importancia capital. En el
patrón arquetípico, el que habla está en contacto
con una situación a la cual está dispuesto a responder
el que escucha, pero con la cual él no está en contacto.
Una respuesta verbal por parte del que habla hace posible que el
que escucha responda apropiadamente. Por ejemplo, supongamos que
una persona tiene una cita a la que acudirá consultando el
reloj. Si no tiene uno a su alcance, puede pedir a alguien que le
diga la hora, y la respuesta le permitirá responder efectivamente.
El que habla mira el reloj y dice la hora; el que escucha oye la
hora y acude a su cita. Los tres términos que aparecen en
las contingencias de refuerzo como generadores de una operante se
dividen entre dos personas: el que habla responde al contexto, y
el que escucha tiene el comportamiento y se ve afectado por las
consecuencias. Esto sólo sucederá si los comportamientos
del que habla y del que escucha tienen el soporte de contingencias
adicionales dispuestas por la comunidad verbal.
La creencia del que escucha en lo que dice el que habla es como
la creencia que subyace a la probabilidad de cualquier respuesta
("Creo que esto marchará"), o al control ejercido
por cualquier estímulo ("Creo que éste es el
lugar correcto"). Depende de las contingencias pasadas y nada
se gana internalizándolas. Definir la confianza interpersonal
como "una expectativa mantenida por un individuo o un grupo
de que se puede confiar en la palabra, la promesa, la afirmación
verbal o escrita de otro individuo o grupo" es complicar las
cosas innecesariamente.
El significado de una respuesta para el que habla incluye al estímulo
que la controla (en el ejemplo anterior), la colocación de
las manecillas de un reloj, y los aspectos posiblemente aversivos
de la pregunta, de los cuales la respuesta sirve como alivio. El
significado para el que escucha es cercano al significado que tendría
el reloj si lo estuviera viendo, pero también incluye las
contingencias que implican la cita, que hace probable en ese momento
la respuesta a la esfera del reloj o la respuesta verbal.
La persona que deja de acudir a una cita al ver cierta posición
de las manecillas del reloj, también se retirará al
oír una respuesta dada por una persona cuyas respuestas han
estado en el pasado estrictamente controladas por la posición
de las manecillas, y que por esa razón ahora controla las
respuestas.
Una de las implicaciones desafortunadas de la teoría de la
comunicación es que los significados son los mismos para
el que habla que para el que escucha, y que algo se vuelve común
para ambos, que el que habla envía una idea o significado,
transmite información o importante conocimiento, como si
sus posesiones mentales se convirtieran entonces en posesiones mentales
del que escucha. Los significados no son entidades independientes.
Podemos buscar el significado de una palabra en el diccionario,
pero los diccionarios no dan significados; en el mejor de los casos
dan otras palabras que tienen los mismos significados. Debemos llegar
a tener un diccionario "con significados".
Se podría definir un referente como aquel aspecto del ambiente
que ejerce control sobre la respuesta de la cual se dice que es
referente. Y lo hace así debido a las prácticas reforzantes
de una comunidad verbal. En términos tradicionales, los significados
y los referentes no se encuentran en las palabras, sino en las circunstancias
bajo las cuales los que hablan usan palabras y los que escuchan
las entienden.
12. El problema del control
Yo creo que un análisis científico del comportamiento
debe suponer que el comportamiento de una persona está controlado
por sus historias genética y ambiental, y no por la persona
misma como agente iniciador y creativo; pero no hay aspecto de la
posición conductista que haya dado lugar a objeciones más
violentas que éste. Desde luego, no podemos probar que el
comportamiento humano como un todo esté completamente determinado,
pero esta proposición va haciéndose más plausible
a medida que se acumulan los hechos, y creo que se ha llegado al
punto en que se deben considerar seriamente sus implicaciones.
Con frecuencia pasamos por alto el hecho de que el comportamiento
humano también es una forma de control. El hecho de que el
organismo debe actuar para controlar el mundo que le rodea es una
característica de la vida tanto como lo son la respiración
y la reproducción. La persona actúa sobre el ambiente,
y lo que logra es esencial para la supervivenciae de la especie.
La ciencia, la tecnología son simples manifestaciones de
este rasgo esencial del comportamiento humano. Tanto la comprensión,
la predicación y la explicación como las aplicaciones
tecnológicas son ejemplos del control de la naturaleza. No
expresa una "actitud de dominio" o una "filosofía
de control". Son los resultados inevitables de ciertos procesos
comportamentales.
Sin duda hemos cometido errores. Hemos descubierto, tal vez demasiado
rápidamente, maneras cada vez más efectivas de controlar
nuestro mundo, y no siempre las hemos utilizado sabiamente, pero
no podemos dejar de controlar nuestro mundo, como tampoco podemos
dejar de respirar ni de digerir alimentos. El control no es una
etapa pasajera. Ningún místico o asceta ha dejado
nunca de controlar el mundo que le rodea; lo controla para controlarse
a sí mismo. No podemos escoger un modo de vida en el cual
no haya control. Solamente podemos cambiar las condiciones del control.
Contra-control
Las instancias o instituciones organizadas, tales como gobiernos,
religiones y sistemas económicos, y en mayor grado los educadores
y psicoterapeutas, ejercen un control poderoso y, en ocasiones,
penoso. Ese control se ejerce de maneras que refuerzan muy efectivamente
a quienes lo ejercen e, infortunadamente, esto significa, usualmente,
prácticas que son inmediatamente aversivas para los controlados
o que, a largo plazo, los explotan.
Quienes se encuentran controlados por estas prácticas inician
entonces su acción. Escapan de quienes les controla -saliendo
de su alcance si es un individuo, desertando de un gobierno, apostatando
de una religión, renunciando o no asistiendo a la escuela-,
o pueden atacar al poder que les controla con el fin de debilitarlo
o destruirlo, como es el caso de una revolución, reforma,
golpe militar o protesta estudiantil. En otras palabras, se oponen
al control con contra-control.
Puede llegar una situación en la cual estas fuerzas opuestas
estén en equilibrio, por lo menos temporalmente, pero rara
vez el resultado es la solución óptima. Un sistema
de incentivos puede reconciliar el conflicto entre la administración
y el trabajo; las naciones pueden mantener un balance de poder,
y las prácticas gubernamentales, religiosas y educativas
pueden ser efectivas sin deserción.
El ambiente social que controla
La gente ha sufrido durante mucho tiempo y de manera tan dolorosa
los controles que se le han impuesto, que es fácil entender
por qué se opone tan decididamente a cualquier forma de control.
Es muy probable que se ataque un análisis de las prácticas
de control tan simple como el del capítulo anterior por la
sencilla razón de que los controladores podrían utilizarlo
mal. Pero, a fin de cuentas, cualquier contra-control efectivo conducente
a la "liberación del individuo" solamente puede
lograrse por medio de un diseño explícito, y éste
debe basarse en un análisis científico del comportamiento
humano. Ciertamente, debemos empezar por el hecho de que el comportamiento
humano siempre está bajo control. Rousseau decía:
"El hombre nace libre, y dondequiera que se encuentre está
encadenado", pero nadie es menos libre que un niño recién
nacido, y éste no se hace libre cuando va creciendo. Su única
esperanza consiste en caer bajo el control de un ambiente natural
y social en el cual saque el mayor provecho de su dotación
genética, y al hacer esto alcance la felicidad. Su familia
y sus coetáneos forman parte de ese ambiente, y él
se beneficiará si ellos se comportan éticamente. La
educación es otro de los elementos de ese ambiente, y adquirirá
el repertorio más efectivo si sus maestros reconocen el papel
que desempeña el ambiente en lugar de suponer que cosiste
en dejarlo libre para que se desarrolle. Su gobierno forma parte
de ese ambiente, y deberá "gobernar lo menos posible",
minimizando sus medidas de castigo. Producirá lo que él
y otros necesitan de la manera más efectiva y menos aversiva
si existen tales incentivos que el individuo trabaje de modo cuidadoso
y diligente y se le refuerce por lo que hace. Todo esto será
posible no porque aquellos con los cuales convive tengan moralidad
y sentido ético, decencia, o compasión, sino porque
a su vez, hay una clase particular de ambiente social que los controla
a ellos.
La contribución más importante del ambiente social
-contribución completamente abandonada con el retorno al
individualismo total- se relaciona con la mediación del futuro.
La brutal perspectiva de la superpoblación, la contaminación
y el agotamiento de los recursos ha dado al futuro una importancia
nueva y relativamente inmediata, pero, desde luego, ya desde hace
mucho tiempo, se ha manifestado cierta preocupación por el
futuro Se ha dicho que, hace cientos de años, "pocos
eran los hombres vivos -fueran utilitaristas o religiosos- que pensaran
que la bondad de un acto estaba en el acto mismo o en la voluntad
que lo había deseado; todo estaba en las consecuencias, en
la felicidad del mañana o en la vida futura"; en ambos
casos se trataba del premio futuro. Pero una cosa es la bondad a
la luz de la cual se puede juzgar un acto, y otra es inducir a la
gente a ser buena o a obrar el bien "por una consecuencia futura".
Lo que importa es el hecho de que las instituciones duran más
que los individuos y disponen contingencias que tienen en cuenta
un futuro razonablemente remoto. Ese proceso comportamental se ilustra
con el caso de la persona que trabaja por una recompensa prometida,
que juega para ganar o que compra un billete de lotería.
Con su ayuda, las instituciones religiosas presentan la perspectiva
de una vida posterior reforzante, y los gobiernos inducen a las
gentes a morir patrióticamente.
A gran parte de esto le ponemos objeciones, pero los intereses de
las instituciones coinciden a veces con los intereses de los individuos:
los gobiernos y las religiones a veces inducen a las personas a
comportarse bien unas respecto de otras y a actuar juntas para protegerse
y apoyarse.
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