MONSEÑOR JORGE KEMERER

Centro de Investigaciones Históricas "Guillermo Furlong" 1 de 1

MONSEÑOR JORGE KEMERER*

Su compromiso con la realidad social de Misiones*

Centro de Investigaciones Históricas "Guillermo Furlong"

Desde el comienzo de su gobierno pastoral que fue también el comienzo de la Diócesis, Monseñor Kemerer debió luchar contra carencias de todo tipo e incomprensiones. Debió organizarlo todo desde prácticamente nada. Su misión evangélica se inspiró, a partir de la celebración del Concilio Vaticano II, en sus postulados, que puso en práctica a través de la reforma litúrgica y de la acción ecuménica. Enfrentó momentos difíciles al aplicar las medidas conciliares, sin embargo no vaciló: motorizó un cambio de mentalidad incuestionable. No vaciló en abrir las puertas para que la Provincia toda reciba la influencia benéfica de todas las órdenes y congregaciones de religiosos y religiosas. Recorre una y otra vez su territorio en extenuantes visitas pastorales que lo llevan a todos los sitios y le permiten obtener un conocimiento directo de los problemas de cada comunidad y comprometerse en la solución de los mismos. Así por ejemplo, frente al problema de las inundaciones del alto Uruguay (1965) y posteriormente del Paraná (1966), reclamó a los poderes públicos soluciones de fondo a la vez que prometía su propia colaboración. Observó la penosa situación de las familias obreras en tierras de forestación y el aislamiento de la zona del Uruguay, especialmente de Alba Posse y El Soberbio, denunciando la necesidad de una integración real al país y a la Provincia mediante una política vial, de salud, de promoción de los productos de la zona en el mercado, de la regulación de la tenencia de la tierra y de la reglamentación del tráfico fronterizo. Con respecto al problema de la tierra advertía en el informe de su visita pastoral de 1981 que lo grave era que ese problema ya lo había visto hace 24 años atrás en la zona. Se entrevistó por ello con el Gobernador y con el Ministro de Asuntos Agrarios manifestándoles que el arraigo era una condición para que se sienta el espíritu argentino en la región enunciado en la "Marcha a la Frontera", para lo cual también el predominio del idioma portugués constituía una valla infranqueable que era preciso superar. Al respecto hacía Monseñor la siguiente salvedad: "No soy partidario de una nacionalismo exagerado, pues significaría sin duda un enriquecimiento el canto y la música extranjeros, siempre que el argentino conozca y cante sus melodías en su propia lengua". Se reunió cuantas veces hizo falta con los obispos de la región N.E, brasileños y paraguayos comprometiéndose en la búsqueda de una verdadera pastoral del inmigrante, atendiendo especialmente la migración golondrina fronteriza.
En otro orden, atendió la realidad social de los niños sin hogar, sin cariño, sin rumbo, fundando la Aldea de Niños de Oberá, levantada en un terreno propiedad de la diócesis. Es un barrio de casas que albergan de 5 a 8 niños, al frente de las cuales se halla una "madre" y una "tía" encargadas de una verdadera Misión: proporcionar una familia a estos niños que se hallan solos. En ocasión de la colocación de la piedra fundamental (1978), expresaba: "la futura Aldea de Niños ha de ser un signo de Evangelización, un signo del compromiso evangelizador que nosotros damos". Se construyó con aportes diocesanos, del Gobierno y de instituciones internacionales. La obra se sostiene con el aporte mensual de los socios y amigos que contribuyen con donaciones de diferente índole.
Compromiso político

Desde el comienzo de su acción episcopal se preocupó por guiar a la ciudadanía frente a coyunturas importantes. Ante las elecciones de 1958 llamaba a todos los argentinos a la reflexión, pidiendo responsabilidad en el acto de elegir para que " los hombres que han de regir el destino de la patria sean los que necesita el país". En 1977, en medio de la crisis política que golpeaba una vez más, decía con ocasión del jueves Santo: " "Cristo no está en un extremo ni en otro. Cristo no está en la extrema izquierda ni en la extrema derecha. Cristo está en el Centro, punto de convergencia, donde los hombres pueden encontrarse, unirse, amarse, pues los extremos separan y oponen y llevan al odio".
Muchos jóvenes misioneros fueron víctimas del Proceso, siendo detenidos sin causa en cárceles de Misiones, Chaco y Bs.As. La visita del Obispo de Posadas les sirvió de consuelo y aliento, pero también de esperanza, pues no dudó Monseñor Kemerer en presentar reclamaciones ante las máximas autoridades de la República. "Su vida salvó las nuestras. Cuando nuestros familiares necesitaron consuelo y certezas, sus manos, sus ojos y su palabra cristiana, fueron puente que nos comunicó con ellos" (testimonio de reconocimiento de los ex presos de la dictadura).
En el marco de la Campaña de Reconciliación Nacional promovida por todos los obispos del país, señaló la necesidad de integrar las familias de los presos políticos a la comunidad e instó a que ésta se informe y conecte con ellas. Pidió la colaboración con la información que pudiera servir para gestionar su libertad y el alivio de sus angustias en la oración común. Exhorta a la reflexión sobre el proceso de institucionalización, el levantamiento del estado de sitio, la condenación de la actividad guerrillera que pudiera impedirlo, el reconocimiento de las autoridades que resultaren electas, el ejercicio democrático y el sostenimiento del principio de la continuidad institucional "de suerte que el espíritu golpista resulte extraño a nuestra idiosincracia política". Recalca la necesidad de difundir la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente del documento "Iglesia y Comunidad Nacional" para considerar los temas antes dichos.
En 1982 el fervor solidario de Monseñor Kemerer no estuvo ausente cuando el país estaba en guerra con la Gran Bretaña, apoyando la justicia de la causa argentina y manifestándolo -entre otros actos- mediante la generosa donación de su pectoral, regalo de la feligresía de su diócesis, al fondo patriótico.

Al servicio de los guaraníes

Monseñor Jorge Kemerer renueva la página inmortal de la evangelización jesuítica volviendo su mirada y compromiso con la realidad guaraní. En 1978, al cumplirse los 350 años del martirio de los Padres Roque González, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, proclamó el lema "Hacia una nueva evangelización". En el mes de noviembre se realizó una importante celebración en Posadas con la reliquia del corazón de Roque González. Pocos días después Monseñor Kemerer recibió una carta del Paí Antonio Martínez, jefe espiritual de la comunidad guaraní de Fracrán, quien le manifestaba que sus paisanos no habían visto "el corazón del que dicen que fue nuestro amigo".
Monseñor escribió años más tarde que "las palabras del Paí Antonio reforzaron mi convencimiento de que debíamos ocuparnos de la atención de los aborígenes de la provincia en forma sistemática e integral...Tomé la decisión de visitar la comunidad del Paí llevando el corazón de Roque González a Fracrán."
El 17 de noviembre Monseñor Kemerer llegó a Fracrán portando la reliquia del corazón incorrupto de Roque González. Fue el primer encuentro de Monseñor con el Paí Antonio y su esposa Doña Paula Mendoza, quienes luego se contarían entre sus más caros amigos.
El corazón de Roque González permaneció expuesto durante varias horas, recibiendo el homenaje de las familias guaraníes, que guiadas por las oraciones del Paí Antonio danzaron y cantaron según sus propios ritos.
Al concluir la ceremonia, Monseñor Kemerer se comprometió a trabajar igual que Roque González, "con todos nuestros hermanos guaraníes para construir juntos una nueva fraternidad basada en el Evangelio que es Verdad, Justicia y Amor..." Entonces el Paí Antonio le pidió una escuela en la que los maestros hablaran sin avergonzarse el idioma guaraní y fueran capaces de enseñar a su pueblo a hablar bien en castellano. Explicó que él comprendía que lo que sus padres le enseñaron, y él enseñó a sus hijos, era suficiente para vivir en el monte como Ñamandú les había indicado: siempre pobres y religiosos. Pero que esta enseñanza no alcanzaba para que sus nietos pudieran vivir "entre ustedes los Karaí". La respuesta afirmativa de Monseñor fue inmediata y tuvo como testigo al corazón de Roque González.
Poco tiempo después, Cansio Benítez, jefe de otra comunidad guaraní, se dirigió al Obispo expresando: "queremos una tierra nuestra, casas nuestras, herramientas nuestras, para trabajar la tierra y vivir de sus productos".
Este fue el inicio del Programa de Desarrollo Integral que se puso en marcha en las comunidades de Fracrán y Perutí simultáneamente y que Monseñor Kemerer encomendó a un equipo del Instituto Superior del Profesorado "Antonio Ruiz de Montoya" encabezado por la Vicerrectora Doctora María Luisa Micolis.
El programa se elaboró en 1979 para ser ejecutado durante 10 años y abarcaba los siguientes subprogramas: - Vivienda
- Higiene y casa de la salud para la vida sedentaria
- Nutrición infantil y del adulto
- Trabajo agrícola y ganadero (aves y cerdos)
- Economía familiar y comunitaria
- Agua potable y energía
- Educación bilingüe y escuela de doble escolaridad
- Comedor escolar y huerta comunitaria
- Alfabetización de los adultos
- Formación laboral de la mujer (costura, cocina, panadería, peluquería)
- Cooperativa de consumo y cooperativa artesanal
- Casa de la cultura y relación social con la comunidad circundante
- Talleres de máquinas y carpintería
Para la ejecución de estos subprogramas se contrató a maestras, ingenieros agrónomos, veterinarios, médicos, dentistas y otros profesionales, que dedicaban parte de su tiempo a la formación y atención de los aborígenes y parte al asesoramiento directo de cada subprograma trabajando para esto con dos o tres responsables de la propia comunidad guaraní.
Organismos nacionales e internacionales brindaron ayuda para que estas acciones pudieran concretarse.
El 13 de junio de 1981 el pueblo de Perutí inauguró su estructura edilicia y sus chacras nacientes y el 20 de junio de 1983 lo hizo el pueblo de Fracrán. Los pobladores de Perutí manifestaban con satisfacción:
"...es para mi una satisfacción haber aprendido tantas cosas nuevas en Perutí, yo nunca pensé que llegaría a ser un hombre tan responsable y que la gente respeta porque no doy problema a nadie. Mi familia va progresando, tengo una chacra y la posibilidad de ampliarla, pienso vender la mitad de mi cosecha de maíz para el criadero, la otra mitad es para mi consumo. Tengo confianza en que nuestro pueblo va a ir para adelante, porque ahora todos somos hombres fuertes. Ni me quiero acordar de cómo vivíamos en el viejo Perutí..." (Jacinto Rodríguez, 32 años, 4 hijos).
"...mi hijo aprendió en la escuela de Perutí más que yo a esa edad. Me gusta este pueblo porque aquí somos libres, no dependemos de ningún patrón... en la oración guaraní las almas se unen, esta oración es positiva porque es cosa nuestra. Estoy contento porque la tierra es nuestra. La casa es nuestra. Nos sentimos a gusto porque esta tierra es libre para nosotros, porque tenemos la carpintería, el tractor, las máquinas... me siento mejor porque nuestro futuro ya depende de nuestro trabajo y el de mis hijos... Tengo 300 plantas de yerba y unas 500 de mandioca que planté con mi señora y mis hijos, me imagino que para mantener a mi familia tengo que llegar a 2 hectáreas de yerba y plantar entremedio mandioca." (Ezequiel Núñez, 32 años, 4 hijos).
La misión no fue sencilla, y Monseñor Kemerer expresó: "En el camino de acciones concretas que recorrimos juntos, mil y una vez se nos plantearon los problemas que posiblemente inquietaron a los jesuitas y guaraníes del siglo XVII. A pesar de vivir en épocas tan distantes el encuentro entre personas, pertenecientes a culturas diferentes, sigue interrogando, cuestionando, enriqueciendo con gozo y dolor a ambas partes; este crecimiento en el respeto de la diferencia no hizo más que fortalecer nuestros lazos más allá de la comprensión e incomprensión que produjo en la sociedad toda, incluso en otros grupos guaraníes de la provincia."



Biblioteca Virtual del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
Ayacucho 1962 - Posadas - Misiones - Argentina

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