A Iturbe en su coronación

María Angélica Amable*
Karina Dohmann*
Liliana Mirta Rojas*
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LA YERBA MISIONERA: EL ARBOL DE NUESTRA HISTORIA¨

María Angélica Amable*
Karina Dohmann*
Liliana Mirta Rojas*

INTRODUCCION

La yerba mate es el producto madre de la economía misionera; si bien era conocida y utilizada desde antes de la llegada de los españoles, su cultivo y explotación en este territorio comienza con los jesuitas en las reducciones de guaraníes.
La parte N de la provincia de Misiones era zona de yerbales naturales, pero en el Sur los primeros yerbales fueron los implantados en la época jesuítica, y precisamente esta zona es en la actualidad la de mayor producción.
A mediados del S. XIX esos antiguos yerbales jesuíticos atrajeron colonos que se establecieron para explotarlos, iniciando el repoblamiento de la región. Comenzaron a instalarse los puertos para la extracción del producto, a desarrollarse los medios de transporte fluvial, a explorarse el interior del territorio.
El "oro verde", conjuntamente con la explotación maderera, impulsó el desarrollo del Territorio Nacional de Misiones, que en 1953 fue transformado en la "Provincia de Misiones".
Además de ser la principal fuente de recursos la yerba proporciona esa bebida incomparable que es el mate. Con su inefable atractivo, el mate encierra tantos valores que es mucho más que una bebida.
El hábito de tomar mate, tan difundido y arraigado en la Argentina, presenta peculiaridades en cada una de las regiones. Quizás en otros lugares llamen la atención detalles que para los misioneros son tan naturales que no se notan, como tomar mate en una conferencia o en las aulas durante el desarrollo de las clases, encontrar termotanques en las esquinas y en distintos lugares públicos para proveer de agua caliente a los materos, el alquiler de equipos de mate en los kioskos de instituciones educativas, el tereré (mate helado) -tan difundido entre los jóvenes y niños- cebado con las más diversos jugos y especialmente apetecible en las tórridas siestas misioneras.
En este trabajo presentaremos una síntesis histórica de la producción y explotación yerbatera en Misiones, que es un patrimonio heredado de los jesuitas.


LOS GUARANIES Y LA YERBA MATE

Antes de la colonización española, los guaraníes utilizaban las hojas de yerba para mascar y conocían, por lo tanto, sus propiedades alimenticias y reparadoras. Por otra parte, el polvo de yerba era aspirado por los hechiceros durante sus ritos.
La primera región de yerbales que se explotó fue la de Mbaracayú, distante alrededor de 120 leguas tanto de Asunción como de la región misionera. Los guaraníes desde tiempos inmemoriales y los españoles desde el siglo XVI conocieron los yerbales de Mbaracayú. Los encomenderos los explotaron por medio de los indígenas que tenían a su servicio; muchas veces sin proveerles siquiera de los bastimentos necesarios para el viaje y una estadía de 4 a 6 meses, y sin proporcionarles tampoco los medios adecuados para el acarreo de la yerba.
El Padre Antonio Ruiz de Montoya ha dejado esta descripción desoladora: "Tiene la labor de aquesta yerba consumidos muchos millares de indios; testigo soy de haber visto por aquellos montes osarios bien grandes de indios que lastima el verlos y quiebra el corazón saber que los más murieron gentiles, descarriados por aquellos montes, en busca de sabandijas, sapos y culebras, y como aún de éstos no hallan, beben mucha de aquella yerba, de que se hinchan los pies, piernas y vientre, mostrando el rostro sólo los huesos y la palidez la figura de la muerte". (1)
La Carta Anua de 1626-1627 también refiere las penurias de esta explotación.
Los indios se trasladaban al Mbaracayú en mulas, llevando ganado, tabaco y yerba para el consumo, además de herramientas para la faena. Al llegar a los yerbales hacían un rancho de paja para depositar luego las hojas tostadas y desmenuzadas que era necesario conservar al cubierto de la humedad. Unos buscaban los árboles de yerba, cortaban las ramas y las acarreaban para la torrefacción, en tanto que otros, buscaban madera seca para preparar el fuego y armaban un zarzo de cañas o de varas bastante largas. Un tercer grupo excavaba morteros en los troncos de los árboles que habían derribado para majar la yerba. A la noche se encendían las hogueras y se chamuscaban rápidamente las ramas de yerba, luego se las colocaba en el zarzo, preparando debajo otro fuego lento que mantenían toda la noche. A la mañana siguiente descargaban el zarzo, con las manos desmenuzaban las hojas y ramas, y luego las molían en los morteros. Mientras tanto, algunos continuaban con la tarea de traer ramas de yerba y leña. La yerba molida se colocaba en sacos de cuero.
Si bien los españoles, en un principio combatieron el consumo de la yerba, por considerarlo un hábito perjudicial y vinculado con la hechicería, no tardaron en aceptarla al conocer sus cualidades. El padre Antonio Sepp las definió así: "... esta yerba es muy sana y tiene efectos beneficiosos en varios aspectos: refresca los pulmones y el hígado ardiente, no deja que se formen ni arenilla ni cálculos en los riñones o en la vesícula. Calma la sed, quita el hambre y reconforta el estómago, es un poco amarga y templa la atrabilis. Por todas estas razones es altamente cotizada por los indios y tomada a diario. Y las mujeres no se quedan atrás de los hombres en el consumo de la yerba". (2)


LA YERBA MATE EN LAS REDUCCIONES

Durante casi todo el siglo XVII las reducciones dependieron de los yerbales de Mbaracayú para proveer de yerba dos veces al día a unos cien mil entusiastas del mate, y para recoger la necesaria con que pagar el tributo al Rey, ya que era el único producto misionero de venta segura. Si bien no prescindieron del Mbaracayú, extremaron todos los medios para evitar desgracias. Tanto misioneros como guaraníes consideraban las expediciones a esa región como una tarea ingrata y hasta peligrosa, pero imprescindible y necesaria mientras no hubiera yerbales cercanos.
El gran logro de los misioneros jesuitas fue domesticar los árboles de yerba, formando importantes plantaciones cerca de los pueblos.
El Padre Cardiel explica cómo se formaron los yerbales en las misiones: "Aplicáronse los padres jesuitas a hacer yerbales en el pueblo, como huertas de él. Costó mucho trabajo porque la semilla que se traía no prendía. Es la semilla del tamaño de un grano de pimienta, con unos granitos dentro rodeados de goma. Finalmente, después de muchas pruebas, se halló que aquellos granitos, limpios de aquella goma, nacían; y, trasladando las plantas tiernas del semillero bien estiercolado a otro sitio, y dejándolas allí hacerse recias, después se trasplantaban al yerbal, y regándolas dos o tres años, prendían y crecían bien". (3)
El Padre Sepp refiere otro método de reproducir mudas de yerba mate: enterrar una rama que esté unida a la planta hasta que forme raíces, entonces cortarla.
A principios del siglo XVIII los pueblos misioneros contaban con sus propios yerbales, algunos de muy buena calidad. El proceso de elaboración de la yerba era el siguiente: luego de cortar la yerba, se pasaban los manojos de ramitas por una llama viva, operación que se llama "sapecar" y que tiene por objeto impedir la fermentación de las hojas verdes. Después se sujetaban los manojos a una vara de madera, y estas varas cargadas de yerba se atravesaban sobre un armazón formando ramada, o si no, se formaba un cono con una docena de varas. Debajo de la ramada o del cono se encendían brasas para tostar la yerba durante 24 horas. La yerba tostada y aún caliente se golpeaba con palos para desmenuzarla, obteniendo la "yerba canchada" que se estacionaba en un depósito o "noque".
En las reducciones se elaboraban dos clases de yerba: yerba de palos y caá-miní. Ambas de la misma planta, la primera se componía de hojas y tronquitos menudos, y la segunda era yerba molida en pilones, de la que se separaban ramitas y pecíolos.
Los pueblos de Santa María, San Ignacio Guazú, Santa Rosa e Itapúa producían yerba de palos. La yerba caá-miní, más apreciada, era producida por todos los pueblos, menos San Ignacio Guazú, Nuestra Señora de Fe, Santiago, Yapeyú y La Cruz.
El Superior Bernardo Nusdorffer fue un promotor de la yerba misionera, como se ve en el establecimiento del Oficio o Procuraduría de las Misiones en Santa Fe, o en la "Orden que se ha de observar en la remisión de la yerba a los Oficios de Santa Fe y Buenos Aires (1745)", y en los Memoriales que dejó en 1747 al visitar las reducciones.
La Yerba mate fue la principal fuente de recursos para los pueblos. Se comercializaba con Buenos Aires, Santa Fe, Chile y Lima. A la yerba que era llevada a Santa Fe, se incorporaban los posibles sobrantes de azúcar, tabaco, cueros trabajados, maderas y lienzos, los que eran cambiados por plata y otros productos. En Buenos Aires y Santa Fe estaban los procuradores, cuya función era la de ubicar los productos de las reducciones y conseguir los requeridos por éstas.
Las rutas yerbateras eran: - desde el Paraguay y Misiones, a través del Paraná, lle- gaba a Santa Fe y Buenos Aires.
- la que unía Santo Angel con Lima o Potosí.
- la del río Uruguay, que tenía como puertos terminales a Buenos Aires y Montevideo (era la ruta oriental).
El mate se convirtió en la bebida predilecta de los misionados y misioneros, y también de los españoles y criollos fuera de las reducciones.
A veces se masticaba la yerba, pero generalmente el mate era sorbido con agua caliente, probablemente con cañitas de bambú. Aunque ningún autor hace referencia a la bombilla metálica usada por los españoles, es posible que en las reducciones las hubieran confeccionado de estaño, del mismo modo en que fundían en este metal platos y cubiertos.
La yerba no sólo proporcionó una grata bebida a las reducciones, sino que se convirtió en un elemento civilizador, puesto que acabó con las borracheras y su secuela de males, a la vez que constituyó una excelente fuente de recursos.


LA EXPLOTACION YERBATERA DESPUES DE LA EXPULSION DE LOS JESUITAS

Aún en el marco de la crisis demográfica y de productividad que siguió a la expulsión de los jesuitas en Misiones, la yerba mate no dejó de extraerse y elaborarse; en efecto, constituía el principal producto de venta en Buenos Aires a través de la Administración General, cuyas ganancias se empleaban para pagar el tributo al Rey, los sueldos de los funcionarios y para comprar las mercancías necesarias. La ruta utilizada con preferencia para la salida de este producto era la del río Uruguay cuyo nudo de transporte era el pueblo de Yapeyú. Los pueblos del Paraná, en cambio, "dejaron muy pronto de hacer remesas a la Administración General de Buenos Aires pues canjeaban su yerba a comerciantes particulares o enajenaban directamente la explotación de sus yerbales a empresarios españoles" (4). Estas prácticas se inscribían también en el marco del proceso de disolución del régimen de comunidad; los mismos naturales de los pueblos eran contratados para realizar los trabajos. Por otra parte, debido a la Real Ordenanza de Intendentes (1782) la Administración de Buenos Aires perdía (hasta 1803) el control de los 13 pueblos que integraron la Intendencia del Paraguay.
Pueblos como Yapeyú o San Borja recibían yerba de otros como parte de pago de reses que les vendían. "A fines del siglo ya todo el comercio yerbatero se había privatizado pasando a manos de españoles la extracción y comercialización en detrimento de la Administración General y obviamente del fisco que nada percibía en materia de tributos" (5).
En la convulsionada etapa de disgregación territorial que siguió a la revolución de mayo los pueblos fueron devastados y arrasados sus yerbales. Belgrano en su Reglamento Provisional para los pueblos de Misiones (30 de diciembre de 1810), se refiere a la yerba y al régimen expoliador vinculado a su explotación: prohibe que se corten los árboles de yerba que se maltrate a los naturales. Las mismas inquietudes manifestaba Artigas en una carta de 1816 a Andrés Guacurarí.
La destrucción de los pueblos por los lusobrasileños en 1817 y 1818 y la militarización de la sociedad guaraní en esta etapa de luchas fronterizas condujo a una economía apenas de subsistencia vinculada siempre y casi únicamente a la existencia de los yerbales.
Más tarde, el interés por la explotación de este recurso enfrentó a Sity (comandante de Misiones) y a Ramírez (el supremo Entrerriano) en 1820. El primero le había elevado un plan de repoblamiento de Candelaria y de habilitación de su puerto para la extracción de la yerba que por entonces acopiaban los paraguayos. La importancia económica de este proyecto llevó a Ramírez a confiscarlo en su propio provecho, ordenando la prohibición de beneficiar la yerba salvo que tuvieran expresa autorización por él firmada para el efecto. Las fuerzas de ambos jefes terminaron enfrentándose por las armas. La Campaña de Piris (enviado por el Supremo) culminó con una entrada a los pueblos de San José, San Ignacio y San Javier haciendo acopio de yerba. En Candelaria se hallaba el Capitán Nicolás Aripí quien llegó a un acuerdo con Ramírez pero muy pronto debió enfrentar la invasión paraguaya al mando del Cmdte. Ortellado, quien por orden del dictador Francia invadió este territorio derrotándolo en las cercanías de Santa Ana, devastando su chacra y la del sabio Bonpland.
Aquí tenemos que considerar la labor de este naturalista, ilustre defensor del cultivo de la yerba.
El primer contacto que tuvo con esta planta fue en la isla Martín García; sabiendo de su existencia por intermedio del canónigo Belgrano, se dirigió al lugar con unos soldados y hallaron la planta. Enseguida el estudio de la misma se convirtió en una obsesión para él.
En noviembre de 1820 se instala en Corrientes donde permanece hasta mayo de 1821 y luego se dirige a Santa Ana (Misiones). Había comunicado a Ramírez su intención de pasar a Misiones para estudiar los yerbales y establecer una colonia agrícola destinada a su explotación y al cultivo del curupay (cebil), árbol rico en tanino.
Ya en Misiones describe Candelaria y sobre su yerbal informa a Ramírez que lo ha andado todo y que lo ha encontrado quemado y cortado y está lleno de malezas. Prevé asimismo lo que podría producir una vez limpiado.
En Santa Ana se dedicó al estudio exhaustivo de vegetales útiles, especialmente de la yerba. Su tarea no pasó desapercibida por el dictador paraguayo quien decidió la intervención ya mencionada. Veía en la actividad de Bonpland una amenaza para el monopolio yerbatero de su país; además reclamaba como paraguayo el pueblo de Santa Ana; lo tuvo por "aventurero" y espía puesto que acompañó a Aripí en su campaña para tomar este territorio; el asalto y destrucción de la colonia se produjo el 8 de diciembre de 1821. Tras 8 años de cautiverio en el Paraguay retornó a la Argentina pasando también al brasil. Transitando estos territorios y también el Uruguay, no abandonó nunca su interés por la yerba. En 1854 envió al gobernador de Corrientes, Juan Pujol, una importante exposición sobre el mejor modo de beneficiar la yerba; hacía hincapié en el tiempo propicio para la cosecha; consideraba la yerba de las plantaciones jesuíticas como de mejor calidad y menos costosa por su ubicación cercana a los pueblos que la que producían los indígenas en época anterior de los yerbales naturales. Hace una minuciosa referencia de la distribución geográfica de los yerbales naturales y plantados. Refiere que para la explotación era conveniente la mano de obra indígena; enumera las herramientas que se necesitan para ello así como la necesidad de proveer los víveres, sueldos, y ranchos para abrigar a los peones y conservar su salud; "conviene notar que a pesar de tantos gastos, quedará siempre una existencia utilísima en el almacén y también un germen de población" (6).
Bajo la soberanía de Corrientes desde 1830, no faltaron medidas proteccionistas para la explotación de la yerba; la Ley del 29 de octubre de 1832 autorizaba beneficiar la de las antiguas Misiones y teniendo presente la época de guerra, establecía que un 10% de la misma debía ser entregada al Estado por los beneficiadores. Reglamentada esta ley por el P.E. (Pedro Ferré) el 9 de noviembre del mismo año, se fijaban los requisitos para ir a explotar este recurso en los montes: obtener la licencia del gobierno para lo cual debían presentar la cantidad que tenían previsto cosechar, los peones, armas y municiones que llevarían; un inspector debía observar que la cosecha se hiciere debidamente; es decir, sin cortar los árboles y vigilando la calidad. Los yerbales de los pueblos pertenecían al gobierno y sólo por una autorización especial podían ser explotados.
La Ley del 19 de octubre de 1832 fue derogada por la del 4 de abril de 1861 que sanciona los impuestos sobre la yerba.

REPOBLAMIENTO DE LA ZONA YERBATERA

Cuando Corrientes anexó el territorio de Misiones los escasos núcleos poblacionales eran Loreto, San Miguel, San Roquito y Asunción del Cambay.
En la década de 1850 comenzó lentamente el proceso de repoblamiento. Se inicia con la venta de tierras públicas por parte de Corrientes, reservando algunos terrenos para favorecer la industria yerbatera. Además, se trató de proteger los yerbales de la explotación indiscriminada a través del Reglamento de 1864.
Antes de producirse la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), el territorio de Misiones estaba ocupado en parte por corrientes y otra por Paraguay, mientras que los brasileños explotaban los yerbales de las Altas Misiones. La población -compuesta por brasileños, correntinos y unos pocos guaraníes- explotaba los naranjales y yerbales en las proximidades de San Javier, Concepción, Santa María y Apóstoles. El movimiento comercial más importante se efectuaba entre Paraguay y Brasil a través de la ruta Itapúa- San Borja.
Lentamente, y a pesar de la falta de caminos, se fueron instalando ingenios yerbateros, azucareros y de fariña, la mayoría de ellos en el departamento de Santo Tomé.
La Guerra con el Paraguay en su primera fase de desarrollo influyó sobre Misiones, ya que las columnas paraguayas invadieron esta región en su paso a Uruguayana; luego, cuando se replegaron, se estableció en Itapúa una división brasileña. Las actividades en torno a este asentamiento brasileño originaron el surgimiento de una población nueva: Trinchera de San José (hoy Posadas); los proveedores del ejército se instalaron paulatinamente en el lugar, a la vez que iniciaron la explotación de los yerbales jesuíticos para surtirse de yerba. Las podas frecuentes arruinaron estos yerbales que habían sido implantados por los jesuitas, con excepción del yerbal de San Javier por encontrarse más alejado.
Crecimiento similar al de Trinchera sólo se dio en algunos centros como San Javier, Concepción, Santa María, por su ubicación próxima a la frontera del río Uruguay.
Después de ocuparse el espacio sur de Misiones, comenzará la utilización del norte con la explotación de yerbales y bosques, pero sin que ello implique la ocupación permanente del suelo. A partir de la década de 1870 se inició la búsqueda de yerbales naturales en el Alto Paraná y Alto Uruguay.
Las relaciones cordiales con los indígenas, el descubrimiento de los yerbales de San Pedro y el desarrollo de la navegación por el Uruguay y el Paraná, permitieron el desarrollo de la actividad yerbatera. Pero la falta de planificación y control condujo a la depredación de los manchones de yerba, por lo que el gobierno de corrientes dictó un nuevo reglamento proteccionista en 1876.
La intensa actividad yerbatera, antes y después de la Federalización de Misiones (1881), determinó la instalación de secaderos y molinos pequeños en Candelaria, Posadas, Concepción y San Javier, mientras que los molinos de mayor jerarquía se ubicaron en Rosario y Buenos Aires.
El principal obstáculo lo constituía la falta de caminos; así, los explotadores de la yerba mate comenzaron a abrir piques y picadas que, con el tiempo, se convertirían en las rutas misioneras, otros problemas fueron el contrabando y la competencia de la yerba paraguayo-brasileña.
Debido a la destrucción de los yerbales naturales se tuvo que recurrir a la búsqueda de métodos de reproducción de yerba. No olvidemos que los jesuitas lo habían hallado pero, al ser expulsados, se perdió ese conocimiento.
Después de varios ensayos efectuados en Santa Ana, Loreto, Bonpland, San Ignacio y Corpus, se descubrió la fórmula para la siembra, en 1895. Fue lograda por Carlos Thays, fundador y Director del Jardín Botánico de Buenos Aires, quien, con semillas traídas del Paraguay, las hizo germinar después de someterlas a una inmersión bastante prolongada de agua caliente.
Descubierto el método de reproducción de la yerba mate se inició el cultivo a gran escala en Misiones, actividad que abarcó las primeras décadas del presente siglo y que es coincidente con la instalación de contingentes europeos que arribaron a Misiones a partir de 1897, atraídos por la promoción argentina para ocupar el espacio.
La inmigración contribuyó en nuestra provincia al proceso de expansión y configuración de la población a fines del siglo XIX y principios del XX; permitió la ocupación del espacio, la instalación de colonias, desarrolló la vida agrícola y determinó la configuración socio-cultural de nuestra provincia. Lentamente irían surgiendo las colonias oficiales y privadas en Misiones.
Las nuevas poblaciones se dedicaron intensamente a las actividades agrícolas, siendo la principal el cultivo del "oro verde". La "fiebre verde" desplazó a los cultivos de autoconsumo, llegando a plantarse 66.000 hectáreas. La excesiva producción determinó la intervención del gobierno nacional que, en 1935, creó la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), organismo que procuraría limitar la expansión de la plantación, adecuando así la producción a la demanda. Esta regulación continuó hasta hace muy pocos años. La venta al público se efectuaba a través del Mercado Consignatario de la Yerba Mate.
Si bien el cultivo se extendió por toda la provincia, los departamentos con mayor superficie cultivada fueron San Ignacio, Cainguás, Iguazú, Candelaria y Apóstoles; en menor medida Montecarlo y Eldorado.
La situación de estabilidad alcanzada por el cultivo de la yerba mate en Misiones requería en la década del 40 una celebración colectiva. El pueblo necesitaba su fiesta. En un acto en Picada Sueca (23 de agosto de 1942), con más de dos mil asistentes, se proclamó la necesidad de ella. Así el gobernador Esteban Semilla, por Decreto, instituyó la Fiesta de la yerba Mate, la que se concretó durante el gobierno del Ing. Eduardo Otaño.
A la Primera Fiesta Nacional de la Yerba Mate, se sumó el Primer Congreso Nacional del Tabaco y la Segunda Muestra del Trabajo regional. Todo ello constituyó la Quincena del Turismo. Pero el acontecimiento central fue la fiesta de la Yerba Mate, que contó con la presencia del Presidente Edelmiro J. Farrell, en la noche del 4 de octubre de 1943, acompañado de una importante comitiva.
Para la elección de la reina de la yerba mate, sucesora de la misteriosa Caa-Yary de la leyenda, se presentaron numerosas candidatas de los diferentes municipios, quienes participaron en un pintoresco desfile de carrozas.
Actualmente la fiesta anual y nacional, se lleva a cabo en Apóstoles, capital de la yerba mate.


CONCLUSION

La explotación, producción y consumo de la yerba mate está vinculada con toda la historia de nuestra provincia. Con la colonización del territorio, con el surgimiento de sus pueblos, con su economía y organización, con la vida misma de su gente, que además de producir, elaborar y comerciar la yerba, toma y comparte el mate.
Como hemos explicado, la producción yerbatera en nuestra región misionera comienza con las reducciones jesuíticas de guaraníes, por lo que la consideramos patrimonio jesuítico.
El hábito de tomar mate es más antiguo, anterior a la colonización española. Tuvo gran difusión y aceptación en las reducciones y continuó en épocas posteriores, hasta el presente. Esta costumbre de matear nunca se abandonó, porque el mate reconforta el cuerpo y el ánimo, crea vínculos entre las personas, ayuda a superar los momentos difíciles y es un modo sencillo de celebrar la alegría de la vida.


CITAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Antonio Ruiz de Montoya, La conquista espiritual. Madrid, Imprenta del Reino, 1639. Pág. 8.
(2) Antonio Sepp, Jardín de Flores Paracuario. Buenos Aires, Eudeba, 1974. Págs. 86-87.
(3) Guillermo Furlong, Misiones y sus pueblos de guaraníes. Posadas. Lumicop, 1978. Pág. 416.
(4) Edgar Poenitz y Alfredo Poenitz, Misiones, Provincia Guaranítica. Posadas, Editorial Universitaria (UNAM), 1993. Pág. 33.
(5) Idem.
(6) Amadeo Bonpland, notas sobre la utilidad de trabajar los yerbales. En: Revista Farmacéutica T:V: Buenos Aires, 1897. Cit. En: María Angélica Amable y Liliana Mirta Rojas, Historia de la yerba mate en Misiones. Posadas, Ediciones Montoya, 1989. Pág. 82.


Biblioteca Virtual del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
Ayacucho 1962 - Posadas - Misiones - Argentina

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