"La Eucaristía y la Comunión eclesial" - (Primera parte) - 29.02.04

 

Queridos hermanos y hermanas:

Durante los últimos años hemos buscado acentuar una de las prioridades de nuestra Diócesis: El comprometernos con la pastoral orgánica, como fruto de una mayor espiritualidad y eclesiología de comunión.

En este tiempo cuaresmal en que nos queremos preparar para celebrar la Pascua y al encontrarnos con la proximidad del Congreso Eucarístico Nacional, vemos la oportunidad para ahondar el camino de profundización de “la Eucaristía-comunión” como una necesidad para cumplir el mandato del Señor: “En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que tengan los unos a los otros” (Jn. 13,35).

La prioridad por la pastoral orgánica es la primera orientación que tenemos a seguir en la acción evangelizadora de nuestra Diócesis. Sabemos que lograr este objetivo es prácticamente imposible si previamente no se da un camino de conversión y una búsqueda de vivir la santidad. La conversión y la búsqueda de santidad para profundizar en la comunión, expresado en cada eucaristía que celebramos, deben estar en el centro de nuestra espiritualidad para vivir este tiempo cuaresmal e introducirnos en la preparación de nuestro año jubilar en el 2007, al cumplir los 50 años de vida de nuestra Diócesis.

Creo conveniente repasar algunos textos que reflexionen sobre la necesidad de priorizar la santidad en este inicio de milenio. Estos textos pertenecen al Papa Juan Pablo II, en la Carta “Novo Millennio Ineunte”: “En primer lugar no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad...” (30). “Recordar esta verdad elemental, poniéndola como fundamento de la programación pastoral que nos atañe al inicio del nuevo milenio, podría parecer, en un primer momento, algo poco práctico: ¿Acaso se puede “programar” la santidad? ¿Qué puede significar esta palabra en la lógica de un plan pastoral? En realidad poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, será un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial... la vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección...” (31).

Esta cuaresma y estos años de preparación hacia nuestro año jubilar del 2007 deben llevarnos a la conversión y a profundizar en la comunión, para asumir los desafíos pastorales que requieren la evangelización en nuestro tiempo. Aquí quiero subrayar que debemos tener una real conciencia que “la conversión” es una propuesta exigente. Requiere situarnos en la verdad descarnada de nuestros límites, fragilidades y pecados. Requiere la pequeñez y humildad de disponernos de corazón para sumarnos a la peregrinación de los hijos pródigos, que vuelven a la casa del Padre, a la “comunión” con Dios.

Los invito como Obispo y Pastor a que asumamos este camino de “comunión” en esta cuaresma de 2004, desde la conversión, la reconciliación y desde una mayor vida eucarística, culminación y alimento de nuestra vida cristiana.

1. La Eucaristía y la Comunión implican la conversión

Hace poco tiempo hemos tenido el regalo del Papa Juan Pablo II que nos ha hecho con la carta-encíclica “Ecclesia de Eucharistia”. El capítulo IV de la misma está dedicado íntegramente a “la eucaristía y comunión eclesial”. Considero importante para nuestra reflexión que reparemos en un texto de dicho capítulo: “En 1985, la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos reconoció en “la eclesiología de comunión” la idea central y fundamental de los documentos del Concilio Vaticano II. La Iglesia mientras peregrina aquí en la tierra, está llamada a mantener y promover tanto la comunión con Dios trinitario como la comunión entre los fieles. Para ello cuenta con la Palabra de Dios y los Sacramentos, sobre todo la Eucaristía, de la cual “vive y se desarrolla sin cesar”, y en la cual, al mismo tiempo, se expresa a sí misma. No es casualidad que el término “comunión” se haya convertido en uno de los nombres específicos de este sublime Sacramento” (34). (continuará)

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

 

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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