Nuestra
región después de padecer prácticamente una
ruptura con la primera evangelización y cultura guaraní-jesuítica,
inició un camino a fines del siglo XIX y XX, que nos dan
la peculiaridad de ser en la Argentina y en nuestra América
Latina, uno de los lugares de mayor heterogeneidad racial y cultural.
Es admirable el proceso de convivencia de la diversidad, de integración
y fusión que se van dando en nuestra Provincia. Desde ya
esto que por un lado significa una gran riqueza, también
lleva una gran complejidad y la necesidad de tener conciencia
que pasarán varios años para que se vaya dando una
mayor identidad misionera. La misma ubicación geográfica
hacen que nuestra Provincia sea muy vital sobre todo por su situación
en relación al mercosur y a la vez las dificultades de
tener el 90% de límites internacionales. En realidad a
estas generaciones les tocará poner los cimientos de la
provincia que queremos ser. La Iglesia que fue desde la primera
hora y es parte de esta historia vive un proceso de acompañamiento
de la diversidad racial y cultural, de las culturas nativas y
de los inmigrantes. Nuestro mismo clero en su mayoría perteneciente
a las diversas congregaciones y que están en la Diócesis,
se caracterizan por ser sobre todo misioneros extranjeros europeos
y en gran número asiáticos. En la primera Misa Crismal
que celebré a los pocos días de asumir la Diócesis,
debo confesar que me quedé sorprendido, por contar con
sacerdotes de tantos y variados países.
Esta
descripción en realidad son solo algunas pinceladas para
que ahondemos la comprensión que la eclesiología
de comunión es una necesidad y a la vez una urgencia. Desde
ya que las consecuencias pastorales de esta heterogeneidad se
dan en muchos criterios y formas de actuar que requieren mayor
comunión en la catequesis, la liturgia, el ejercicio de
la caridad, temas económicos... “en el corazón”.
Creo
que no es difícil acentuar el tema de la comunión,
porque si bien hay un largo camino por recorrer, hay también
un camino iniciado, donde la caridad y solidaridad de laicos,
religiosas y religiosos, diáconos y sacerdotes, se hacen
patentes en nuestras formas de organización. Las semanas
del clero, las reuniones zonales, los consejos diocesanos y parroquiales
y Asambleas van expresando que hay un fuerte deseo de avanzar
hacia una mayor comunión como condición indispensable
para evangelizar nuestro siglo y milenio.
3.
Algunos caminos pastorales de comunión en nuestra Diócesis
En
esta parte de la reflexión solo acentuaré algunas
instancias fundamentales en este camino de profundización
en relación a la eclesiología de comunión
que vamos transitando. Desde ya que como señalaba en el
inicio, nada de esto es practicable sin la conversión y
la búsqueda “decidida” de la santidad en nuestra vidas
y comunidades.
*
Organización diocesana: Considero que “la guía
diocesana” editada en el 2003, nos permite entender nuestro modo
de buscar organizarnos e ir implementando la pastoral orgánica.
Sobre todo quiero subrayar la importancia del Consejo de Pastoral
Diocesano, organismo en donde están representados todos
los sectores del Pueblo de Dios y que por un lado cumple la tarea
de asesorar al Obispo en temas de la pastoral diocesana y por
otro, lo acompaña en todos los acontecimientos comunes
de la evangelización, que requieren de la pastoral orgánica.
Desde allí se han proyectado “Loreto” como nuestro centro
de espiritualidad y peregrinación, Asambleas, novenarios,
el plan compartir, las prioridades pastorales y el camino hacia
un sínodo en nuestro año jubilar de 2007.
*
Colecta cuaresmal del 1%: Este año la hacemos
por tercera vez. Está ligado a este tema del compartir
y de la comunión de bienes. Es un gesto concreto en el
contexto del tiempo cuaresmal. Este 1% como mínimo que
ofrecemos del total de nuestros ingresos en el mes no tiene valor
si no va acompañado de la conversión, ayuno solidario
y oración. Esta ayuda durante estos años permitió
que miles de personas mejoren sus ranchos y viviendas precarias.
Es obvio que sin gestos de caridad concretos no vivimos el mandamiento
del amor y las celebraciones eucarísticas nos reclamarán
coherencia. (continuará)
¡Un
saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons.
Juan Rubén Martínez