La comunión y nuestra realidad Diocesana (continuación) - 14.03.04

 

Nuestra región después de padecer prácticamente una ruptura con la primera evangelización y cultura guaraní-jesuítica, inició un camino a fines del siglo XIX y XX, que nos dan la peculiaridad de ser en la Argentina y en nuestra América Latina, uno de los lugares de mayor heterogeneidad racial y cultural. Es admirable el proceso de convivencia de la diversidad, de integración y fusión que se van dando en nuestra Provincia. Desde ya esto que por un lado significa una gran riqueza, también lleva una gran complejidad y la necesidad de tener conciencia que pasarán varios años para que se vaya dando una mayor identidad misionera. La misma ubicación geográfica hacen que nuestra Provincia sea muy vital sobre todo por su situación en relación al mercosur y a la vez las dificultades de tener el 90% de límites internacionales. En realidad a estas generaciones les tocará poner los cimientos de la provincia que queremos ser. La Iglesia que fue desde la primera hora y es parte de esta historia vive un proceso de acompañamiento de la diversidad racial y cultural, de las culturas nativas y de los inmigrantes. Nuestro mismo clero en su mayoría perteneciente a las diversas congregaciones y que están en la Diócesis, se caracterizan por ser sobre todo misioneros extranjeros europeos y en gran número asiáticos. En la primera Misa Crismal que celebré a los pocos días de asumir la Diócesis, debo confesar que me quedé sorprendido, por contar con sacerdotes de tantos y variados países.

Esta descripción en realidad son solo algunas pinceladas para que ahondemos la comprensión que la eclesiología de comunión es una necesidad y a la vez una urgencia. Desde ya que las consecuencias pastorales de esta heterogeneidad se dan en muchos criterios y formas de actuar que requieren mayor comunión en la catequesis, la liturgia, el ejercicio de la caridad, temas económicos... “en el corazón”.

Creo que no es difícil acentuar el tema de la comunión, porque si bien hay un largo camino por recorrer, hay también un camino iniciado, donde la caridad y solidaridad de laicos, religiosas y religiosos, diáconos y sacerdotes, se hacen patentes en nuestras formas de organización. Las semanas del clero, las reuniones zonales, los consejos diocesanos y parroquiales y Asambleas van expresando que hay un fuerte deseo de avanzar hacia una mayor comunión como condición indispensable para evangelizar nuestro siglo y milenio.

3. Algunos caminos pastorales de comunión en nuestra Diócesis

En esta parte de la reflexión solo acentuaré algunas instancias fundamentales en este camino de profundización en relación a la eclesiología de comunión que vamos transitando. Desde ya que como señalaba en el inicio, nada de esto es practicable sin la conversión y la búsqueda “decidida” de la santidad en nuestra vidas y comunidades.

* Organización diocesana: Considero que “la guía diocesana” editada en el 2003, nos permite entender nuestro modo de buscar organizarnos e ir implementando la pastoral orgánica. Sobre todo quiero subrayar la importancia del Consejo de Pastoral Diocesano, organismo en donde están representados todos los sectores del Pueblo de Dios y que por un lado cumple la tarea de asesorar al Obispo en temas de la pastoral diocesana y por otro, lo acompaña en todos los acontecimientos comunes de la evangelización, que requieren de la pastoral orgánica. Desde allí se han proyectado “Loreto” como nuestro centro de espiritualidad y peregrinación, Asambleas, novenarios, el plan compartir, las prioridades pastorales y el camino hacia un sínodo en nuestro año jubilar de 2007.

* Colecta cuaresmal del 1%: Este año la hacemos por tercera vez. Está ligado a este tema del compartir y de la comunión de bienes. Es un gesto concreto en el contexto del tiempo cuaresmal. Este 1% como mínimo que ofrecemos del total de nuestros ingresos en el mes no tiene valor si no va acompañado de la conversión, ayuno solidario y oración. Esta ayuda durante estos años permitió que miles de personas mejoren sus ranchos y viviendas precarias. Es obvio que sin gestos de caridad concretos no vivimos el mandamiento del amor y las celebraciones eucarísticas nos reclamarán coherencia. (continuará)

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

 

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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