Con
la celebración del Domingo de Ramos, entramos
decididamente en la Semana Santa. Jesucristo, el Señor
entra en Jerusalén. Es ahí donde vivirá
la intensidad de sus últimas horas. En este domingo leeremos
los textos de la pasión (Lc.
22,7.14 – 23,56). Jesús montado sobre un
pobre burro, es el rey humilde que contradice el poder romano
y religioso de los judíos que no entendieron la presencia
de Dios. Con la lectura de estos textos nos prepararemos para
celebrar el jueves, la cena del Señor, la institución
de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial. La celebración
del “vía crucis” el Viernes Santo. El sábado
por la noche la Misa empezará en la oscuridad y el cirio
será la luz de Cristo, la esperanza y la Vida que ilumina
las tinieblas. Los aleluyas expresarán el triunfo de
la Vida, sobre la muerte, porque Cristo, resucitó. La
liturgia Pascual nos invitará a que nosotros también
subamos a Jerusalén para vivir nuestra Pascua.
En
este domingo de Ramos vivimos desde hace varios años
la Jornada Mundial de los Jóvenes. El Papa envía
habitualmente un mensaje a nuestros jóvenes. Este año
con ocasión de la XIX Jornada mundial de la Juventud,
les envió una reflexión denominada “Queremos ver
a Jesús” (Jn. 12,21).
En nuestra Diócesis en varias comunidades se celebrará
esta jornada, especialmente en la Parroquia Santa Teresita del
Niño Jesús de 25 de mayo, se realizará
un encuentro interparroquial de la zona centro. Como Obispo
y Pastor de la Diócesis me uno a nuestros jóvenes
que viven con alegrías, esperanzas, sufrimientos, incertidumbres,
angustias y que en su corazón está este reclamo
maravilloso: “Queremos ver a Jesús”.
El
Papa reflexiona sobre el texto de la frase “queremos ver a Jesús”
del Evangelio según San Juan 12,21: “Aquellos
“griegos” que buscaban la verdad no hubieran podido acercarse
a Cristo si su deseo, movido por un acto libre y voluntario,
no se hubiese concretizado en una decisión clara: “queremos
ver a Jesús”. Ser realmente libres significa tener la
fuerza para elegir a Aquel por el que hemos sido creados y aceptar
su señoría sobre nuestra vida. Lo percibís
en el fondo de tu corazón: todos los bienes de la tierra,
todos los éxitos profesionales, el mismo amor humano
que sueñan, nunca podrán satisfacer plenamente
sus deseos más íntimos y profundos. Sólo
el encuentro con Jesús podrá dar pleno sentido
a su vida: “Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón
está inquieto hasta que repose en ti”, ha escrito San
Agustín (Confesiones I,1).
No se distraigan en esta búsqueda. Perseveren en ella,
porque lo que está en juego es su plena realización
y su gozo”.
Esta
Semana Santa es un tiempo en donde podremos encontrarnos con
Jesucristo, en toda su intimidad, realidad y plenitud. Si Él
es el Camino, la Verdad y la Vida, podremos reconocer en la
Cruz, y en nuestras cruces, las opciones válidas para
encaminarnos a “la Vida nueva” de los hijos y amigos de Dios.
El Papa también nos dice al respecto: “No se sorprendan
después si en su camino se encuentran con la cruz. ¿Acaso
Jesús no les ha dicho a sus discípulos que el
grano de trigo tiene que caer en tierra y morir para dar mucho
fruto? (Jn. 12,23-26).
De esta forma indicaba que su vida entregada hasta la muerte
sería fecunda: Lo saben: después de la resurrección
de Cristo, la muerte no tendrá más la última
palabra. El amor es más fuerte que la muerte. Si Jesús
ha aceptado la muerte en cruz, haciendo de ella el manantial
de vida y el signo del amor, no es ni por debilidad ni por gusto
al sufrimiento. Es para obtener la salvación y hacernos
partícipes de su vida divina”.
Queridos
amigos, a todas las personas de buena voluntad, a los cristianos
y especialmente a nuestros jóvenes, al finalizar esta
reflexión no dudo en pedirles que nos dispongamos a compartir
con Jesús, el Señor, estos días, a vivir
la Pascua, para renovarnos en la Fe y podamos ser fermento de
transformación social e instrumentos de esperanza.
¡Les
envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo
Pascual!
Mons.
Juan Rubén Martínez