XLI "Jornada Mundial por las Vocaciones" - Cuarto Domingo de Pascua - 02.05.04

 

Cada año en este cuarto domingo de Pascua rezamos por las vocaciones. “Vocación” quiere decir llamado y en la vida de cada hombre y mujer, hay un llamado a estar en comunión de amor con Dios. En este domingo celebramos la “Jornada Mundial por las vocaciones” y oramos especialmente por las vocaciones sacerdotales y consagradas. Anualmente el Papa Juan Pablo II nos envía una carta y este año acentúa la necesidad que en nuestras comunidades, cada cristiano y los mismos sacerdotes y consagrados oremos especialmente por las vocaciones. El Papa nos dice: “Contemplar a Cristo, presente real y sustancialmente bajo las especies de pan y el vino, pueden suscitar en el corazón de quienes están llamados al sacerdocio o a una misión particular en la Iglesia el mismo entusiasmo que, en el monte de la transfiguración, impulsó a Pedro a exclamar: “Señor, es bueno estar aquí” (Mt. 17,4)... Quiera Dios que todas las comunidades cristianas se conviertan en auténticas escuelas de oración, donde se ore para que no falten obreros en el vasto campo del trabajo apostólico. También es necesario que la Iglesia acompañe con constante solicitud espiritual a aquellos que Dios ha llamado y que “siguen al Cordero a dondequiera que vaya”. (3)

El texto de este domingo (Juan 10,27-30), nos ayuda a comprender la importancia de orar por las vocaciones sacerdotales y consagradas y a ahondar en esta imagen de Jesús, como Buen Pastor: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna...” El mismo Señor eligió a los Apóstoles, entre los discípulos, para que sean sus sacerdotes y apacienten sus ovejas. En este sentido es bueno recordar el diálogo entre Jesús y Pedro: “Simón hijo de Juan ¿me amas? Señor tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo, apacienta mis ovejas” (Jn. 21,17). Hoy también seguimos necesitando que haya jóvenes que quieran donar su vida a Dios y a sus hermanos, respondiendo al llamado que Dios les hace a la vida sacerdotal o consagrada.

Si bien estas vocaciones específicas siempre han revelado más intensamente la presencia de Dios, hoy son especialmente necesarias. Son un signo orientador para una “sociedad” excesivamente materialista y pragmática. En definitiva la solución a un tiempo marcado por distintas crisis, no pasa por el solo aumento de “tecnología avanzada” o la “credibilidad de los mercados”, sino en la multiplicación de gente “creíble” que quiera vivir una mayor comunión con Dios y considere a cada hombre su hermano, generando una cultura más solidaria.

En nuestra Diócesis de Posadas necesitamos muchachos que respondan al llamado de Dios a la vida sacerdotal. Posadas es una de las Diócesis en Argentina que tiene menos sacerdotes diocesanos (o sea pertenecientes a la misma Diócesis), en proporción de habitantes. En la misma ciudad de Posadas donde a diario crece la población, hay Parroquias con más de 50.000 habitantes que tienen uno o dos sacerdotes. Gracias a Dios que contamos con la colaboración de numerosos religiosos que nos ayudan en la tarea evangelizadora. Al dar estas cifras resuena muy fuertemente en nuestra realidad misionera el reclamo de Jesús a orar por las vocaciones. “¡La mies es mucha y los obreros pocos! Roguemos pues, a Dios, mande obreros a su mies” (Mt. 9,37-38). En este sentido consideramos una bendición del Señor la apertura del Seminario en su etapa filosófico-teológica, Santo Cura de Ars. Desde ya quiero agradecer la oración y colaboración del pueblo de Dios en Misiones por nuestro Seminario, que es un signo claro de esperanza para la evangelización de la Iglesia.

Este domingo vocacional es una oportunidad para que cada uno de los consagrados y de los sacerdotes, demos gracias a Dios por nuestro llamado. Desde ya que ninguno somos dignos de este maravilloso “don” de Dios. Yo personalmente debo dar gracias por estar próximo a cumplir 25 años de sacerdote. Cruces no me faltaron, pero Dios es providente y nos acompaña con predilección, para que nuestra vida esté cargada de sentido.

Al finalizar esta reflexión en la Jornada por las vocaciones, quiero pedir a todas las comunidades que intensifiquen la oración por las vocaciones, y a los jóvenes y a las jóvenes, que vivan a fondo su “vocación cristiana” y si Dios los llama al sacerdocio o a la vida consagrada, no se achiquen, que Dios no abandona.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

 

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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