Cada
año en este cuarto domingo de Pascua rezamos por las vocaciones.
“Vocación” quiere decir llamado y en la vida de
cada hombre y mujer, hay un llamado a estar en comunión
de amor con Dios. En este domingo celebramos la “Jornada Mundial
por las vocaciones” y oramos especialmente por las vocaciones
sacerdotales y consagradas. Anualmente el Papa Juan Pablo II nos
envía una carta y este año acentúa la necesidad
que en nuestras comunidades, cada cristiano y los mismos sacerdotes
y consagrados oremos especialmente por las vocaciones. El Papa
nos dice: “Contemplar a Cristo, presente real y sustancialmente
bajo las especies de pan y el vino, pueden suscitar en el corazón
de quienes están llamados al sacerdocio o a una misión
particular en la Iglesia el mismo entusiasmo que, en el monte
de la transfiguración, impulsó a Pedro a exclamar:
“Señor, es bueno estar aquí” (Mt.
17,4)... Quiera Dios que todas las comunidades cristianas
se conviertan en auténticas escuelas de oración,
donde se ore para que no falten obreros en el vasto campo del
trabajo apostólico. También es necesario que la
Iglesia acompañe con constante solicitud espiritual a aquellos
que Dios ha llamado y que “siguen al Cordero a dondequiera que
vaya”. (3)
El
texto de este domingo (Juan 10,27-30),
nos ayuda a comprender la importancia de orar por las vocaciones
sacerdotales y consagradas y a ahondar en esta imagen de Jesús,
como Buen Pastor: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco
y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna...” El mismo Señor
eligió a los Apóstoles, entre los discípulos,
para que sean sus sacerdotes y apacienten sus ovejas. En este
sentido es bueno recordar el diálogo entre Jesús
y Pedro: “Simón hijo de Juan ¿me amas? Señor
tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero. Entonces Jesús
le dijo, apacienta mis ovejas” (Jn. 21,17).
Hoy también seguimos necesitando que haya jóvenes
que quieran donar su vida a Dios y a sus hermanos, respondiendo
al llamado que Dios les hace a la vida sacerdotal o consagrada.
Si
bien estas vocaciones específicas siempre han revelado
más intensamente la presencia de Dios, hoy son especialmente
necesarias. Son un signo orientador para una “sociedad” excesivamente
materialista y pragmática. En definitiva la solución
a un tiempo marcado por distintas crisis, no pasa por el solo
aumento de “tecnología avanzada” o la “credibilidad de
los mercados”, sino en la multiplicación de gente “creíble”
que quiera vivir una mayor comunión con Dios y considere
a cada hombre su hermano, generando una cultura más solidaria.
En
nuestra Diócesis de Posadas necesitamos muchachos que respondan
al llamado de Dios a la vida sacerdotal. Posadas es una de las
Diócesis en Argentina que tiene menos sacerdotes diocesanos
(o sea pertenecientes a la misma Diócesis), en proporción
de habitantes. En la misma ciudad de Posadas donde a diario crece
la población, hay Parroquias con más de 50.000 habitantes
que tienen uno o dos sacerdotes. Gracias a Dios que contamos con
la colaboración de numerosos religiosos que nos ayudan
en la tarea evangelizadora. Al dar estas cifras resuena muy fuertemente
en nuestra realidad misionera el reclamo de Jesús a orar
por las vocaciones. “¡La mies es mucha y los obreros pocos!
Roguemos pues, a Dios, mande obreros a su mies”
(Mt. 9,37-38). En este sentido consideramos una bendición
del Señor la apertura del Seminario en su etapa filosófico-teológica,
Santo Cura de Ars. Desde ya quiero agradecer la oración
y colaboración del pueblo de Dios en Misiones por nuestro
Seminario, que es un signo claro de esperanza para la evangelización
de la Iglesia.
Este
domingo vocacional es una oportunidad para que cada uno de los
consagrados y de los sacerdotes, demos gracias a Dios por nuestro
llamado. Desde ya que ninguno somos dignos de este maravilloso
“don” de Dios. Yo personalmente debo dar gracias por estar próximo
a cumplir 25 años de sacerdote. Cruces no me faltaron,
pero Dios es providente y nos acompaña con predilección,
para que nuestra vida esté cargada de sentido.
Al
finalizar esta reflexión en la Jornada por las vocaciones,
quiero pedir a todas las comunidades que intensifiquen la oración
por las vocaciones, y a los jóvenes y a las jóvenes,
que vivan a fondo su “vocación cristiana” y si Dios los
llama al sacerdocio o a la vida consagrada, no se achiquen, que
Dios no abandona.
¡Un
saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons.
Juan Rubén Martínez