De donde venimos
1.
A lo largo de estos últimos años, y más concretamente desde
nuestra participación en el Diálogo Argentino, describimos la
situación de nuestro país como una crisis moral y del bien común.
Crisis de valores que en su momento culminante se manifestó
en disgregación, desencuentro y ruptura de vínculos, y cuyo
saldo más negativo fue la polarización social que nos afecta
y que se hace visible en tantos signos de pobreza y exclusión.
Sabemos que revertir este proceso demandará mucho tiempo y heroicos
esfuerzos.
2.-
También desde hace tiempo descubrimos en el trasfondo de esta
situación una dimensión cultural secularista que “concibe la
vida humana personal y social al margen de Dios” (NMA,29). Olvido
de Dios y de su ley que lleva a un relativismo moral que afecta
la concepción de la persona y de los vínculos humanos, en primer
lugar del matrimonio y de la familia, y que pone en peligro
la vida humana naciente cuando se quiere hacer olvidar que el
aborto es un crimen que mata al más indefenso de los seres humanos.
Relativismo que afecta seriamente a la educación de nuestros
niños y jóvenes al no fundarla en una escala de valores que
priorice la persona, el respeto de la ley y la construcción
de la sociedad basada en la justicia. Es ilusorio buscar solamente
en la severidad de la ley el encaminar a nuestros jóvenes en
el bien y el respeto a la vida y a los bienes ajenos.
3.-
La inseguridad ciudadana –que mueve multitudes- también tiene
su origen en la carencia de valores, pero advertimos de otra
inseguridad que alcanza a muchos hermanos nuestros: la de las
familias campesinas, aborígenes y de algunos sectores urbanos
que no tienen acceso a la tierra o se les desconoce su propiedad.
Asimismo la venta indiscriminada de grandes extensiones en las
que se desmonta el bosque nativo poniendo en peligro al medio
ambiente, casa común en la que todos debemos vivir.
Nuestro
camino
4.-
Los argentinos confiando en la ayuda de Dios y acudiendo a experiencias
de diálogo y comunión, pudimos encontrar en el momento más difícil
de la crisis, una primera salida sin violentar el orden institucional.
Pero,
acaso, ¿hemos salido de la crisis? Nuestra visión exitista nos
puede hacer ilusionar una vez más en que nuestra salvación consiste
en el incipiente repunte económico por el que atravesamos.
Si
las causas de la crisis son tan hondas, el camino a recorrer
será arduo y no exento de sacrificios. Las experiencias de diálogo,
de la búsqueda de comunión y de reconciliación, que en lo peor
de la crisis nos permitieron dar los primeros pasos, son las
que debemos seguir profundizando, excluyendo toda forma de violencia
que vulnere los derechos de terceros.
Es
el camino de las reformas profundas que permitan restablecer
una mayor confiabilidad en los representantes del pueblo y un
renovado fortalecimiento de los poderes del Estado.
Es
el camino de la búsqueda de políticas consensuadas que trasciendan
a personas y gobiernos y faciliten una participación ciudadana
más amplia, que impedirá la acumulación de poder en unos pocos
y ayudará a desterrar los caudillismos y personalismos que tanto
mal han causado a nuestro pueblo, debilitando las instituciones.
Nuestro
compromiso ciudadano
5.-
En la oración preparatoria del Xº Congreso Eucarístico Nacional
le pedimos al Señor que “sea el acontecimiento de gracia que
nos devuelva a Jesús como autor de nuestra fe y de nuestro compromiso
ciudadano”. Este es uno de los frutos que se derivan de la novedad
de la resurrección de Jesucristo y nos ha de impulsar a todos
los cristianos a vivir en nuestro país de una manera totalmente
nueva, desterrando de nosotros los criterios y comportamientos
sociales contrarios al bien común y no acordes con el Evangelio
de Jesús. Éste nos manda resistir el mal con el bien, y no ceder
a la corrupción por pequeña que fuere. No podemos olvidar que
nuestra crisis es fruto de innumerables claudicaciones en la
conducta moral de los ciudadanos, en particular de sus dirigentes.
Sólo podremos salir de ella con “hombres y mujeres honestos
y capaces, que amen y sirvan a la Patria”, que cumplan sus deberes
y no se contenten únicamente con exigir sus derechos.
6.-
Entre las muchas tareas a las que nos llama hoy nuestro compromiso
ciudadano creemos fundamental “hacer posible la reconciliación
en nuestra sociedad, herida por la división y el desencuentro”.
A los argentinos el pasado nos sigue pesando demasiado. Si lo
asumimos desde la reconciliación, en lugar de ser causa de divisiones
se transformará en escuela que nos enseñe todo lo que debemos
hacer para integrarnos y crecer en comunión.
En
esto los cristianos tenemos una tarea insustituible, pues nos
capacita para ello nuestra fe en Jesús, que nos reconcilió con
el Padre y entre nosotros, mediante su muerte en la cruz. No
es menos dolorosa la profundización de nuevas divisiones en
el presente con la marginación y exclusión de una gran parte
del pueblo. Por ello, otra gran tarea que nos toca es promover
“la auténtica solidaridad con quienes están más heridos a causa
de la injusticia y de la pobreza”.
7.
Concluimos este mensaje pidiendo al Señor que sea Él quien “inspire
nuestros proyectos y esperanzas”. Hoy decimos a todos que no
solo “queremos ser Nación” sino que necesitamos ser
Nación , “cuya identidad sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común”. Lo necesitamos para que
todos los argentinos sin exclusión alguna podamos vivir nuestra
dignidad de hijos de Dios y para insertarnos en una sana y fraterna
convivencia con todas las naciones del mundo.
Una
vez más ponemos nuestra esperanza en manos de María Santísima,
quien siempre estuvo a nuestro lado acompañándonos con su maternal
protección.
Los
Obispos de la Argentina
reunidos
en la 87ª Asamblea Plenaria
San
Miguel, 15 de mayo de 2004