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Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
En este
domingo de la Ascensión del Señor, la Iglesia celebra
la “Jornada Mundial de las comunicaciones sociales”. En el texto
de este domingo (Lc. 24,46-53), el
Señor les dice a los Apóstoles: “Entonces les abrió
la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió:
“Así estaba escrito: El Mesías debía sufrir
y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando
por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas
las naciones la conversión para el perdón de los pecados...”
(Lc. 24,46-47). En realidad este mandato
se sitúa en el centro de la tarea de todo bautizado que es
evangelizar y que siempre implicará, por lo tanto “comunicar”
el Evangelio. Por tal motivo en esta jornada la Iglesia quiere celebrar
con todos los comunicadores sociales, periodistas, locutores...,
trabajadores en general ligados a esta tarea, orando, reflexionando
y pidiendo por todos ellos y por todos los cristianos o sea la misma
Iglesia llamada a ser por Jesucristo, el Señor, comunicadora
de la buena noticia de la Salvación.
Cada
año el Papa Juan Pablo II envía una carta para esta
Jornada. El mismo nos dice: “El tema elegido para la Jornada mundial
de las comunicaciones sociales de 2004, “Los medios en la familia:
un riesgo y una riqueza”, es muy oportuno, puesto que invita a una
sobria reflexión sobre el uso que hacen las familias de los
medios de comunicación, y también sobre el modo en
que los medios de comunicación tratan a la familia y las
cuestiones que afectan a la familia. El tema de este año
sirve, además, para recordar a todos, tanto a los agentes
de la comunicación como a las personas a las que se dirigen,
que toda comunicación tiene una dimensión moral. Como
dijo el Señor mismo, de la abundancia del corazón
habla la boca (Cf. Mt. 12,34-35). La
estatura moral de las personas crece o disminuye según las
palabras que pronuncian y los mensajes que eligen oír. En
consecuencia, los agentes de la comunicación, los padres
y los educadores, tienen especial necesidad de sabiduría
y discernimiento en el uso de los medios de comunicación
social, pues sus decisiones influyen en gran medida en los niños
y en los jóvenes de los que son responsables y que, en definitiva,
son el futuro de la sociedad” (1).
El Papa
en la primera parte del texto exhorta a los comunicadores sociales:
“Una reflexión atenta sobre la dimensión ética
de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas
orientados a eliminar los peligros para el bienestar de la familia
planteados por los medios de comunicación social y asegurar
que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas
fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad
especial los agentes de la comunicación, las autoridades
públicas y los padres. El Papa Pablo VI subrayó que
los agentes de la comunicación “deben conocer y respetar
las exigencias de la familia. Esto supone en ellos a veces una gran
valentía y siempre un hondo sentido de responsabilidad” (Jornada
l969). No es tan fácil resistir a las presiones comerciales
o a las exigencias de adecuarse a las ideologías seculares,
pero eso es precisamente lo que los agentes de la comunicación
responsables deben hacer. Es mucho lo que está en juego,
pues cualquier ataque al valor fundamental de la familia es un ataque
al bien auténtico de la humanidad” (4).
También
el Santo Padre en su reflexión sobre los medios en la familia
se dirige a las autoridades públicas: “Las autoridades públicas
tienen el grave deber de apoyar el matrimonio y la familia en beneficio
de la sociedad misma. En cambio, muchos ahora aceptan y actúan
basándose en argumentos libertarios infundados de algunos
grupos que defienden prácticas que contribuyen al grave fenómeno
de la crisis de la familia y al debilitamiento del concepto auténtico
de familia. Sin recurrir a la censura, es necesario que las autoridades
públicas pongan en práctica políticas y procedimientos
de reglamentación para asegurar que los medios de comunicación
social no actúen contra el bien de la familia. Los representantes
de las familias deben participar en la elaboración de esas
políticas”. (4)
Finalmente
el Papa Juan Pablo II se dirige a los mismos padres de familia:
“Los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos,
son también los primeros en explicarles cómo usar
los medios de comunicación. Están llamados a formar
a sus hijos “en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente
de tales medios” en el hogar (Familiaris consortio
76). Cuando los padres lo hacen bien y con continuidad, la
vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los niños pequeños
se les puede dar importantes explicaciones sobre los medios de comunicación
social; que son producidos por personas interesadas en transmitir
mensajes; que esos mensajes a menudo inducen a hacer algo -o comprar
un producto, a tener una conducta discutible- que no beneficia al
niño o no corresponde a la verdad moral; que los niños
no deben aceptar o imitar de modo acrítico lo que encuentran
en los medios de comunicación social” (5).
Al asumir
esta reflexión del Papa, para esta nueva Jornada de las comunicaciones
2004, no dudamos en señalar la vigencia que tiene esta problemática
en nuestra realidad argentina y misionera. Los diversos medios de
comunicación social, televisión, radio, escritos,
internet... están ligados a la educación, a la formación
o no de valores y “definen” que sociedad queremos ser. Si queremos
construir un mañana con esperanza, tendremos que sabernos
responsables del presente.
¡Un
saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons.
Juan Rubén Martínez
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