Décimo Segundo Domingo del año - 20.06.04

 

El lunes 21 de Junio viviremos un acontecimiento singular en nuestra Diócesis. Celebraremos la Asamblea Diocesana en Oberá, donde estarán presentes nuestros sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y el laicado representando a las Parroquias, escuelas, comisiones, asociaciones, movimientos... de las comunidades y sectores de toda la Diócesis. En dicha Asamblea, iniciaremos la fase preparatoria de nuestro Sínodo Diocesano, que celebraremos con motivo de los 50 años de la creación de nuestra Diócesis en nuestro año jubilar del 2007.

No dudo en señalar que el mejor aporte que podemos ofrecer los cristianos a nuestro tiempo tan enrarecido por tantos odios, es buscar crecer en la “comunión”. La fragmentación del postmodernismo, la profunda crisis de la civilización, el individualismo mercantil y la indiferencia secularista, son algunas de las causas que generan ambientes complejos, en donde nos mimetizamos todos y sobre todo nuestra dirigencia, sin que nos cuestionemos, ni evaluemos el por qué de tantos absurdos e insensatez social. Hace algunos meses señalaba que “en primer lugar debemos ser sinceros y confesar que no es fácil vivir la comunión”. No creo necesario hacer un catálogo de los conflictos de nuestra realidad, basta que cada uno evalúe las situaciones de división tanto en la sociedad, como en nuestras mismas comunidades eclesiales y familiares. Una de las causas principales que dificultan vivir la comunión con Dios y con los hermanos es el pecado de “soberbia”, que impide colocarlo a Dios como el Señor de nuestras vidas, comunidades, instituciones y en las mismas estructuras culturales y sociales. La soberbia nos provoca la tentación de querer ser como “dioses”... nuestra sociedad está sobre cargada de conflictos, de luchas por el poder y de injusticias, pero también nuestras comunidades cristianas y familias se mimetizan y viven el escándalo de la división, que siempre tiene su causa en el egoísmo, en los celos, en la envidia, pero sobre todo en la soberbia que es la madre de todos los pecados. Es cierto que no faltan los cristianos, que rápidamente se dicen católicos y que sus actitudes y comportamientos contradicen la fe que profesan. Debo confesar que estoy asombrado como por cuestiones ligadas a los afectos, enojos, celos... se generan odios, venganzas, calumnias... que son totalmente incompatibles con la condición de cristianos y sin problema siguen llamándose católicos y algunos continúan recibiendo la eucaristía sin recordar la enseñanza del Señor que primero debemos buscar reconciliarnos con nuestros hermanos y después recibir su cuerpo.

Como Diócesis, vamos profundizando esta exigencia de la comunión, reclamada en cada Misa-eucaristía que celebramos. La pastoral orgánica desde una eclesiología de comunión es la primera orientación que tenemos a seguir en la acción evangelizadora que nos hemos propuesto. Sabemos que este objetivo es prácticamente imposible si previamente no se da un camino de conversión y una búsqueda de vivir la santidad.

Al querer profundizar este camino de comunión y participación, de Asamblea, de evaluación de nuestras vidas, desafíos y misión, en camino a celebrar el jubileo y Sínodo de 2007, nos sentimos interpelados por el Evangelio de este domingo (Lc. 9,18-24). Tendríamos que renovar como Pedro nuestra confesión de fe en Jesucristo: “Tú eres el Mesías de Dios”. Pero también las exigencias que tenemos si queremos ser realmente sus discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a si mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará” (Lc. 9,23-24).

La propuesta de Jesús, no elude el sufrimiento, se distancia del sensacionalismo mediático, de la religiosidad-show, de la superstición y el consumismo religioso. Para convertirnos a la comunión con Dios y los hermanos, tendremos que morir a querer ser como “dioses”. Este es el camino que iniciaremos en esta Asamblea, hacia el jubileo y Sínodo de 2007.

Finalizo esta carta pidiendo por nuestra Patria en el día de la Bandera y por los papás en su día , por los que que viven y por los que ya están con nuestro Padre Dios.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

 

 

Cartas del Obispo
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