"La Reforma Política" - 12.09.04

 

Hace varios años que ininterrumpidamente asumimos el camino de la democracia y en estos últimos tiempos los argentinos sentido la necesidad de madurar nuestra organización política. Después de la profunda crisis institucional de diciembre de 2001, a pesar de los sufrimientos circunstanciales, muchos hemos tenido la esperanza que esa situación de crisis nos llevaría a reflexionar sobre la necesidad de avanzar en una verdadera "reforma política" a nivel nacional y provincial.

Pasados algunos años podemos afirmar con tristeza que este tema a quedado reducido a considerar la conveniencia o no de "las listas sábanas" o bien al número de bancas que necesita el parlamento y para colmo de males estas discusiones, antes y ahora, no parten de ningún "fundamento de principios", sino solamente de las conveniencias electorales de la coyuntura.

Hace algunos días en un artículo escrito por la coordinadora nacional de la Mesa de Diálogo Argentino, María Laura Tajina expresaba refiriéndose a nuestra dirigencia, que la reforma política "no le importa a nadie": "Más allá de las declaraciones de compromiso y de los anuncios estridentes en el Diálogo Argentino advertimos que ni el Poder Ejecutivo, ni nuestros representantes en el Congreso de la Nación se comprometen con la necesidad de modificar las reglas de juego que rigen la política argentina. Es lógico pensar que esa resistencia está relacionada con el hecho de que esos mismos dirigentes llegaron a sus cargos con las reglas que ahora deberían modificar". Pero también añade algo que considero que todos debemos asumir sin tirar la pelota fuera de la cancha: "No todo puede imputárseles a los dirigentes. Los ciudadanos tenemos nuestra parte de responsabilidad en esta pelea por mejorar la calidad del sistema democrático. Para darles un impulso a las reformas hay que participar, hay que exigir, hay que comprometerse de manera permanente. Porque los cacerolazos no alcanzan para consolidar la democracia".

Creo conveniente reiterar algunos conceptos del documento "Iglesia y Comunidad Nacional" de la C.E.A. (1981), que reflexionó sobre algunos temas centrales para la construcción de nuestra democracia. En dicho documento se señalaba que la democracia es participación y que nuestro sistema de partidos políticos forman parte necesaria de la organización de la misma. Supuestamente dichos partidos políticos tienen la responsabilidad de cultivar las diferencias ideológicas, doctrinales y opciones políticas en una sociedad pluralista, ser escuela de educación cívica y tienen además la tarea de propiciar desde la ciudadanía los cuadros de dirigentes que son elegidos y tienen que conducir y legislar. Ya hace más de veinte años se señalaba el peligro que no todo debe pasar por el sufragio, ya que los partidos "no pueden convertirse en meras empresas electorales...".

En nuestra realidad provincial difícilmente podemos descifrar el pensamiento ideológico y doctrinal de las opciones que "aparecen" como mayoritarias en las preferencias de la gente. Es más, las construcciones de poder se van realizando no desde las ideas, sino casi exclusivamente desde referentes y punteros políticos. Muchos de los temas circunstanciales que hacen referencia a situaciones sociales, en general responden no a la preocupación en sí por la cuestión social tratada, ni se ligan a una visión ideológica, ni doctrinal o de principio, sino a directivas verticales en donde se hace abuso de la obediencia y disciplina exigida por los "jefes" que conducen las estrategias. Lamentablemente, el que hoy sostiene una postura, mañana puede sostener exactamente lo contrario, porque hay ausencia de ideales. En este contexto de deterioro político, tenemos esperanza que la gente vaya haciendo un proceso de comprensión de su rol ciudadano y participación. Notamos que hay estilos agotados. Es indispensable que nos propongamos seriamente evitar que nuestro sistema democrático sea una mera estructura formal, distanciada del pueblo.

Para no perder la esperanza queremos que la reflexión, la ética social, el sentido crítico responsable y la participación ciudadana, sean algunos de los aspectos necesarios para mejorar nuestra democracia.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez

 

 

Cartas del Obispo
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