Hace varios años
que ininterrumpidamente asumimos el camino de la democracia
y en estos últimos tiempos los argentinos sentido la
necesidad de madurar nuestra organización política.
Después de la profunda crisis institucional de diciembre
de 2001, a pesar de los sufrimientos circunstanciales, muchos
hemos tenido la esperanza que esa situación de crisis
nos llevaría a reflexionar sobre la necesidad de avanzar
en una verdadera "reforma política"
a nivel nacional y provincial.
Pasados algunos
años podemos afirmar con tristeza que este tema a quedado
reducido a considerar la conveniencia o no de "las listas
sábanas" o bien al número de bancas que necesita
el parlamento y para colmo de males estas discusiones, antes
y ahora, no parten de ningún "fundamento de principios",
sino solamente de las conveniencias electorales de la coyuntura.
Hace algunos días
en un artículo escrito por la coordinadora nacional de
la Mesa de Diálogo Argentino, María Laura Tajina
expresaba refiriéndose a nuestra dirigencia, que la reforma
política "no le importa a nadie": "Más
allá de las declaraciones de compromiso y de los anuncios
estridentes en el Diálogo Argentino advertimos que ni
el Poder Ejecutivo, ni nuestros representantes en el Congreso
de la Nación se comprometen con la necesidad de modificar
las reglas de juego que rigen la política argentina.
Es lógico pensar que esa resistencia está relacionada
con el hecho de que esos mismos dirigentes llegaron a sus cargos
con las reglas que ahora deberían modificar". Pero
también añade algo que considero que todos debemos
asumir sin tirar la pelota fuera de la cancha: "No todo
puede imputárseles a los dirigentes. Los ciudadanos tenemos
nuestra parte de responsabilidad en esta pelea por mejorar la
calidad del sistema democrático. Para darles un impulso
a las reformas hay que participar, hay que exigir, hay que comprometerse
de manera permanente. Porque los cacerolazos no alcanzan para
consolidar la democracia".
Creo conveniente
reiterar algunos conceptos del documento "Iglesia y Comunidad
Nacional" de la C.E.A. (1981), que reflexionó sobre
algunos temas centrales para la construcción de nuestra
democracia. En dicho documento se señalaba que la democracia
es participación y que nuestro sistema de partidos políticos
forman parte necesaria de la organización de la misma.
Supuestamente dichos partidos políticos tienen la responsabilidad
de cultivar las diferencias ideológicas, doctrinales
y opciones políticas en una sociedad pluralista, ser
escuela de educación cívica y tienen además
la tarea de propiciar desde la ciudadanía los cuadros
de dirigentes que son elegidos y tienen que conducir y legislar.
Ya hace más de veinte años se señalaba
el peligro que no todo debe pasar por el sufragio, ya que los
partidos "no pueden convertirse en meras empresas electorales...".
En nuestra realidad
provincial difícilmente podemos descifrar el pensamiento
ideológico y doctrinal de las opciones que "aparecen"
como mayoritarias en las preferencias de la gente. Es más,
las construcciones de poder se van realizando no desde las ideas,
sino casi exclusivamente desde referentes y punteros políticos.
Muchos de los temas circunstanciales que hacen referencia a
situaciones sociales, en general responden no a la preocupación
en sí por la cuestión social tratada, ni se ligan
a una visión ideológica, ni doctrinal o de principio,
sino a directivas verticales en donde se hace abuso de la obediencia
y disciplina exigida por los "jefes" que conducen
las estrategias. Lamentablemente, el que hoy sostiene una postura,
mañana puede sostener exactamente lo contrario, porque
hay ausencia de ideales. En este contexto de deterioro político,
tenemos esperanza que la gente vaya haciendo un proceso de comprensión
de su rol ciudadano y participación. Notamos que hay
estilos agotados. Es indispensable que nos propongamos seriamente
evitar que nuestro sistema democrático sea una mera estructura
formal, distanciada del pueblo.
Para no perder
la esperanza queremos que la reflexión, la ética
social, el sentido crítico responsable y la participación
ciudadana, sean algunos de los aspectos necesarios para mejorar
nuestra democracia.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez