En estos días
hemos tenido especialmente presente a nuestros maestros y profesores.
El 17 de este mes celebramos el día de los profesores.
Fecha elegida en recordación de un gran hombre de nuestra
historia, José Manuel Estrada, en su fecha de
fallecimiento que fue el 17 de septiembre de 1894. "Estrada
fue profesor, historiador puntilloso y católico practicante.
Escritor, periodista y político, todo lo cual lo transformó
en uno de los más files exponentes del pensamiento argentino
en los inicios de la modernidad de nuestra Nación".
Muchas veces reflexionamos sobre el rol del laico y la necesidad
del compromiso entre fe y vida, fe y criterios y ciencia y fe
y cultura. En Estrada y otros tantos hombres y mujeres de ayer
y de hoy, podemos encontrar testimonios que nos indican que
fundamentalmente desde el compromiso de la gente podemos tener
esperanza.
Pero también
es cierto, y debemos señalar que en este inicio del siglo
XXI nos encontramos con la necesidad de superar las causas que
provocan las tantas rupturas entre la fe y piedad de los cristianos
y el compromiso de vida y criterios cotidianos. Lamentablemente
esto trae serios problemas a la acción evangelizadora
de la Iglesia. Algunas de esas causas las encontramos en planteos
erróneos de espiritualidad. No son pocos los cristianos
que encierran la dimensión religiosa en la sola práctica
de actos de piedad y en la vida diaria se sienten liberados
a obrar de cualquier manera, sin ningún criterio ético.
Desde ya que esto es una visión errónea e incluso
ritualista y pagana de la religiosidad.
Los cristianos
debemos saber que la espiritualidad necesita de la piedad, de
la oración personal, comunitaria y de la vida sacramental,
pero todo esto debe llevarnos a captar cual es la voluntad de
Dios y ponerla en práctica en nuestro obrar cotidiano.
Nos puede ayudar
el texto del Profeta Amós que leemos este domingo (Am.
8,4-7). El profeta enumera un listado de infidelidades
e injusticias que el pueblo elegido cometía, violando
la Alianza hecha con Dios: "Ustedes dicen ¿Cuándo
pasará el novilunio para que podamos vender el grano,
y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos
la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas
para defraudar, compraremos a los débiles con dinero
y al indigente por un par de sandalias, y venderemos hasta los
deshechos del trigo". El Señor lo ha jurado por
el orgullo de Jacob: Jamás olvidaré ninguna de
sus acciones" (Am. 8,5-7).
La espiritualidad
cristiana necesita que la fe esté "encarnada"
en la vida como nos dice Santiago en su carta: "Pongan
en práctica la Palabra y no se contenten solo con oírla,
de manera que se engañen a ustedes mismos" (Sant.
1,22). Si bien la espiritualidad nos implica a todos
los bautizados, en nuestros días es fundamental la comprensión
de este desafío por parte del laicado que es la gran
mayoría del pueblo de Dios. Evangelizar la cultura implicará
poner en práctica la voluntad de Dios en la familia,
el trabajo, la política, la escuela o bien los medios
de comunicación.
Es importante recordar
un texto de las conclusiones de Santo Domingo (IV Conferencia
del Episcopado Latinoamericano), en donde se señalaba:
"Sin embargo se comprueba que la mayor parte de los bautizados
no han tomado aún conciencia plena de su pertenencia
a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia.
Pocos asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad
cultural y por lo tanto no sienten la necesidad de un compromiso
eclesial y evangelizador. Como consecuencia el mundo del trabajo,
de la política, de la economía, de la ciencia,
del arte, de la literatura y de los medios de comunicación
social no son guiados por criterios evangélicos"
(D.P. 783).
En este contexto
y en la necesidad de Evangelizar la cultura, adquieren especial
relieve figuras ejemplares como José Manuel Estrada.
No dudamos en que nuestra Patria se fue construyendo con hombres
y mujeres con ideales. La mediocridad del pragmatismo que siempre
es materialista, es una de las causas de la crisis en que estamos.
El Evangelio de
este domingo (Lc. 16,1-13), nos
dice que "ningún servidor puede servir a dos señores.
No se puede servir a Dios y al dinero". Los cristianos
debemos tener a Dios en nuestro corazón y también
sus enseñanzas, asumiendo la vida cotidiana, como lo
hacemos, pero evitando servir a otros ídolos.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan
Rubén Martínez