Este domingo estamos
celebrando la XXV Jornada Mundial de las Misiones.
Cada año el Papa nos envía un Mensaje para que
lo reflexionemos y este año el tema es la “Eucaristía
y Misión”. Nosotros los argentinos hemos vivido
con intensidad y gozo el Congreso Eucarístico Nacional
en Corrientes, nos hemos preparado para celebrar dicho Congreso
y “la Eucaristía” seguirá estando
como prioridad en nuestra espiritualidad y reflexión.
En este mes de octubre en México se desarrollará
el Congreso Eucarístico Internacional y el Papa ha pedido
que hasta el año próximo continúe un año
eucarístico en toda la Iglesia.
Sin dudas este
contexto es providencial porque nos permitirá ahondar
aspectos que se desprenden del misterio eucarístico como
la comunión, solidaridad y la misión. Por ello
en este domingo de la Jornada Mundial de las Misiones podemos
entender mejor la dimensión misionera de la Iglesia desde
la Eucaristía. Debemos recordar que la razón de
ser de la Iglesia es la misión y la evangelización.
Creo conveniente no olvidar la reflexión que hacíamos
con ocasión del Congreso Eucarístico sobre la
apertura misionera que la Iglesia ha tenido desde sus inicios.
El mismo Apóstol San Pablo se llamaba a sí mismo
“Apóstol de los paganos” (Rom.
11,13). Desde la Palabra de Dios y la tradición
de la Iglesia podemos comprender esta clara identidad y rasgo
de la Iglesia de ser misionera. El Papa en su mensaje para esta
Jornada Mundial de las Misiones nos dice: “El compromiso
misionero de la Iglesia constituye, también en este comienzo
del tercer milenio, una urgencia que en varias ocasiones he
querido recordar. La misión, como he recordado en la
encíclica Redemtoris Missio, está aún lejos
de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras
energías en su servicio. Todo el Pueblo de Dios, en cada
momento de su peregrinar en la historia está llamado
a compartir la “sed” del Redentor (Jn.
19,28). Los santos han advertido siempre con mucha fuerza
esta sed de almas que hay que salvar: baste pensar, por ejemplo,
a Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones... El Congreso
Eucarístico Internacional, que será celebrado
en Guadalajara, México, en octubre, mes misionero, será
una ocasión extraordinaria para esta unánime forma
de conciencia misionera alrededor de la Mesa del Cuerpo y de
la Sangre de Cristo. Reunida alrededor del altar, la Iglesia
comprende mejor su origen y su mandato misionero. “Eucaristía
y Misión”, como bien subraya el tema de la
Jornada Misionera Mundial de este año, forman un binomio
inseparable”.
En nuestra Diócesis
de Posadas hemos empezado a caminar el tiempo de preparación
del Sínodo a celebrarse en el año 2007, en nuestro
año jubilar. El marco teológico de reflexión
que iluminará la temática del Sínodo hacen
referencia a la necesidad de la “conversión a Jesucristo”,
la “comunión eclesial” y “la misión”,
teniendo en cuenta al hombre que tendremos que evangelizar en
este inicio del siglo XXI. La comprensión de todos los
bautizados de sabernos llamados a ser una Iglesia misionera,
que debemos desinstalarnos y “salir” a buscar las
tantas ovejas perdidas deberá estar instalado como uno
de los ejes centrales de este tiempo de preparación hacia
el Sínodo.
El Papa en su Mensaje nos recuerda que para adquirir esta comprensión
de la dimensión misionera de la Iglesia es indispensable
tener una espiritualidad eucarística: “Al término
de cada Santa Misa, cuando el celebrante despide a la asamblea
con las palabras “Podemos ir en paz”, todos deben
sentirse enviados como “misioneros de la eucaristía”.
Pero el Papa también comparte su experiencia personal:
“Para vivir la eucaristía es necesario, además,
demorarse tiempo en oración ante el Santísimo,
experiencia que yo mismo hago cada día encontrando en
ello fuerza, consuelo y apoyo” (E.E.25).
Al terminar esta reflexión quiero recordar a los tantos
agentes que trabajan para animar la dimensión misionera
en nuestra Diócesis, a todos, especialmente a los grupos
misioneros y a los niños y adolescentes de la infancia
misionera que son un signo de esperanza para nuestra tarea evangelizadora.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan
Rubén Martínez