Vigésimo Octavo Domingo del año - 10.10.04


Este domingo estamos celebrando la XXV Jornada Mundial de las Misiones. Cada año el Papa nos envía un Mensaje para que lo reflexionemos y este año el tema es la “Eucaristía y Misión”. Nosotros los argentinos hemos vivido con intensidad y gozo el Congreso Eucarístico Nacional en Corrientes, nos hemos preparado para celebrar dicho Congreso y “la Eucaristía” seguirá estando como prioridad en nuestra espiritualidad y reflexión. En este mes de octubre en México se desarrollará el Congreso Eucarístico Internacional y el Papa ha pedido que hasta el año próximo continúe un año eucarístico en toda la Iglesia.

Sin dudas este contexto es providencial porque nos permitirá ahondar aspectos que se desprenden del misterio eucarístico como la comunión, solidaridad y la misión. Por ello en este domingo de la Jornada Mundial de las Misiones podemos entender mejor la dimensión misionera de la Iglesia desde la Eucaristía. Debemos recordar que la razón de ser de la Iglesia es la misión y la evangelización. Creo conveniente no olvidar la reflexión que hacíamos con ocasión del Congreso Eucarístico sobre la apertura misionera que la Iglesia ha tenido desde sus inicios. El mismo Apóstol San Pablo se llamaba a sí mismo “Apóstol de los paganos” (Rom. 11,13). Desde la Palabra de Dios y la tradición de la Iglesia podemos comprender esta clara identidad y rasgo de la Iglesia de ser misionera. El Papa en su mensaje para esta Jornada Mundial de las Misiones nos dice: “El compromiso misionero de la Iglesia constituye, también en este comienzo del tercer milenio, una urgencia que en varias ocasiones he querido recordar. La misión, como he recordado en la encíclica Redemtoris Missio, está aún lejos de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio. Todo el Pueblo de Dios, en cada momento de su peregrinar en la historia está llamado a compartir la “sed” del Redentor (Jn. 19,28). Los santos han advertido siempre con mucha fuerza esta sed de almas que hay que salvar: baste pensar, por ejemplo, a Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones... El Congreso Eucarístico Internacional, que será celebrado en Guadalajara, México, en octubre, mes misionero, será una ocasión extraordinaria para esta unánime forma de conciencia misionera alrededor de la Mesa del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Reunida alrededor del altar, la Iglesia comprende mejor su origen y su mandato misionero. “Eucaristía y Misión”, como bien subraya el tema de la Jornada Misionera Mundial de este año, forman un binomio inseparable”.

En nuestra Diócesis de Posadas hemos empezado a caminar el tiempo de preparación del Sínodo a celebrarse en el año 2007, en nuestro año jubilar. El marco teológico de reflexión que iluminará la temática del Sínodo hacen referencia a la necesidad de la “conversión a Jesucristo”, la “comunión eclesial” y “la misión”, teniendo en cuenta al hombre que tendremos que evangelizar en este inicio del siglo XXI. La comprensión de todos los bautizados de sabernos llamados a ser una Iglesia misionera, que debemos desinstalarnos y “salir” a buscar las tantas ovejas perdidas deberá estar instalado como uno de los ejes centrales de este tiempo de preparación hacia el Sínodo.

El Papa en su Mensaje nos recuerda que para adquirir esta comprensión de la dimensión misionera de la Iglesia es indispensable tener una espiritualidad eucarística: “Al término de cada Santa Misa, cuando el celebrante despide a la asamblea con las palabras “Podemos ir en paz”, todos deben sentirse enviados como “misioneros de la eucaristía”. Pero el Papa también comparte su experiencia personal: “Para vivir la eucaristía es necesario, además, demorarse tiempo en oración ante el Santísimo, experiencia que yo mismo hago cada día encontrando en ello fuerza, consuelo y apoyo” (E.E.25).

Al terminar esta reflexión quiero recordar a los tantos agentes que trabajan para animar la dimensión misionera en nuestra Diócesis, a todos, especialmente a los grupos misioneros y a los niños y adolescentes de la infancia misionera que son un signo de esperanza para nuestra tarea evangelizadora.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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