Trigésimo Domingo del año - 24.10.04

 

En el texto del Evangelio de este domingo (Lc. 18, 9-14), el Señor nos presenta la parábola del fariseo y el publicano. San Lucas hace una apreciación sobre quienes eran los fariseos: “Algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás” (Lc. 18,9).

Leyendo la Palabra de Dios notamos que los fariseos eran gente que tenían un gran celo por la ley (Mt. 23,15) y solicitud por la perfección y la pureza (Mt. 5,20), pero se ataban a las tradiciones rigoristas y humanas que los hacían cometer excesos, despreciaban a los ignorantes en nombre de su propia justicia (Lc. 18,11), impedían el contacto con los pecadores y publicanos, limitando así su horizonte relacionado al amor de Dios y a los hermanos, caracú y clave de comprensión de la Palabra de Dios. Creo que es conveniente que leamos detenidamente la parábola de este domingo, porque en ella encontramos elementos profundos y necesarios en la espiritualidad y religiosidad del cristiano.

El fariseísmo tiene grandes similitudes con lo que hoy llamamos “fundamentalismos” o bien “integrismos”. En general su error consiste en absolutizar su postura y condenar al que piensa distinto.

En nuestro tiempo hay diversas formas de fundamentalismos, algunos de ellos lo son aunque en la apariencia se presentan como los adalides de la libertad y el pluralismo. Hace algunos días me impresionó el escándalo mediático que se armó a partir de algunas declaraciones hechas en España por Valeria Maza, quien opinó que no le parecía natural que dos personas del mismo sexo realicen adopciones de hijos. Inmediatamente provocó la reacción de conocidos periodistas, organizaciones y poderosos medios comunicacionales, condenándola de fachista, discriminadora y otros varios adjetivos. Lo notable es que en nombre de la “no discriminación”, se usa como metodología “la condena”, la reacción corporativa de algunos medios, la rotulación de conservadores, tradicionalistas, retrógrados... ¿Esta metodología usada por cierto poder comunicacional y económico es democrática y pluralista o todo por el contrario se identifica con aquello que critica? Lo llamativo es que a pesar de la influencia mediática y agresiva, la mayor parte de nuestra gente sigue opinando como Valeria Maza, considerando que no es natural que dos personas del mismo sexo realicen adopciones. Estas actitudes autoritarias en nombre del pluralismo, también es una forma de fundamentalismo.

También hay grupos fundamentalistas o integristas en el mundo cristiano. Hay grupos religiosos que tienden a considerar endemoniados a aquellos que no piensan como ellos. Utilizan el temor y la condena para realizar proselitismo. Realizan como dice la gente “lavado de cerebro”. Sin problemas tratan de manejar la conciencia de la gente. Estos grupos atentan contra la dignidad humana y crecen a veces apoyados por intereses circunstanciales, políticos, electorales... sin prever que los fundamentalismos siempre dañan personas y complican el futuro.

Estas tentaciones fundamentalistas están presentes en diversos grupos religiosos y lamentablemente también en grupos que están en la misma Iglesia. Cuantas veces en nombre de la pureza doctrinal o de una mala entendida opinión por los pobres, hay cristianos “que se tienen por justos y desprecian a los demás” (Lc. 18,9).

Al finalizar esta reflexión quiero que pongamos la mirada en la actitud del publicano de la parábola que “manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador” (Lc. 18,13).

Necesitamos ser constructores de la paz y de una sociedad más creíble. En este domingo la Palabra de Dios nos señala el valor de la humildad como el camino para poder lograrlo. Los fundamentalismos por su idealismo y soberbia siempre son generadores de violencia y en el corazón ambicioso, la humildad es una palabra en el destierro. Sin embargo, los que sepan comprender el valor de la humildad y la pongan en práctica serán los constructores de una sociedad mejor.

¡Un saludo cercano de su obispo y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez

 

 

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