Cristo Rey - Peregrinación a Loreto - 21.11.04

 

Los terceros domingos de noviembre son especialmente significativos para nuestra Diócesis. Celebramos la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, o bien el P. Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las comunidades fundadas y que en nuestra Diócesis fueron once. En este domingo celebramos a Jesucristo, Rey del Universo y nosotros sabemos que el ejemplo de estos misioneros nos ayudan a comprender mejor en nuestros días que si anunciamos bien a Cristo, ninguna cultura queda anulada, sino que “inculturar el Evangelio”, siempre plenifica a los pueblos y las personas en su dignidad. En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, para fortalecernos ante los desafíos del presente y caminar en este inicio del siglo XXI en la esperanza.

Como todos sabemos, la primera fundación de San Ignacio Miní y Loreto fue en el Guayrá. En el 1er. tomo de “Historia de la Iglesia Católica” en Misiones, escrito por la historiadora Alba Celina Etorena de Freaza nos narra parte de una carta del P. Diego de Torres el 15 de febrero de 1612, informando sobre los trabajos para fundar San Ignacio Miní y Loreto: ...”Los dos misioneros subieron río arriba, a quienes salieron al encuentro muchos indígenas de diversas naciones en sus canoas, que cada uno apetecía y pedía que los Padres fuesen a su tierra; más ellos tomaron un muy buen acuerdo y fue ir a buscar por el río las mejores y espaciosas tierras y, hallándolas cuáles las buscaban, hicieron alto y tomaron asiento en Pirapó, de donde enviaron a llamar a los indios circunvecinos, que se viniesen a poblar allí; porque hasta el Pirapó se puede ir con canoa y balsa muy seguramente y sin riesgo, y de allí hacia arriba, lo hay más grande por los arrecifes y saltos del río. Varios caciques desde el primer momento se apalabraron y dieron su nombre para hacer dos pueblos, uno en el mismo Pirapó, de tres mil indígenas que contando con las mujeres e hijos, son diez y ocho mil almas, y luego río arriba como ocho leguas se había de poblar otro pueblo de otros dos mil indígenas, que serán de doce mil almas y es tanta la gente de la circunvecina que piden sacerdotes, que me envió a pedir el P. Joseh (Cataldino) para otras tantas reducciones, otros seis padres. Yo he enviado dos...”. Los padres Jesuitas habían conseguido directamente del Rey de España el favor (decreto) que ningún español, ni gobernante, comerciante, militar o civil se metiesen con las reducciones seguramente porque sabían que muchos de ellos pretendían aprovecharse o someter a las comunidades indígenas para sus intereses y explotaciones comerciales.

La narración histórica citada sigue diciendo: “Lamentablemente estos trece pueblos debieron trasmigrar al sur por el ataque de los bandeirantes de San Pablo dirigidos por Reposo Tavares que “contaba con la complicidad del nuevo gobernador del Paraguay” Luis de Céspedes casado con una portuguesa. El P. Ruiz de Montoya logró salvar de la destrucción 12.000 indios que fueron conducidos en el llamado “Éxodo guayreño”. A pie, en jungadas y precarias embarcaciones cruzaron las Cataratas del Guayrá, por el río Paraná, en jornadas memorables ocurridas en 1631. En la Provincia de Misiones refundaron en 1632 los pueblos de San Ignacio Miní y Loreto, junto al Yabebirí”.

Este fin de semana vamos hacia Loreto varios siglos después. Desde distintos lugares de nuestra Provincia, caminando, en bicicletas u otras movilidades. Hoy como ayer, queremos ir armando “nuestro centro de espiritualidad y peregrinación de la Diócesis”. En Loreto queremos renovar nuestro compromiso de evangelizar en este siglo en que nos iniciamos.

Hoy como ayer debemos tener conciencia de optar por los más pobres, como San Roque González o bien el P. Antonio Ruiz de Montoya que privilegiaron a sus hermanos indígenas cuando empezaban a padecer las injusticias de muchos europeos que se instalaban en nuestro continente. Hoy como ayer, sin un compromiso serio que busque incluir a los más pobres en la evangelización de esta cultura marginamos al mismo Cristo, el Señor de la Historia. Por todo esto, en este tercer domingo de noviembre y en cada peregrinación que hagamos durante el año a Loreto, celebramos la esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez


Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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