En este segundo domingo
de Adviento el Evangelio (Mt.
3,1-12), nos propone la predicación de Juan
Bautista preparando la venida del Señor: “Conviértanse,
porque el Reino de los cielos está cerca...” “produzcan
el fruto de una sincera conversión” (8). Es en este
fin de semana que en todas las comunidades de nuestro país
nos hemos propuesto realizar una catequesis sobre la comunión
de bienes en la vida de los cristianos y sobre la responsabilidad
que tenemos todos los bautizados de aportar nuestros dones, talentos,
trabajo y aportes económicos para sostener la evangelización
de la Iglesia.
En este contexto
de esta “campaña-catequesis”, los Obispos argentinos
escribimos una carta que se distribuirá a cada cristiano.
La misma tiene un tono personal. Aquí van algunos de los
párrafos que considero oportuno subrayar: “Mucho
se hace en favor de la evangelización. Es verdad. Pero
¿cuánto más se haría si cada uno en
su interior tomara conciencia y creciera en su compromiso de sostenerla
con su trabajo y su aporte económico? Este es un tema que
generalmente nos cuesta tratar, pero que no podemos dejar de lado,
porque todos somos Iglesia y todos somos responsables del sostenimiento
de su obra evangelizadora. A nadie escapa el hambre de Dios que
sufre nuestro pueblo, necesitado de una evangelización
más intensa, y la ayuda solidaria que esperan tantos hermanos
nuestros marginados y excluidos. Sin embargo, no siempre somos
concientes de que esta situación nos compromete a todos,
y que aguarda también una respuesta tuya.
Existe una forma
de pensar y de hablar sobre este tema que fomenta una actitud
pasiva: “a la Iglesia la sostiene el Estado”, “...
a los curas les paga un sueldo el gobierno o el obispado”,
...hay grandes tesoros en el Vaticano”. Así subsiste
la falsa creencia de que “la Iglesia tiene mucha plata”,
y que no necesita de tu aporte. Y la verdad es muy otra: muchos
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, además de
sus tareas de evangelización, promoción y caridad,
deben dedicar parte importante de su esfuerzo a conseguir los
recursos económicos necesarios para la vida de sus parroquias
y capillas. Muchas son también las obras que quedan sin
terminar o sin realizar”.
En esta parte de
la carta quiero agregar algunos rasgos propios de nuestra Diócesis
de Posadas. Nuestra región se caracterizó por contar
con muchos sacerdotes misioneros. Sobre todo de Europa, que para
su pastoral conseguían recursos de los católicos
de Alemania, Italia, Suiza u otros países. Es de destacar
el tipo de infraestructura, edificios, escuelas que están,
sobretodo, en las sedes parroquiales. Hoy todavía recibimos
ayudas para algunas construcciones y autos que permiten a los
sacerdotes y religiosas recorrer grandes extensiones y la multiplicidad
de capillas y comunidades. Pero es cierto que por esta razón
mucha gente no se ha sentido responsable del sostenimiento de
“su Iglesia”, total “los curas consiguen plata”.
Es importante advertir que los tiempos cambian y las ayudas de
hoy son totalmente escasas y tampoco sería justo que vivamos
de los aportes y bienes de los católicos de otros países
cuando nosotros debemos hacernos responsables de nuestra evangelización
y aún ayudar a otros más pobres que nosotros. Quiero
agregar que en los últimos 20 años se duplicó
la población en Misiones y se multiplicaron barrios y necesidades
de atención pastoral. Necesidad de capillas, salones multiusos,
movilidad para sacerdotes, sostenimiento de éstos para
que se dediquen a la misión propia, formación de
laicos y el sostenimiento de nuestros seminaristas y Seminario,
que es el lugar que nos llena de esperanza porque desde ahí
“produciremos” los futuros pastores que atenderán
las tantísimas comunidades y sectores que actualmente no
son acompañados.
La carta sigue diciéndonos:
“Algunos se incomodan cuando escuchan hablar de este tema.
Pero los obispos no podemos dejar de hacerlo. Por eso te invitamos
a una sincera reflexión sobre lo que estás haciendo
para sostener tu comunidad... te invitamos a que te preguntes
¿qué lugar ocupa la fe en tu vida?; ¿Cómo
la expreso en obras concretas?; ¿de qué modo contribuyo
a que el Evangelio sea anunciado?. El lema elegido: “La
Iglesia necesita tu ayuda”, expresa la idea que queremos
proponer para que cada uno piense y comprenda que no puede dejar
el tema a otros. Es tuyo. Es de todos. No se trata de ofrecer
algo como limosna, que para algunos es dar aquello que sobra o
que no cuesta. Pensamos más bien en el esfuerzo que debemos
hacer por los ideales y valores que realmente importan si el Evangelio
puede transformar el mundo, necesitamos multiplicar con creatividad
y audacia las formas de anunciarlo para que sea conocido y vivido”.
En este contexto
de adviento el Evangelio de este domingo nos dice: “Produzcan
el fruto de una sincera conversión”. El crecer en
la comunión de bienes y el sabernos responsables de la
acción evangelizadora de la Iglesia nos lleva a que la
Palabra de Dios nos interpele: “La multitud de los creyentes
tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba
sus bienes como propios, sino que todo era común entre
ellos” (Hech. 4,32).
En la carta los obispos
argentinos pedimos que en esta Navidad, Jesús el Salvador
nacido de María, nos regale un corazón abierto para
recibirlo.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan
Rubén Martínez