Todos los textos
bíblicos de este tercer domingo de adviento nos llaman
a animarnos y a no perder la esperanza: “Regocíjese
el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la
estepa...¡Sean fuertes no teman ahí está su
Dios!” (Is. 35,1-4).
El Evangelio (Mt.
11,2-11), nos presenta la figura de San Juan Bautista,
quien desde su austeridad profética, en la liturgia del
adviento, nos exhorta a convertirnos. Él es el profeta
de “la verdad”, no dudó en denunciar a Herodes
y en dar la vida por lo que creía. Sólo podemos
“volver a Dios”, cuando nos disponemos a construir
en nuestras vidas, familias y en la sociedad desde la verdad.
Construir en la verdad es como construir desde “roca”
y no desde arena o bien desde las mentiras. Cuando con humildad
somos capaces de revisarnos y evaluar como estamos construyendo,
nos encaminamos a realizar “un examen de conciencia”
y nos introducimos en el camino de reconciliación que nos
permite “volver a Dios”.
El adviento ubicado
en el fin del año, es un tiempo apropiado para realizar
“un examen de nuestra conciencia”. Si bien tiene un
dimensión personal, el mismo no puede ser un acto individualista.
Necesariamente tenemos que revisar como vivimos nuestros compromisos
comunitarios y si el llamado a la santidad lo asumimos desde nuestra
responsabilidad ciudadana construyendo una sociedad mejor.
En el documento “Navega
mar adentro” de la Conferencia Episcopal Argentina, se subraya:
“El primer servicio de la Iglesia a los hombres es anunciar
la verdad sobre Jesucristo... (la nueva evangelización),
nos exige responder con todos los esfuerzos que sean necesarios
para lograr la inculturación del Evangelio, que propone
una verdad sobre el hombre, la cual implica un estilo de vida
ciudadano comprometido en la construcción del bien común”
(95).
En el número
siguiente se señalan algunos aspectos que son indispensables
que tengamos en cuenta en todo examen de conciencia y confesión
bien hechos en este tiempo de adviento: “Una conversión
es incompleta si falta la conciencia de las exigencias de la vida
cotidiana y no se pone el esfuerzo de llevarlas a cabo. Esto implica
una formación permanente de los cristianos, en virtud de
su propia vocación, para que puedan adherir a este estilo
de vida y emprender intensamente sus compromisos en el mundo,
desarrollando las actitudes propias de ciudadanos responsables”
(96).
En el Evangelio de
este domingo el Señor nos anima en la esperanza: “Vayan
a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los
paralíticos caminan... y la Buena Noticia es anunciada
a los pobres” (Mt. 11,5).
Si es cierto que la responsabilidad ciudadana está ligada
al llamado a la santidad, debemos señalar con esperanza
que en nuestra gente hay muchos signos de solidaridad y de participación.
No dudo en señalar que desde la gente y su cotidianidad
sencilla vendrá la posibilidad de salir de las situaciones
difíciles que estamos transitando. Hace pocos días
se realizó un encuentro llamado “emprendedores”
en Resistencia de las Cáritas de nuestra región
del NEA. Sumado a las redes de capacitación en educación
popular, ciudadana y diversas alternativas para pequeños
emprendimientos, debemos subrayar cuantas formas de ayuda mutua
van surgiendo entre vecinos. Es notable como florecen en los barrios
y pueblos maneras de juntarse para buscar caminos que superen
el mero asistencialismo. Todo esto es un signo de esperanza, porque
la gente tiene este valor de la solidaridad y empieza a darse
cuenta que para salir de las dificultades, deben ser protagonistas,
organizarse y comienzan a desconfiar de las soluciones que vienen
de la mano de algún caudillo o puntero político
que les gusta jugar al “Papá Noel”. Seguramente
nosotros mismos podremos hacer una larga lista de personas y situaciones
que son signo de esperanza y de responsabilidad ciudadana y de
participación social. Estos hombres y mujeres intentan
vivir la santidad en el anonimato, son los que trabajan cotidianamente,
quienes en definitiva construyen en nuestra sociedad.
Uno de los peores
males en nuestra Patria que sufre diversos problemas puede llegar
a ser el escepticismo o bien bajar los brazos en los momentos
difíciles. En este Adviento que nos plantea el tema de
la esperanza, los cristianos sabemos que la fe en Dios y el compromiso
activo, protagónico, solidario y sobre todo organizado,
nos permitirá caminar en medio de la tormenta y quizá
también nos permita encontrar alguna nueva alternativa.
¡Un saludo
cercano de su Obispo y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan
Rubén Martínez