Tercer Domingo de Adviento - 12.12.04

 

Todos los textos bíblicos de este tercer domingo de adviento nos llaman a animarnos y a no perder la esperanza: “Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa...¡Sean fuertes no teman ahí está su Dios!” (Is. 35,1-4).

El Evangelio (Mt. 11,2-11), nos presenta la figura de San Juan Bautista, quien desde su austeridad profética, en la liturgia del adviento, nos exhorta a convertirnos. Él es el profeta de “la verdad”, no dudó en denunciar a Herodes y en dar la vida por lo que creía. Sólo podemos “volver a Dios”, cuando nos disponemos a construir en nuestras vidas, familias y en la sociedad desde la verdad. Construir en la verdad es como construir desde “roca” y no desde arena o bien desde las mentiras. Cuando con humildad somos capaces de revisarnos y evaluar como estamos construyendo, nos encaminamos a realizar “un examen de conciencia” y nos introducimos en el camino de reconciliación que nos permite “volver a Dios”.

El adviento ubicado en el fin del año, es un tiempo apropiado para realizar “un examen de nuestra conciencia”. Si bien tiene un dimensión personal, el mismo no puede ser un acto individualista. Necesariamente tenemos que revisar como vivimos nuestros compromisos comunitarios y si el llamado a la santidad lo asumimos desde nuestra responsabilidad ciudadana construyendo una sociedad mejor.

En el documento “Navega mar adentro” de la Conferencia Episcopal Argentina, se subraya: “El primer servicio de la Iglesia a los hombres es anunciar la verdad sobre Jesucristo... (la nueva evangelización), nos exige responder con todos los esfuerzos que sean necesarios para lograr la inculturación del Evangelio, que propone una verdad sobre el hombre, la cual implica un estilo de vida ciudadano comprometido en la construcción del bien común” (95).

En el número siguiente se señalan algunos aspectos que son indispensables que tengamos en cuenta en todo examen de conciencia y confesión bien hechos en este tiempo de adviento: “Una conversión es incompleta si falta la conciencia de las exigencias de la vida cotidiana y no se pone el esfuerzo de llevarlas a cabo. Esto implica una formación permanente de los cristianos, en virtud de su propia vocación, para que puedan adherir a este estilo de vida y emprender intensamente sus compromisos en el mundo, desarrollando las actitudes propias de ciudadanos responsables” (96).

En el Evangelio de este domingo el Señor nos anima en la esperanza: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan... y la Buena Noticia es anunciada a los pobres” (Mt. 11,5). Si es cierto que la responsabilidad ciudadana está ligada al llamado a la santidad, debemos señalar con esperanza que en nuestra gente hay muchos signos de solidaridad y de participación. No dudo en señalar que desde la gente y su cotidianidad sencilla vendrá la posibilidad de salir de las situaciones difíciles que estamos transitando. Hace pocos días se realizó un encuentro llamado “emprendedores” en Resistencia de las Cáritas de nuestra región del NEA. Sumado a las redes de capacitación en educación popular, ciudadana y diversas alternativas para pequeños emprendimientos, debemos subrayar cuantas formas de ayuda mutua van surgiendo entre vecinos. Es notable como florecen en los barrios y pueblos maneras de juntarse para buscar caminos que superen el mero asistencialismo. Todo esto es un signo de esperanza, porque la gente tiene este valor de la solidaridad y empieza a darse cuenta que para salir de las dificultades, deben ser protagonistas, organizarse y comienzan a desconfiar de las soluciones que vienen de la mano de algún caudillo o puntero político que les gusta jugar al “Papá Noel”. Seguramente nosotros mismos podremos hacer una larga lista de personas y situaciones que son signo de esperanza y de responsabilidad ciudadana y de participación social. Estos hombres y mujeres intentan vivir la santidad en el anonimato, son los que trabajan cotidianamente, quienes en definitiva construyen en nuestra sociedad.

Uno de los peores males en nuestra Patria que sufre diversos problemas puede llegar a ser el escepticismo o bien bajar los brazos en los momentos difíciles. En este Adviento que nos plantea el tema de la esperanza, los cristianos sabemos que la fe en Dios y el compromiso activo, protagónico, solidario y sobre todo organizado, nos permitirá caminar en medio de la tormenta y quizá también nos permita encontrar alguna nueva alternativa.

¡Un saludo cercano de su Obispo y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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