Cuarto Domingo de Adviento - 19.12.04

 

En este último domingo del adviento ya estamos próximos a celebrar la Navidad. Uno de los ejes de la oración y reflexión de este tiempo es la esperanza. La espera y expectativa de los contemporáneos de Jesús en la llegada del Mesías, es actualizada por la liturgia del adviento, que nos prepara para este nacimiento.

Sabemos que vamos transitando caminos difíciles. Si bien dejamos atrás la grave situación que vivimos en diciembre de 2001, aún no hemos salido de la crisis por no tener claro el horizonte, hacia donde vamos, y siguen persistiendo sombras que atentan contra la vida humana, la justicia o bien la deuda social no encarada. En medio de tantas circunstancias que nos preocupan no nos debemos olvidar de “lo importante”. La Navidad, el Dios hecho hombre, el nacimiento marginal de Jesús en el pesebre, nos permiten comprender “el lenguaje de Dios” y ubicarnos en aquello que es central, para responder a tantas urgencias que nos agobian.

La Navidad es un tiempo de gracia que nos puede llevar a “volver a Dios”. No es fácil porque nos juega en contra el excesivo consumismo de la época. Lamentablemente dicho consumismo usa hasta las fiestas fundamentales como la Navidad y las vacía de contenido. ¿Cuántas familias se reúnen, festejan y se olvidan el sentido y el por qué del festejo? ¿Cuántos saludos de fin de año y deseos de felicidades, que siguen marginando a Jesús?

Si bien hay mucha religiosidad y nuestra cultura local es especialmente religiosa, con una fuerte raíz católica, muchos no practican su fe y desconocen básicamente sus contenidos. El Adviento es un tiempo oportuno para “volver a Dios”. En las capillas se multiplican los pesebres y las Misas navideñas. La fe necesita ser compartida y requiere nuestro compromiso y búsqueda de comunión con otros hermanos que están en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos permite comprender que no necesitamos mucho para ser amigos de Dios. Ante el pesebre descubrimos la pequeñez, la necesidad de la humildad, la grandeza y la esperanza.

Una de las dificultades para “volver a Dios” es el creciente subjetivismo e individualismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro parecer, afectos y criterios. Es una tendencia muy fuerte el adecuar la propuesta de Jesucristo a lo que nos parece, porque su propuesta es exigente, pero siempre es el camino que nos lleva a la verdadera felicidad.

En estos días estoy celebrando 25 años de vida sacerdotal. Hoy domingo, celebraré la Misa de 20 hs. en la Catedral como habitualmente lo hago durante el Adviento, y en esa eucaristía realizaré la acción de gracias a Dios junto con aquellos que quieran acompañarme. El miércoles 22, que es el día de mi aniversario compartiré con los sacerdotes y diáconos la Misa y la mesa al mediodía en el Seminario “Santo Cura de Ars”. Y el mismo 22 por la tarde celebraré en San Javier el cierre de la misión, que con la comunidad están realizando nuestros seminaristas. En todos los casos agradeceré a Dios la vocación sacerdotal que el Señor me regaló. Durante estos años he experimentado cada vez con mayor intensidad su misericordia y la certeza de su amor, a pesar de las propias limitaciones y fragilidades. Desde ya que también para mi este tiempo fuerte del adviento, navidad y este aniversario implican una búsqueda de “volver a Dios”, a la adoración de Jesús, el Señor, en la pequeñez del pesebre. Solamente les pido su oración para que sea fiel al Señor en la misión que me confió, sobre todo en esta tierra colorada y misionera.

Ya tan próximos a la noche buena y Navidad debemos preguntarnos si queremos “volver a Dios”. Todos tenemos que volver a Él, en algunos aspectos de nuestra vida, porque el hombre viejo siempre reaparece en nuestras vidas. Volver a Dios, implica revisar nuestras vidas, cambiar, arrepentirnos, potenciar nuestros dones y confiar que podemos mejorar. Volver a Dios requiere gestos concretos relacionados a Dios y a nuestros hermanos. También expresar nuestra fe en la participación de la Misa de noche buena o de Navidad. En poner un pesebre en nuestros hogares. En hacer la bendición de nuestra mesa familiar. ¿Rezar? Sí, rezar juntos. Seguramente la oración nos permitirá descubrir un nuevo sentido al encuentro familiar y con amigos que realizaremos en esta Navidad. Reencontrarnos más profundamente con Jesús en el pesebre navideño nos permitirá renovarnos en la esperanza.

¡Feliz Navidad y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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