En este último
domingo del adviento ya estamos próximos a celebrar la
Navidad. Uno de los ejes de la oración y reflexión
de este tiempo es la esperanza. La espera y expectativa de los
contemporáneos de Jesús en la llegada del Mesías,
es actualizada por la liturgia del adviento, que nos prepara para
este nacimiento.
Sabemos que vamos
transitando caminos difíciles. Si bien dejamos atrás
la grave situación que vivimos en diciembre de 2001, aún
no hemos salido de la crisis por no tener claro el horizonte,
hacia donde vamos, y siguen persistiendo sombras que atentan contra
la vida humana, la justicia o bien la deuda social no encarada.
En medio de tantas circunstancias que nos preocupan no nos debemos
olvidar de “lo importante”. La Navidad, el Dios hecho
hombre, el nacimiento marginal de Jesús en el pesebre,
nos permiten comprender “el lenguaje de Dios” y ubicarnos
en aquello que es central, para responder a tantas urgencias que
nos agobian.
La Navidad es un
tiempo de gracia que nos puede llevar a “volver a Dios”.
No es fácil porque nos juega en contra el excesivo consumismo
de la época. Lamentablemente dicho consumismo usa hasta
las fiestas fundamentales como la Navidad y las vacía de
contenido. ¿Cuántas familias se reúnen, festejan
y se olvidan el sentido y el por qué del festejo? ¿Cuántos
saludos de fin de año y deseos de felicidades, que siguen
marginando a Jesús?
Si bien hay mucha
religiosidad y nuestra cultura local es especialmente religiosa,
con una fuerte raíz católica, muchos no practican
su fe y desconocen básicamente sus contenidos. El Adviento
es un tiempo oportuno para “volver a Dios”. En las
capillas se multiplican los pesebres y las Misas navideñas.
La fe necesita ser compartida y requiere nuestro compromiso y
búsqueda de comunión con otros hermanos que están
en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos permite
comprender que no necesitamos mucho para ser amigos de Dios. Ante
el pesebre descubrimos la pequeñez, la necesidad de la
humildad, la grandeza y la esperanza.
Una de las dificultades
para “volver a Dios” es el creciente subjetivismo
e individualismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos
acomodando la fe a nuestro parecer, afectos y criterios. Es una
tendencia muy fuerte el adecuar la propuesta de Jesucristo a lo
que nos parece, porque su propuesta es exigente, pero siempre
es el camino que nos lleva a la verdadera felicidad.
En estos días
estoy celebrando 25 años de vida sacerdotal. Hoy domingo,
celebraré la Misa de 20 hs. en la Catedral como habitualmente
lo hago durante el Adviento, y en esa eucaristía realizaré
la acción de gracias a Dios junto con aquellos que quieran
acompañarme. El miércoles 22, que es el día
de mi aniversario compartiré con los sacerdotes y diáconos
la Misa y la mesa al mediodía en el Seminario “Santo
Cura de Ars”. Y el mismo 22 por la tarde celebraré
en San Javier el cierre de la misión, que con la comunidad
están realizando nuestros seminaristas. En todos los casos
agradeceré a Dios la vocación sacerdotal que el
Señor me regaló. Durante estos años he experimentado
cada vez con mayor intensidad su misericordia y la certeza de
su amor, a pesar de las propias limitaciones y fragilidades. Desde
ya que también para mi este tiempo fuerte del adviento,
navidad y este aniversario implican una búsqueda de “volver
a Dios”, a la adoración de Jesús, el Señor,
en la pequeñez del pesebre. Solamente les pido su oración
para que sea fiel al Señor en la misión que me confió,
sobre todo en esta tierra colorada y misionera.
Ya tan próximos
a la noche buena y Navidad debemos preguntarnos si queremos “volver
a Dios”. Todos tenemos que volver a Él, en algunos
aspectos de nuestra vida, porque el hombre viejo siempre reaparece
en nuestras vidas. Volver a Dios, implica revisar nuestras vidas,
cambiar, arrepentirnos, potenciar nuestros dones y confiar que
podemos mejorar. Volver a Dios requiere gestos concretos relacionados
a Dios y a nuestros hermanos. También expresar nuestra
fe en la participación de la Misa de noche buena o de Navidad.
En poner un pesebre en nuestros hogares. En hacer la bendición
de nuestra mesa familiar. ¿Rezar? Sí, rezar juntos.
Seguramente la oración nos permitirá descubrir un
nuevo sentido al encuentro familiar y con amigos que realizaremos
en esta Navidad. Reencontrarnos más profundamente con Jesús
en el pesebre navideño nos permitirá renovarnos
en la esperanza.
¡Feliz
Navidad y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan
Rubén Martínez