Carta cuaresmal del Obispo de Posadas – 13.02.05 (2da. Parte)

 

El miércoles pasado hemos iniciado el tiempo litúrgico cuaresmal, preparando la celebración de la Pascua. Aquí va otra parte de la carta que he enviado reflexionando sobre el primer eje teológico del Sínodo –2007: “La conversión a Jesucristo”. En esta parte que publicamos la reflexión subraya la necesidad de ahondar la comprensión de nuestra conversión personal y las consecuencias sociales, políticas, en la vida ciudadana que tienen muchas incoherencias, pecados y vicios que siempre dañan a nuestras familias y a la misma sociedad.

3. La conversión personal y social

Es esencial subrayar la centralidad de la Persona de Jesucristo, el Señor en la vida del cristiano, en especial teniendo en cuenta la difícil realidad que vivimos en nuestra provincia y nación. No dudamos en señalar que la gran mayoría de nuestra población es cristiana y que hay una fuerte religiosidad en esta cultura nueva, tan vital y dinámica, misionera. Pero también debemos aceptar que en los hechos nuestra realidad nos indica que la cultura que generamos es menos cristiana de lo que creemos. Por tal motivo, en los próximos años tendremos que acentuar en la tarea evangelizadora un intenso proceso de catecumenado o de discipulado, en orden a madurar la fe, para que haya menos rupturas entre la fe que decimos tener y la vida que llevamos o bien los criterios o principios con que nos manejamos. Para poner ejemplos concretos sobre nuestro contexto provincial y nacional podemos citar la fragilidad e inmadurez democrática y política que hemos vivido en el 2004, y que viviremos probablemente en este año electoral, donde ha reinado “el vale todo” y “el ojo por ojo y diente por diente” como pan de todos los días en esta tensa lucha por el poder y lo asombroso es que este “vale todo”, se da supuestamente entre cristianos. Ni soñamos en pretender plantear, a riesgo de ser acusado de idealista que nuestra dirigencia ponga la otra mejilla o bien el perdonar o el pedido de perdón de corazón, como nos lo enseñó Jesús, pero por lo menos quiero implorar a los dirigentes cristianos, la búsqueda de un diálogo “real”, el no quitar la fama injustamente al otro, el tener en cuenta una base de verdad en las propuestas y no de engaño en la construcción de poder. En hacer pesar más “el bien común” y “el bien de los más pobres” en las opciones personales y sectoriales. ¿Cómo se compatibiliza que una cultura se llame cristiana, y conviva con grandísimos sectores de la población en la marginalidad y pobreza? Lamentablemente el esquema neoliberal acentuado en la década del 90 no se ha logrado revertir. La exclusión social se sigue conteniendo con “el asistencialismo”, con “la anticoncepción” y el equipamiento de la seguridad para controlar los posibles desbordes de los pobres.

Lamentablemente a veces hay una falta de examen de conciencia en los cristianos con mayor poder, para evaluar básicamente su vida y criterios, teniendo en cuenta la fe que dicen profesar. Como Obispo y pastor debo confesar que estas realidades a convertir las vivo con dolor y preocupación. En muchas de mis cartas dominicales he expresado esto que comparto como necesidad de conversión real de nuestros dirigentes cristianos de la provincia a “la Persona de Jesucristo, el Señor” para que nuestra cultura sea un poco más humana y cristiana. El documento de Santo Domingo nos dice: “Cuando Jesucristo, en la encarnación, asume y expresa todo lo humano, excepto el pecado, entonces el Verbo de Dios entra en la cultura. Así, Jesucristo es la medida de todo lo humano y por lo tanto también de la cultura... Por nuestra adhesión a Cristo en el bautismo nos hemos comprometido a procurar que la fe, plenamente anunciada, pensada y vivida, llegue a hacerse cultura” (228 y 229).

Debo sincerar lamentablemente que muchas de estas situaciones que suceden a nivel dirigencial y que se van popularizando también ocurren en nuestra misma vida eclesial. No en vano hemos instalado el tema de la “comunión”, como central e indispensable en orden a encarar la evangelización en los próximos años. A veces podemos correr el riesgo de mimetizarnos con un ambiente que acentúa el consumo y el materialismo, llevando a los cristianos a un estilo individualista e indiferente a compromisos profundos y comunitarios o eclesiales.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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