Carta del Obispo de Posadas – 4to. Domingo de cuaresma – 06.03.05

 

En el Evangelio de este domingo de cuaresma (Jn. 9,1-41), el Señor después de curar al ciego de nacimiento nos dice: “He venido a este mundo para un juicio: para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven” (38). Los fariseos que buscaban la manera de condenarlo a Jesús, quedaron sumergidos en la confusión ante esta referencia que hace el Señor a “la ceguera espiritual”. Este tiempo de cuaresma es propicio para que podamos revisarnos y hagamos un buen examen de conciencia. La conversión a Jesucristo, el Señor, nos da la posibilidad de “volver a ver”. Es cierto que muchas veces nos sucede que por estar sumergidos en medio de tantas urgencias y problemas de la vida diaria no nos damos el tiempo suficiente para evaluar como vivimos nuestra condición de cristianos.

Desde ya que al realizar nuestro examen de conciencia cuaresmal deberá estar en primer lugar la manera en como nos relacionamos con Dios. De esta relación dependerá el camino de maduración de nuestra fe, manera de pensar y criterios, estilo de vida y como nos relacionamos con nuestros hermanos y con la naturaleza. Los cristianos llevamos esta denominación porque creemos en la Persona de Jesucristo y en su revelación cuidada y anunciada por la Iglesia desde hace dos mil años y expresada en el “credo” que rezamos en cada Misa dominical. “Él” es para nosotros el Camino, la Verdad y la Vida. Quizá puede parecer obvio subrayar esto, pero en una época como la nuestra donde todo está tan mezclado y confuso es necesario cada tanto volver a lo esencial. En este tiempo de cuaresma encontramos un espacio oportuno para revisar algunos temas que son constitutivos de la fe que profesamos y necesariamente repercuten en nuestro estilo de vida, criterios y sobre todo en la misma cultura que estamos generando.

Un ejemplo de la confusión mediática y ambiental se ha dado con las declaraciones del Ministro de Salud de la Nación, deseando reiteradamente la despenalización del aborto. Un tema en el que se vierten numerosas opiniones y asombrosamente, en general, no se discute sobre el “caracú” de la cuestión: la vida humana por nacer en el seno materno. Considero que hubiese sido menos grave el deseo de la despenalización del robo, que la despenalización del aborto, porque la vida humana es infinitamente superior a cualquier bien material. Debo confesar con dolor que me resulta incomprensible esta ceguera social de algunos sectores que no ven la gravedad y la violencia contra la vida humana que se da en el aborto.

En esta reflexión dominical quiero ser profundamente respetuoso de la diversidad de creencias y pensamientos. Desde ya supongo que el Ministro de Salud de la Nación no debe ser cristiano, pero me llama la atención que otros personajes de la vida política argentina que se dicen habitualmente católicos hayan salido a justificar la postura del Ministro, sin decir una palabra contra su posición pro abortista. En realidad es importante aclarar que para oponerse al aborto no es necesario ser cristiano, ni religioso, hasta un ateo militante de recta conciencia puede encontrar suficientes razones científicas para oponerse al mismo, pero a nosotros los cristianos nos revela que las rupturas entre la fe y criterios de nuestros dirigentes reclama la urgente necesidad de formación del laicado, sobre todo de aquellos que por su ubicación social están llamados a evangelizar y humanizar nuestra cultura.

En el Evangelio de este domingo el Señor habla de la ceguera espiritual. Sin lugar a dudas en medio de la confusión y de las crisis necesitamos volver a lo esencial. Solo encontrándonos con la Persona de Jesucristo y sus enseñanzas, podremos recobrar “la vista”.

Al iniciar el año quiero renovar el compromiso de acentuar las distintas instancias de formación que tenemos en nuestra Iglesia diocesana. Si no nos ubicamos en el camino del catecumenado cristiano, difícilmente podremos “ver”. La formación del laicado es una de las prioridades de nuestra Diócesis y será una de las respuestas que tendremos que dar a los desafíos pastorales de los próximos años.

En este tiempo de cuaresma encontramos la oportunidad para revisar nuestra fe y también la necesidad de formarla para que como el ciego de nacimiento podamos recobrar la vista.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

 

Mons. Juan Rubén Martínez

Cartas del Obispo
Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya
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