Jornada Mundial de las Comunicaciones
En este domingo de la Ascensión del Señor la Iglesia celebra en todo el mundo la 39ª Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales. En enero pasado nuestro recordado Papa Juan Pablo II, nos envió el mensaje para esta celebración de 2005. El tema elegido se refiere a “los medios de comunicación al servicio del entendimiento entre los pueblos”. Quiero iniciar esta reflexión tomando una parte de dicha carta que puede ayudar a nuestros comunicadores en su tarea cotidiana. En la misma señala una necesidad urgente: “Promover la unidad de la familia humana a través de la utilización de estos maravillosos recursos. Un modo importante para lograr esta meta es la educación. Los medios pueden enseñar a millones de personas cómo son otras partes del mundo y otras culturas. Por ello se han llamado acertadamente “el primer areópago del tiempo moderno, ...para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales” (R.M. 37). Un conocimiento adecuado promueve la comprensión, disipa los prejuicios y despierta el deseo de aprender más. Las imágenes, en particular, tienen la capacidad de transmitir impresiones duraderas y moldear actitudes. Enseñan a la gente a mirar a los miembros de otros grupos y naciones, ejerciendo una influencia sutil sobre si deben ser considerados como amigos o enemigos, aliados o potenciales adversarios. Cuando los demás son presentados en términos hostiles, se siembran semillas de conflicto que pueden fácilmente convertirse en violencia, guerra e incluso genocidio. En vez de construir la unidad y el entendimiento, los medios pueden ser usados para denigrar a los otros grupos sociales, étnicos y religiosos, fomentando el temor y el odio. Los responsables del estilo y del contenido de lo que se comunica tienen el grave deber de asegurar que esto no suceda. Realmente los medios tienen un potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los pueblos, rompiendo el círculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo. En palabras de San Pablo, que fueron la base del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” Rom. 12,21.” (1 - 2)
En este contexto de la jornada comunicacional y esta reflexión del Papa Juan Pablo II, no quiero dejar de tener en cuenta a los medios locales y sobre todo a los más populares a quienes agradezco su trabajo y los aliento a asumir su tarea considerando que el ser comunicadores responde a una vocación o llamado a servir al bien común y a la búsqueda de la verdad.
Creo conveniente resaltar la importancia de las comunicaciones locales radiales, televisivas o escritas. Porque, a diferencia de los grandes y poderosos multimedios, tienen un contacto profundo con nuestra realidad. Por ese motivo consideramos que son irremplazables y tienen la posibilidad de prestar un servicio más directo y real a nuestras comunidades. Hoy nadie duda del poder que maneja la comunicación social. Uno puede ser un constructor social o un destructor. No es fácil para los empresarios y trabajadores de la comunicación ser fieles a su vocación, a la verdad y al bien común en esta realidad marcada por presiones políticas y económicas, y por todo tipo de pobrezas. En este contexto el aporte del comunicador a nuestra Provincia y Patria será el superar la tentación de ligarse al que solo busca concentrar el poder y a las campañas sucias, al rating sin ética, al sensacionalismo o a todo tipo de corrupción. Quizá y esto lo he reiterado varias veces, una manera para mantener el sentido de la verdad y la ética podrá ser el crecer en la autocrítica, que lamentablemente es casi inexistente en este sector.
A veces nos encontramos con gente que tiene roles que requieren el estudio de temas sobre los cuales se opina. comenta o bien se pregunta y se nota mucha improvisación. Aparecen opiniones direccionadas sectorialmente, pasionales o desinformadas, que no aportan nada “por escasas”, dañando el importante rol que debe cumplir la comunicación en nuestra sociedad. Por el contrario un comunicador inquieto por la verdad se hace creíble y es generador de esperanza.
Por estar sumergidos en esta época marcada por la revolución de las comunicaciones y la información, debemos evaluar cómo vivimos la tarea de la comunicación social, la vocación y misión, tanto de los cristianos, como de toda persona de recta conciencia y comprometidos en este sector. Sin duda es un gran desafío vivir con esperanza este don y regalo que el Señor nos hace. De alguna manera todos los cristianos tenemos un llamado a ser comunicadores, porque todos debemos anunciar el Reino de Dios hasta los confines del mundo en esta era de la comunicación global.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez