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Se celebró el comienzo de la Pascua con una Misa
En el Auditórium del ISARM
Monseñor Juan Rubén Martínez celebró una Misa para la Comunidad Educativa del Montoya con motivo del inicio de la fiesta pascual el pasado 26 de abril en el Salón Auditórium. Se congregaron las autoridades del I.S.A.R.M. la licenciada María Eva Lescano de Borkoski, Rectora; el licenciado Rubén Stupniki, Vicerrector; el Dr. Jorge Luengo, Representante Legal y la licenciada Vilma Durán, Secretaria Académica quienes participaron junto a los Directores de Formación Inicial, Coordinadores de carreras y trayectos, docentes, personal no docente y estudiantes para la Celebración de la Eucaristía que se ofreció por la Pascua, para pedir por el presente ciclo lectivo, por el aniversario del Instituto Saint George y por el eterno descanso de la profesora Silvia Ivaciuta.
En su homilía Monseñor destacó que la Pascua es celebrar “la experiencia del amor de Dios que nos ama en concreto”. Dijo que la Pascua es un misterio experiencial en el cual celebramos el misterio de la muerte y la vida, donde la vida vence a la muerte.

Monseñor Juan Rubén Martínez presidió la Santa Misa y lo acompañaron el Presbítero Gervasio Silva, Coordinador del Trayecto Institucional; el Diácono Luis Lautharte y el Presbítero Hugo López Coord. de Cs. Sagradas.
Recordó a Juan Pablo II que hablaba de la cultura de la muerte y reflexionó acerca de muchos signos de muerte que hay en la sociedad, como la desnutrición en la niñez, las adicciones al alcoholismo y a la droga que afecta a muchos jóvenes.
La Pascua es morir a situaciones a cosas pasadas para vivir la vida nueva, “esta certeza de la esperanza que Dios nos ama, que nos tiende su mano, que nos está esperando como al hijo pródigo para darnos un abrazo y un beso esperándonos con amor… Si tomamos este camino de la vida nueva, aunque suframos muriendo a veces a cosas, tendremos en nuestro corazón el gozo, la alegría de la Pascua”, manifestó Monseñor Martínez.
También propuso repasar estas ideas en la experiencia de la vida en la cual la oferta es la alegría, la felicidad.
Reflexionó sobre cuantas cosas hoy aparentemente ofrecen alegría, “sin embargo cuando esas cosas pasan las personas quedan vacías, insatisfechas, entonces les viene la depresión”.
Recalcó “ser cristianos es un don, es lo mejor que nos pudo haber pasado, es un llamado a la alegría, a divertirnos, a vivir, quien vive la alegría la vive desde el corazón y perdura”.
Luego retomó el tema de los numerosos signos de muerte que presenta el mundo hoy, sombras, mediocridades, mafias, por estos motivos enfatizó que el mundo “necesita de hombres y mujeres que oxigenen un poco”, “hombres y mujeres con ideales, pascuales”.
Concluyó su homilía enfatizando “entonces nosotros podremos decir, porque estamos haciendo algo, porque creemos, porque tenemos esta verdadera alegría en el corazón podemos tener esperanza”.
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